lunes, 30 de septiembre de 2019

Píldoras de genio azul



Nota: Imagen propiedad de de Pixabay y de Peyo.

(¡POM, POM, POM!)

–¡Nahna, Bruja del Páramo. Abra en el nombre del rey!
–Ya va. Ya vaaa… ¡Qué prisas!
»¡Hola, Grillo! ¿Cómo tú por aquí?
–Shhhh… No me llames Grillo delante de mis hombres. Vengo como representante de Su Majestad, no como hijo de tu hijo.
–Perdone usted, Regio, Cazador de linces.
–Tampoco te pases.
–Perdonaaa… Dime qué te trae a mi humilde páramo.
–¿Esta receta es tuya?
–Un momento que me ponga los lentes...
–¿Qué nueva magia es esa?
–No es magia, tontorrón, es optometría. Veamos… «Una cola de genio azul, secada a la luz de la luna llena en la época de celo de la esfinge. Tomar la píldora resultante antes del acto procreador.»
–¿Genio azul?
–Un pitufo.
–Ahhh… ¡Bueno! ¿Es suya?
–Así es.
–Entonces tienes un problema.
–¿Por?
–El remedio, en vez de solventar ciertos problemillas del Cabeza del reino en su noche de bodas con Felipa, Bella sobre el arcoíris, digamos que ha dejado su virilidad a la altura de la grasa para lustrar botas.
–¡Imposible! Llévame inmediatamente ante Sam, Iveme por esto otro, mayordomo personal del rey.
–A estas horas estará en la taberna de Eldelbar.
–Pues vayamos al Grifo de cerveza.

*        *        *

–Dime Sam. ¿Encargaste la píldora de genio azul donde Solrak, Hijo de Carnicero, como te dije?
–No, señora.
–¿Y eso?
–Su Majestad pensó que era un carero, así que me envió ante Gúguel, El que todo lo sabe y si no se lo inventa.
–¿¡Gúguel!? ¿Me estás diciendo que ese charlatán ha hecho negocios a costa de mi trabajo?
–Pues... ¿Sí? Me vendió el mismo remedio a un precio más barato. Viene de Oriente.
»Guardé una muestra por si…
–Ya me imagino para qué. Déjame examinarla… ¡Esto es una verruga de trol coloreada con pasta de arándano! Gúguel no solo ha estafado a Su Majestad, El del puño cerrado, sino que ha agravado su dolencia. Mucho me temo que durante un buen tiempo no podrá cumplir con sus deberes maritales.
–¿Puede ayudarle?
–Habrá que cosechar la mandrágora que nazca a los pies de un ahorcado, y solo yo sé cuándo es el momento oportuno para ello.
»Estos serían mis honorarios.
–¡Qué escándalo! Su Majestad no pagará tal cantidad.
–Entonces, querido Sam, como el rey no encierre a su flamante esposa en la torre más alta del castillo ya puede ir acuñando en las monedas de su primogénito el sobrenombre de El bastardo.
»Porque La bella sobre el arcoíris tendrá un primogénito antes de final de año. No lo dudes. A diferencia de otros, ella paga de buen grado los remedios de Nahna.
–…
–¡Salud, Regio! Vente a comer este sábado. Prepararé el jabalí al Erimanto que tanto te gusta.

B.A.: 2019

Serie: Érase una vez en el Páramo


Safe Creative #1909302050654

martes, 30 de julio de 2019

Desencuentro

Nota: Imagen base extraída de Pixabay

Antes de abrir la puerta repasó una última vez el discurso por el que había recorrido media galaxia. Más que discurso, eran cinco palabras que el comité de Presentación había seleccionado tras años de estudios y discusiones: «Venimos en son de paz». Aún así, como le señaló uno de sus miembros, lo realmente importante no eran las palabras, sino la actitud. Debía mostrarse ante los nativos como alguien en quien confiar, evitando a toda costa que el miedo o la duda arraigara en sus primitivos corazones pues corría el riesgo de provocar reacciones inesperadas.
Una vez fuera de la astronave, anduvo hasta colocarse en el centro exacto de la plataforma de bajada, como estaba estudiado, y abriendo los brazos hacia la masa expectante, entonó para ellos sus aullidos, ladridos y jadeos más exquisitos, proclamando a la humanidad un sincero: «Venimos en son de paz». Y para subrayar tan excelsos deseos de buena voluntad, ofreció a los congregados una pieza de orfebrería delicadamente trabajada que simbolizaba la llave con la que los terrícolas podrían abrir las puertas de su mundo. La reacción no se hizo esperar.
–¡Es un ser de lo más agresivo, señor –transmitió al centro base el capitán del destacamento que debía cubrir el primer encuentro alienígena, subiendo el volumen de voz para imponerse a los gritos histéricos de los civiles en desbandada–. Aúlla y gruñe como un perro rabioso, y ahora nos apunta con una extraña arma!
»¡Espero órdenes!
–Fuego a discreción en tres, dos, uno…

