viernes, 14 de enero de 2022

A las puertas de Yavin 4



Nota: El texto de la introducción está contabilizado para que todo el conjunto no supere las 250 palabras.


Una fuerte sacudida hizo cimbrar los vasos. «Hemos salido del hiperespacio», se dijo Yomane Suit mientras servía una cerveza Agárica al soldado de asalto identificado como THX-1138. Desde que empezara a trabajar en la estación eran ya muchos los viajes realizados a hipervelocidad. ¿A cuánto se hallaría de su Alderaan natal?

El Imperio no le gustaba especialmente pero aquel era un buen trabajo. Su férrea disciplina evitaba cualquier altercado de los muchos que solían producirse entre los aficionados al agua Elba o al llamado Aliento de Soldado, y el sueldo estaba bastante bien.

«Luke». El nombre le vino repentinamente a la cabeza. Hacía tiempo que no tenía una de sus… «visiones». Por lo general le avisaban de algo aunque nunca de forma clara. Su abuela materna defendía que era una característica de unos hechiceros legendarios llamados jedis. ¿Acaso él era uno de ellos? ¡Anda ya! Y aún así, la picazón se hacía cada vez más intensa, como si el tal Luke viniera hacia ellos con no buenas intenciones.

 

B.A.: 2022

  

Bueno, hasta aquí mi relato fan. He de confesaros que he hecho algo de trampa. David nos propuso escribir un microrrelato con nuestro personaje de ficción favorito pero yo he querido abarcar un poco más y reinterpretar el momento por el cual la saga Star Wars será siempre recordada, aquel en que Luke Skywalker, junto con un puñado de intrépidos pilotos rebeldes, se enfrenta en desesperada batalla a la temible Estrella de la Muerte. No conforme con eso, he dado una nueva vuelta de tuerca para preguntarme cómo se vería la destrucción de la estación de batalla desde la otra trinchera. ¿Tendríamos que hablar de «daños colaterales»? Juzguen ustedes mismos.

El personaje del cantinero Yomane Suit es totalmente inventado (aunque inspirado en el cameo que hizo el compositor John Williams en el episodio IX de la saga), no así el del soldado de asalto THX-1138, al que he querido alargarle un poco la vida respecto a la obra original (sólo un poco, teniendo en cuenta el fin de la Estrella de la Muerte). Tengo algunos datos curiosos sobre él para quien tenga curiosidad.

¿Por qué un relato fan sobre Star Wars? Creo que todos en la comunidad saben de mi pasión por la saga galáctica. Star Wars me ha acompañado durante toda mi vida. Me emociona y entretiene a partes iguales, recurriendo a ella cuando busco inspiración. No por nada, es uno de los pilares claves de  mi space opera Érase una vez en Rebis.

Espero no haber sido muy cansino.


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lunes, 27 de diciembre de 2021

Misterio de Navidad

 


Nota: Desde la página web Zenda, nos invitan a participar en el concurso navideño de cuentos. Aprovecho la convocatoria fuera del concurso del Tintero de Oro para presentar mi propuesta a Zenda, invitando a la comunidad a probar suerte. Dejo las bases en el siguiente enlace: 

https://foro.zendalibros.com/forums/topic/sexto-concurso-de-cuentos-de-navidad/?utm_campaign=20211217&utm_medium=email&utm_source=newsletter

––––––––––––––––––––––––––––––

Santa no podía dormir. Por lo general era de los que caían dormidos sobre la almohada para no abrir los ojos hasta el alba, pero cuando se acercaba el mes de noviembre sufría en sus carnes el mal del desvelo. En esos casos se levantaba sigiloso de la cama pues su esposa era de sueño ligero y ya en el taller, con una taza de chocolate humeante ante él, trabajar en el tallado de una nueva locomotora de juguete.

La señora Claus conocía la causa de su insomnio. Desde hacía ocho años el genio de la ilusión recibía a principios de noviembre una carta en la que un niño llamado Miguel Abadejo le pedía con letra grande y redondeada una locomotora de madera. Hasta ahí todo normal en una vida tan especial como la de Santa Claus, si se dejaba de lado lo temprano de la petición. El quebradero de cabeza surgía porque el ruego no iba acompañado de dirección alguna donde entregar el regalo. ¡Ni siquiera el nombre le aparecía a Santa en su libro de los niños del mundo! Y mientras tanto las locomotoras sin entregar acumulaban polvo en uno de los estantes del taller, molesto recuerdo de una petición no satisfecha.

 

—Querido. Acaba de llegar la carta pero...

—¿¡Pero…!?

Aquello se salía de la norma. Jamás en todos esos años había habido motivos para un «pero» y con emoción contenida, no exenta de una buena pizca de incredulidad, Santa cogió la carta que le alargara su esposa. ¡Por fin! Sobre su blanca superficie, bajo un sello por donde se asomaba la soprano Montserrat Caballé, una mano de mujer había escrito una dirección con el código postal del pequeño municipio de Alcalá del Abacoa, en la comarca de Los Alcores. El enigma estaba a unos pocos miles de kilómetros de ser descifrado.

—Querida. Como no querrás quedarte esperando noticias...

—¡Faltaría más!

—...vamos a necesitar unas ropas menos llamativas y una nueva identidad.

—Siempre quise llamarme Martta.

—¿No te gusta tu nombre?

—En absoluto.

—A mí sin embargo me resulta muy… atractivo.

—¡Anda ya, vejestorio! Prepara el trineo mientras yo voy a buscar las ropas. Y ve pensando qué vas a hacer con la barba.

—¿Con la barba?

 

—Así es. Miguel es residente nuestro desde que su hija María nos confió su cuidado, hace ya varios meses.

Silvia Justo, directora de la residencia Otoño dorado, atendía curiosa a la extraña pareja de ancianos. Tras presentarse como Niklas y Martta, responsables de comunicación de Santa Claus Village, el pueblo navideño levantado en Finlandia, le habían preguntado en un español cargado de acento por el misterioso Miguel.

—Entonces nos hallamos ante un lamentable error —afirmó desolado Santa—. Nosotros buscamos un niño de unos catorce años.

—En mi experiencia como madre de dos adolescentes, creo que «niño» no es la palabra más adecuada para esas edades.

—En mi experiencia como…  responsable de comunicación, la infancia perdura hasta en las madres de dos adolescentes —respondió el anciano, su afilada mirada fija en los ojos de la directora, quien sintió cómo ilusiones que creía olvidadas se removían en su interior como gatitos recién despiertos.

—Miguel Abadejo, dicen.

—Exacto. Tenemos una carta suya.

—¿Puedo…?

—Por favor.

Querido Santa —leyó Silvia en voz alta—. Este año me he portado muy bien y me gustaría que me trajeras un tren de madera. Te quiere, Miguel. Es la letra de nuestro Miguel, sin duda.

—¿Pero cómo puede ser? ¿Podríamos hablar con él?

—Aunque tuviera el consentimiento de su hija, Miguel hace mucho que vive encerrado en su propio mundo interior. En ocasiones le da por escribir, por eso he reconocido la letra. Lo que no puedo explicar es cómo ha llegado esta carta hasta ustedes.

»Quizás Paloma, la enfermera que lo asiste, pueda ayudarnos. Si me disculpan.

Una joven de pelo oscuro y rostro redondeado acudió a la llamada de la directora. La pobre chica se puso lívida cuando Silvia le explicó la razón de la presencia de aquellos dos extraños.

—Fui yo quien la envió. ¿Han venido desde tan lejos por mi culpa?

—No debes preocuparte, querida. Estamos de vacaciones y nos pillaba de paso —improvisó la señora Claus para tranquilidad de la desolada joven—. No buscamos culpables, solo resolver un misterio.

Paloma explicó cómo a finales de octubre encontró tan entrañable carta en el cuarto del anciano. Tras comentárselo a su hija María, quien recordó cartas similares durante los últimos años que Miguel vivió con ella, no creyó hacer mal alguno si la enviaba, escribiendo en el remite la dirección de la residencia.

—Parece ser un recuerdo relacionado con su infancia, de cuando le pidió a Papá Noel un juguete que no le trajeron los Reyes Magos.

—¿Siempre en octubre? —preguntó Santa.

—Eso es.

—¿Por qué octubre?

—Imposible saberlo.

Tras la relevación todos guardaron un triste silencio.

—Miguel tiene mucha suerte de tenerte a su lado, querida —afirmó Santa—. Bueno, señora Cla... Martta, debemos irnos. Ya hemos molestado bastante a estas jóvenes.

—Por supuesto, Niklas. Les agradecemos enormemente su ayuda.