B.A.: 2019

Safe Creative #1907301580486

jueves, 20 de junio de 2019

Un plan marciano



Nota: El Plan 9 que aparece detallado en este relato
está sacado de la película "Plan 9 del espacio exterior",
del director Ed Wood.

_________________________

Soy una taza, una tetera
una cuchara y un cucharón…

Notrom´Obb entra con aplomo en el laboratorio del científico Chua´Jos, al que pilla en pleno desarrollo de la conspiración que juntos han urdido bajo las mismas narices del Ministro de Invasión marciano.

Un plato hondo, un plato llano
un cuchillito y un tenedor…

–¿Avanzamos, doctor?
–Mucho, señor –contesta el científico tras bajar el volumen de un aparato reproductor de indiscutible procedencia terrestre–. Haremos caer a su Excelencia el señor ministro de Invasión, estoy convencido de ello.
–¡Senoj´Cox! –explota su interlocutor con desprecio–. Se llama Senoj´Cox. Olvide el protocolo cuando hable ante mí de ese usurpador. Sabe tan bien como yo que el Ministerio debía ser mío; estoy más capacitado que él para el puesto, pero Padre jamás consintió que su bastardo desplazara al legítimo heredero de los ´Cox.
»Con su ayuda, mi buen doctor, lo conseguiré.
–Me dejo la piel en ello, Excelencia.
–Aún no soy «excelente», amigo mío. Aún no… El día de la invasión a la Tierra se acerca y debemos tener un plan B sin fisuras que ofrecer al Gerifalte Máximo cuando falle el de mi hermanastro… Porque fallará. ¿Verdad, doctor?
–Estrepitosamente, señor. Nos hemos ocupado de ello.
–Resúmamelo, por favor.
Y a ello se lanza el científico, con la pedagogía propia de un profesor de la Universidad Piramidal. «El plan 9 de su Excelencia… de Senoj´Cox trata, como recordará, de la resurrección de los muertos. Consiste en disparar electrodos de largo alcance a la hipófisis de los muertos recientes, creando lo que los humanos llaman zombis.»
–Estos seres sin raciocinio, guiados por sus instintos primarios, deben aniquilar a la raza humana, facilitando nuestro asentamiento en el planeta.
–¿Y funciona? –pregunta no sin interés Notrom´Obb.
–Lamento decirle que sí. Han hecho ensayos en un lugar llamado Haití, con resultados satisfactorios. Ahora ultiman los detalles de una prueba de mayor envergadura para ejecutarla ante nuestro Gerifalte Máximo.
–¿Y qué vamos a hacer para sabotearla?
–«¿Qué hemos hecho?», sería la pregunta apropiada. Desde que supimos las bases del Plan 9, hemos saturado la cultura terrícola con toda clase de series, películas, libros y videojuegos de temática zombi, enseñándoles cómo combatirlos. Se producirán muchas bajas humanas durante la prueba, eso es inevitable, pero los terrícolas estarán física y, sobre todo, psicológicamente preparados para enfrentarse a sus muertos, venciéndolos sin mucho esfuerzo, y el Gerifalte Máximo no autorizará la ejecución global del Plan 9. Entonces querrá una segunda opinión y ahí estará usted para ofrecérselo.