—¿Querrían ver a Miguel? —ofreció la directora tras pensarlo unos segundos—. Creo que a María no le parecería mal, dadas las circunstancias.

El anciano nunca tuvo conocimiento de la visita del matrimonio Claus, sumido como estaba en su mundo de ensoñaciones, pero aquella Navidad el abeto de la residencia Otoño dorado amaneció misteriosamente con un pequeño tren de madera para Miguel. 

 

B.A.: 2021

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sábado, 11 de diciembre de 2021

En busca de Santa

 

Nota: Las palabras contenidas en las cartas que se ven más abajo están contabilizadas para que el relato no supere el máximo de 900. Por otro lado, al final del relato hay un dramatis personae donde se pueden consultar información sobre los personajes implicados.

 

––––––––––––––––––––––––––––

–Eres un egoísta, Noel.

Gaspar acompañó el reproche apuntando a la oronda figura con el índice de la diestra pero al anciano la pose de tipo duro de Su Majestad no le impresionó en absoluto. Muy al contrario, respondió a Gaspar con un «Llámame Claus, es más popular» que al otro tiñó la cara de un rojo tan vivo como el color de su espeso pelo.

–Dejémonos de tonterías –cortó de raíz Melchor–. Hemos venido para hacerte entrar en razón, Claus. El mundo te necesita. ¡Los niños te necesitan!

–¡Paparruchas! Los niños sólo necesitan el nuevo videojuego de la saga Zomblince o un teléfono móvil para subir sus gracietas a Tik Tok. En cuanto al resto del mundo, puede meterse sus necesidades por…

–¡¡Claus!! –exclamó su mujer escandalizada.

–Perdona, querida.

–Menudo cabezota –dijo Olentzero sin apartar la vista del fuego que ardía en la chimenea.

–Mira quién fue a hablar.

Un incómodo silencio cayó sobre los presentes. La estancia estaba tan caldeada que los tres Reyes se despojaron de sus pesadas capas para dejarlas en los solícitos brazos de la señora Claus. «¿Les apetece un refresquito? ¿Un Jerez, quizás?», ofreció a sus invitados mientras cortaba unas buenas porciones de bizcocho casero con la ayuda del ruso Ded Moroz.

–Déjate de meriendas, querida. La visita ya se marcha.

–Deja tú de refunfuñar. ¿Dónde están tus modales? Habrase visto…

»¿Le traigo un zumo de zanahorias, señor Conejo?

–Con el Jerez me apaño bien, gracias –respondió el genio de la Pascua dando buena cuenta de su copita.

La tensión se disipó rápidamente, en buena medida gracias a la hospitalidad de la dueña de la casa. Los tres Reyes departían con la bruja Befana mientras el Ratón Pérez y el Hada de los Dientes examinaban curiosos la colección de figuritas de la señora Claus, todas ellas representaciones de su marido en las poses más curiosas.

–Esto es un caganer –comentaba sobre una figurilla que representaba a Santa Claus en el momento de hacer de vientre–. Una tradición de tierras catalanas.

»¿No queda Cataluña cerca de donde usted vive? –preguntó mirando la robusta figura de Olentzero, carbonero de profesión.

–Sí, señora, pero no suelo ir mucho por allí, la verdad. Esa zona es del tió de Nadal. También de su esposo y de Sus Majestades los Reyes.

–Qué curioso.

–¡Basta de cháchara! –explotó Claus ante tan buen ambiente–. Santa Claus ya no existe para el mundo así que terminad vuestras bebidas y largaos de una maldita vez.

–Claus. Recapacita, por favor –suplicó Baltasar con su voz grave–. No sabes el daño que estás haciendo.

–¿A qué viene este alarmismo? No llevamos regalos a nadie. ¡Son las familias y los allegados quienes se encargan de comprarlos!

–Somos quienes revestimos esos burdos objetos de brillante ilusión –explicó con dulzura Befana–. Sin nosotros no serían más que… cosas.

–Además, creo que es necesario hacer una puntualización –dijo Pérez alzando su garrita derecha en demanda de turno–. En muchas ocasiones, cuando la familia no tiene recursos, sí llevamos regalos. ¿O acaso has olvidado para quién tallas esos bellos juguetes de madera en tu taller?

–Hace años que no lo hago y no ha pasado nada.