La cara de satisfacción de Notrom´Obb ilumina la sala, paladeando por anticipado la caída en desgracia de su despreciable hermanastro.
–¿En qué estado se encuentra su trabajo?
–Muy avanzado. Lo más difícil ha sido encontrar un interés común para todo el planeta. Debía ser un ritmo pegadizo, acompañado de una coreografía fácil de ejecutar, algo que creímos haber conseguido con el Macarena. ¿Se acuerda? «Dale a tu cuerpo alegría Macarena, que tu cuerpo es pa'darle alegría cosa buena…» Nos equivocamos, pues hubo terrícolas inmunes a su encanto. El mismo resultado negativo obtuvimos con los siguientes temas que pusimos a prueba, como el Gangnam Style que sembramos en Corea o el más reciente Despacito, así que me pregunté: ¿Qué es aquello que no podemos ignorar por mucho que nos esforcemos? Y la respuesta me la dio una comida familiar. ¡Los niños! Ya sean padres, abuelos o tíos, los humanos, como nosotros mismos, están rodeados de niños, y a estos es fácil meterles una canción en la cabeza, siendo tan pesados que «contagiarán» con ella a todo su entorno.
»Hemos completado satisfactoriamente varios temas: Soy una taza, Chu chu ua,… Y ahora estamos desarrollando uno que se llamará Baby Shark. Mai´Mir, la importante coreógrafa, se encarga personalmente del baile que lo acompañará. Cuando el Gerifalte Máximo apruebe nuestro proyecto, que lo hará, saturaremos todo el planeta con estas canciones, las veinticuatro horas del día, alienando la voluntad del terrícola, que no podrá hacer otra cosa que cantarlas y bailarlas allí donde se encuentren. Quedarán totalmente a nuestra merced; sólo tendremos que decidir qué hacer con ocho mil millones de humanos en desenfrenado baile.
–Pero… ¿Cómo llegarán a todos los terrícolas?
–Ah. Esa es mi más genial idea –Chua´Jos sonríe con una mano sobre el pecho, exultante ante una imaginaria platea que se rinde extasiada a su prodigioso cerebro–. ¿Le suena los términos «YouTube», «Tecnoglobalización» o «5G»?
–Pues no.
–¿Quizás «Redes Sociales»?
–Tampoco.
–Bueno, le basta con saber que en unos escasos cincuenta años, algo más de la media de vida de un humano pero una minucia para la naturaleza marciana, he conseguido la conexión total, e instantánea, del planeta. Por supuesto, hay zonas tecnológicamente atrasadas, pero son las menos. Y lo mejor de todo es que los investigadores terrícolas creen que fueron ellos los responsables de tal avance. Je, je, je,… Pobres idiotas; no saben lo que se les viene encima.
El científico activa una pista en el reproductor y toda la sala se llena con un rítmico «Baby shark, doo doo doo doo doo doo. Baby shark, doo doo doo doo doo doo. Baby shark, doo doo doo doo doo doo. Baby shark!», al que el marciano acompaña uniendo sus verdes manos a la manera de mandíbulas de tiburón.
–Es un buen plan –comenta satisfecho Notrom´Obb siguiendo el ritmo con la cabeza–, sin lugar a dudas.
–Todo un plan marciano.

B.A.: 2019



Para los interesados, este es el enlace
de "Plan 9 del espacio exterior". El Plan 9
se detalla alrededor del minuto 23.

Safe Creative #1906201217195

miércoles, 29 de mayo de 2019

El soplido del lobo feroz



Imágenes extraídas de "Los tres cerditos" y de "Terminator 2".
Efectos descargados de Pixabay.com


Este relato ha conseguido la segunda plaza
en la convocatoria de mayo del Tintero de Oro.

_________________________


Había una vez tres cerditos que vivían en las profundidades del bosque. Como el lobo feroz siempre los estaba persiguiendo decidieron construir una casita en la que poder protegerse. El menor la hizo de paja, el mediano de madera y el mayor, más trabajador, de ladrillo y cemento.

–○O○–

Largo había sido el camino recorrido por George Imahara desde su Colorado natal. Al primer y único miembro de la familia Imahara nacido en los Estados Unidos, la noticia del ataque japonés a la base de Pearl Harbor le había sorprendido ejerciendo su trabajo de repartidor en la farmacia del señor Kobayashi. Contaba entonces dieciséis años, y era huérfano de padres desde hacía solo dos.
–Preveo malos tiempos para todos nosotros –comentó con desasosiego Noriyuki Mochida, el más anciano de los clientes allí congregados.
–¿Por qué dice eso, señor? –le preguntó extrañado el joven Imahara–. Nada tenemos que ver con el ataque.
»Además, ya somos muchos los que hemos nacido en los Estados Unidos, ciudadanos por derecho de nacimiento.
–¿Tan seguro estás, joven? ¿De verdad crees que tus «compatriotas» van a ver la diferencia entre unos ojos rasgados y otros.
»Hazle caso a este viejo loco; la vida se va a poner muy fea para los nuestros, más si cabe para los que vivimos tan cerca del Océano Pacífico y de la Marina Imperial Japonesa. Se nos acusará de traidores, y sufriremos las consecuencias. Huye al interior del país si tienes la posibilidad, aunque lo más sensato sería retornar a Japón y buscar abrigo entre los familiares que dejamos allí.
Al anciano no le faltaba razón. Las muestras de rechazo hacia todo lo japonés comenzaron a las pocas horas del ataque a la base americana, auspiciadas por el propio Gobierno, en una imparable escalada de odio que culminaría meses después con la Orden Ejecutiva 9066, firmada de puño y letra del presidente Roosevelt, por la que todos los japoneses residentes en los Estados Unidos debían ser confinados en campos de concentración llevando consigo una sola maleta en la que transportar los escombros de su sueño americano.

–○O○–

–Déjame entrar, cerdito –dijo el lobo–. No voy a hacerte daño...
–¡Ni pensarlo malvado lobo! –respondió el cerdito sintiéndose protegido tras los muros de paja.
–¡Pues entonces soplaré y soplaré y la casa derribaré!
Y el lobo empezó a soplar, y a soplar, y lo hizo con tanta fuerza que la débil casita se vino abajo.

–○O○–

Solo como estaba, sin familiar alguno al que recurrir en toda Norteamérica, George decidió seguir el consejo del profético anciano y huir hacia la relativa protección que suponía el nutrido grupo de los Imahara allá en la lejana Japón, queriendo el destino que consiguiera escapar antes de la promulgación de la injusta ley. El recelo hacia los japoneses nacidos en los Estados Unidos aún no había arraigado en el país nipón, y para cuando empezó la persecución de todos ellos, George ya ocultaba su peligroso origen en la ciudad de Hiroshima, una gota de lluvia diluida en un mar de cuatrocientas mil almas. Allí, asentado en una granja familiar a las afueras de la ciudad, encontraría el amor en la joven lugareña llamada Kaiyo.

–○O○–

–¡Soplaré y soplaré y la casa derribaré!
Y el lobo empezó a soplar, y a soplar, pero esta vez le costó mucho más trabajo derribar la casita. Los dos cerditos salieron como bien pudieron de entre los tablones de madera, huyendo en dirección a la casa del hermano mayor.

–○O○–

Las sirenas anunciaron un nuevo ataque aéreo. George, al que todos en el barrio conocían con el falso nombre de Fujita, buscó refugio en las entrañas de un colegio cercano, dejando la bicicleta con la que repartía los frutos de su trabajo en el campo olvidada de cualquier manera en la calle. Con el corazón ligero pues no temía por la vida de su esposa, protegida por la distancia a la que se encontraba la granja, el joven intentó consolar el profundo terror que sentían los escolares con él recluidos, asustados como los tres cerditos de aquel cortometraje animado que disfrutara en una de las pocas veces que había pisado un cine en su infancia estadounidense, tan lejana ya en el espacio y en el tiempo. Y a la narración del cuento se lanzó el joven, ahuyentando lentamente el miedo de los niños con su templada voz. «El lobo, incapaz de echar abajo con sus soplidos la casa de ladrillo, decidió entrar en ella a través de la chimenea –contaba a su atenta audiencia–, sin saber que el hermano mayor, conociendo sus intenciones, había puesto al fuego un caldero con agua.»
–¿Resistirá el colegio, señor? –interrumpió el relato uno de los pequeños.
–¡Claro que sí! –respondió George con una seguridad que no sentía en absoluto–. Estas paredes fueron construidas por el más trabajador de los tres cerditos.
»¿No os lo había dicho?
Perfilándose en el azul de una mañana totalmente despejada, el bombardero Enola Gay sobrevolaba en ese instante el cielo sobre la isla de Shikoku en torno a los nueve mil quinientos metros de altitud. Eran las ocho y nueve minutos del 6 de agosto de 1945, y en sus entrañas transportaba el soplido del lobo feroz.