–No ha pasado nada porque tanto nosotros, como aquellos que faltan hoy aquí, hemos hecho tu parte.

–No sé qué decir.

–¡Por fin conseguimos callarte! –aplaudió jubiloso Melchor–. Y si sigues sin estar convencido quizás estas misivas lo hagan.

–¿Con más peticiones me queréis disuadir?

–Lee de una vez –estalló Gaspar.

Con las gafas que le alargara su esposa bien ancladas sobre el puente de la nariz, el desconfiado Claus se dispuso a leer la primera de una gran pila de cartas recopiladas y traídas hasta Laponia por sus compañeros genios.

 

 

–¿Qué es esto?

–Son tus niños –explicó Befana a punto de romper a llorar–. Tuvieron sus regalos, ¡por supuesto que los tuvieron, esa es la magia de la Navidad!, pero son listos y notaron tu ausencia.

»Sigue leyendo, por favor.

 


 


Y así, en todas y cada una de las cartas, desde los más dispares lugares y encomendándose a su genio de la ilusión, los niños del mundo pedían como una sola voz el retorno de Santa Claus.

Ante tanto cariño recibido el viejo testarudo lloró un auténtico río de felicidad, emborronando las cartas que atesoraba entre sus manos crispadas. De repente, para su sorpresa, los papeles quedaron limpios de peticiones y mostraron en su lugar apresurados mensajes de agradecimiento. En el corazón de los demandantes una súbita calidez les había avisado de la buena nueva, dejando inmediatamente cuanto tenían entre manos para dar las gracias a sus benefactores.

–No tenía ni idea…

–Eso ya no importa –dijo Gaspar visiblemente emocionado–. Lo importante es que has vuelto con nosotros.

–Muchas gracias, Gaspar. Muchas gracias a todos, de corazón… ¿Señora Claus?

–¿Sí, querido?

»Zafarrancho de combate. La cuenta atrás para el retorno de Santa Claus ha comenzado; tenemos un saco repleto de ilusión que repartir la próxima Navidad. ¡¡Ho, ho, ho!!

(899 palabras)

 

B.A.: 2021

 

Dramatis personae (para quien no quiera recurrir a la Wikipedia)

 

Los tres Reyes Magos: Según la tradición cristiana, nombre de los tres sabios de Oriente (Melchor, Gaspar y Baltasar) que rindieron homenaje al recién nacido Jesús de Nazaret llevándole oro, incienso y mirra como regalo. Se celebra su llegada en la noche del 5 al 6 de enero.

Santa Claus (Papá Noel, San Nicolás,…): Personaje legendario que según la cultura occidental trae regalos a los niños por Navidad. La tradición cuenta que vive en Laponia junto a su esposa, la señora Claus.

Olentzero: Personaje de la tradición navideña vasca, carbonero de profesión, que trae regalos a los niños el día de Navidad en el área de Navarra y el País Vasco, así como en el País Vasco francés.

Bruja Befana: Figura del folclore italiano que reparte regalos durante las fiestas navideñas. Un cuento popular dice que ayudó a los tres Reyes Magos a encontrar el camino a Belén.

Ded Moroz: Figura de la tradición eslava recuperada a comienzos de siglo para ocupar el lugar de Santa Claus.

Tió de Nadal: Tradición navideña catalana. Su versión más extendida consiste en coger un tronco al inicio de Adviento para darle calor y comida. En Nochebuena los niños lo golpean con bastones para que cague regalos y dulces.

Ratón Pérez: Personaje fantástico que se encarga de recoger los dientes que se les caen a los niños para cambiárselos por dulces, monedas u otros regalos.

Hada de los dientes: Personaje similar al Ratón Pérez propio de la cultura occidental de habla inglesa.

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viernes, 12 de noviembre de 2021

Sin atenuantes

 


En un país cualquiera. En la guerra de siempre.

 

Corrían por el barrio toda clase de rumores sobre él, malsano pasatiempo éste de la maledicencia fomentado quién sabe si por su cara marcada a navaja o por pecar de mirada huidiza: que si fue condenado por asesinato; que si era un traidor del bando enemigo; que si le gustaban los niños; que si… Yo contaba por aquel entonces diez años. Era impresionable e imaginativo, y cuando de la noche a la mañana desapareció mi amigo Manu junto a toda su familia mis pensamientos volaron ineludiblemente hacia Caracortada, como lo bauticé un día nada inspirado.