–○O○–

Los dos cerditos aprendieron la lección, y con gran felicidad se pusieron a cantar:
¿Quién teme al lobo feroz?
Al lobo, al lobo…
¿Quién teme al lobo feroz?

B.A.: 2019





Safe Creative #1905291017135

martes, 23 de abril de 2019

Space cowgirl



Homenaje a Beatriz Fontana,
space cowgirl patria de la serie Diego Valor.

Los científicos aseguraban que no soñaríamos durante el hipersueño. Se equivocaron, como en tantas otras cosas, y durante ciento catorce años mis pensamientos han vuelto una y otra vez a ti, Álex, a tu rostro surcado de lágrimas aquel lejano 26 de octubre, cuando un «Por favor, mami, no te vayas» apenas susurrado traspasó mi alma partiéndola en dos. Hace mucho que habrás muerto, nadie vive eternamente, y yo me aferro a esta misión para no perder la cordura, consciente de que nunca más volveré a sentir tu cálido cuerpo entre mis brazos, ni a oír las risas soterradas que eras incapaz de contener cuando jugábamos al escondite en casa de los abuelos. Mi pequeño Álex. Mi amor. Cuánto te echo de menos, cariño mío.
El viaje exploratorio al planeta Tellus, en el que la moribunda Tierra había puesto todas sus esperanzas, debía durar poco menos de dos años, pero algo salió mal y la Fénix nos ha despertado huérfanos de todo aquello de lo que nos despedimos, incapaces de contactar con los sucesores de los que organizaron esta misión, si los hubiera, un shock difícil de asimilar que ya se ha cobrado la vida de dos de nuestros compañeros de infortunio y mermado la razón al resto. Afortunadamente, los víveres han aguantado bien en las cámaras frigoríficas, aunque la tortilla ha pasado a ser un mazacote de huevo que hace cabrear al bueno de Badejo, nuestro abnegado capitán. Entre bocado y bocado a esa masa insípida, menta a la madre del que dijo que aquello era una tortilla –«Omelette» afirma optimista el envase plástico–, haciéndonos olvidar con sus histriónicas salidas de tono el dolor que lacera nuestros corazones, aunque solo sea por unos instantes. Yo le paso un panecillo untado en queso, con olor a pomada antihemorroidal, y él lo devora de una dentellada, ñam, como un perro famélico, arrancándonos una nueva carcajada. No tengo palabras para agradecer a Control que lo pusiera al mando de la misión; Badejo sabe que debe mantener lo que queda de su tripulación lo más entera posible y a ello se entrega con la pasión de un buen líder.
Nos acercamos a Tellus a velocidad de crucero. Con el planeta centrado en el ventanal rectangular del mirador panorámico, semejante a un zafiro rutilante que nadara solitario entre las estrellas, mis pensamientos vuelven a ti, Álex, haciéndome desesperar. Lloro desconsolada ante la fotografía que te hice antes de partir, sonriente tras la tarta de tu tercer cumpleaños, y soy yo la que ahora sopla sus velas deseando que tuvieras una vida plena y feliz. Y rezo. Sí, también rezo. Rezo egoísta a un dios en el que nunca creí para que en tu lecho de muerte perdonaras la ausencia de tu madre, pues todo lo hice para conseguirte un futuro mejor.
Bip, bip. Me llega un mensaje urgente de la piloto Ferro; acaban de encontrar muerto al capitán. Se ha cortado las venas en el baño comunitario y en su carta de despedida me pide perdón por pasarme el mando de la Fénix. ¡Qué considerado el muy cabrón! En contra de lo que opina la mayoría de la que ahora es mi tripulación, vamos a completar el estudio del planeta Tellus. No es que me importe saber si realmente es apto para la vida humana, máxime cuando puede que a nuestro regreso a la Tierra no quede nadie en ella a quien entregarle los resultados que llevaremos con nosotros, pero he de darle un sentido a la causa de tu pérdida, mi querido Álex. Solo así mi alma torturada descansará; solo entonces podré reunirme contigo sin apartar la mirada.
Te veré pronto, cariño mío.

B.A.: 2.019

Safe Creative #1904230722987