Instigado por la imagen de mis héroes de cartón piedra sentí la súbita necesidad de buscar venganza y así, sin vacilación alguna, me presenté en comisaría a fin de denunciarlo. El insano ambiente de guerra, tan proclive a buscar traidores y espías bajo las piedras, contribuyó a que me tomaran en serio en vez de despedirme con un capón y el tipejo fue ejecutado tras un juicio sumarísimo.

Mucho tiempo después me sorprendió ver a mi desaparecido amigo en un reportaje sobre aquellos tumultuosos años. Resultó que Caracortada formaba parte del movimiento clandestino que ayudaba a los perseguidos por el gobierno militar a ponerse a salvo al otro lado de la frontera, siendo la familia de Manu su última misión.

Mis buenas intenciones no atenúan el delito cometido. Soy culpable de la muerte de Caracortada y pagaré por ello hasta el fin de mis días.

 

B.A.: 2021


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lunes, 11 de octubre de 2021

El estudio del Dr. Melvin

 


–Bueno. A ver cómo se comportan hoy las musas.

–¿Musas? ¿Hay más yo?

–Es una forma de hablar, muchacho. Ya nos conoces.

–Yo conozco tú. Sólo.

–Tampoco nos diferenciamos mucho los unos de otros. ¿Empezamos?

La criatura clava aterrada sus ahuevados ojos en el hombre cubierto con una bata que en tiempos lejanos fue blanca, lienzo donde incontables manchurrones rojos y ocres dibujan una obra abstracta de tintes siniestros. Canturreando por lo bajini una tonadilla de moda, acompañamiento musical de la marca de refrescos Tombolina, el hombre prepara los útiles necesarios para la jornada en ciernes, con la esperanza de que sea fructífera. «¿Empezamos?», vuelve a preguntar al ser, inmovilizado por decenas de correajes a la plancha de acero pulido donde yace desde no sabría decir cuándo. A través de un suero intravenoso le llegan gota a gota los nutrientes indispensables para la subsistencia y desde su informe cabeza parten decenas de electrodos que se pierden en las entrañas de diversos aparatos electrónicos.

–¡FAVOR PARARRR…! –grita el ser nada más iniciado el proceso de extracción pues resulta altamente doloroso–. ¡¡PARAR TUUU…!!

–Relájate, muchacho, o será peor –le aconseja el hombre sin dejar de juguetear con los mandos de un aparato de televisión de aspecto casero. Neurocientífico de profesión, vinculado desde sus orígenes al programa Correcaminos para el estudio de la naturaleza extraterrestre, al doctor Melvin se le da bastante bien la tecnología, siendo de su invención la mayoría de los aparatos allí expuestos. Aún así, para su fastidio y hartazgo, no consigue eliminar las interferencias que llenan la pantalla.

–¡Hicimos un trato! –le reprocha el doctor tras abortar la extracción, el índice amenazante como el cañón de una pistola amartillada–. Yo te liberaba si tú me dabas lo que necesito, y últimamente no hallo en ti colaboración alguna.

»¿Acaso quieres disgustarme? ¿Crees que no te denunciaría?

–No importa mi.

–¿Serás desagradecido? –casi escupe el doctor a pocos centímetros de la cara del prisionero, a suficiente distancia para que no le alcance con sus mandíbulas en forma de pico como ya ocurriera en una ocasión anterior, al inicio del programa, cuando a punto estuvo de perder parte de la nariz–. Creo que es hora de recordarte nuestras particulares técnicas de estudio.

 Sin atender las súplicas de quien respondiera en otro tiempo al nombre de Bleqqs-Prut, el hombre pulsa el botón de Play de un reproductor de vídeo, llenando cuanta pantalla se halla encendida con lo que parece una película snuff de tema fantástico. Atados a sendas mesas de mármol blanco dos seres de fisonomía pulpoide, congéneres sin atisbo de duda del horrorizado cautivo, son estudiados por una serie de individuos ataviados con equipo médico que cortan aquí, punzan allá, no siempre con el «paciente» misericordiosamente sedado. Las imágenes tienen el volumen en silencio y aún así es tangible el dolor sufrido por los dos especímenes, desnudos y expuestos como meros animales en un laboratorio de investigación.

–Estas grabaciones se han realizado hoy mismo. Tiene escenas realmente deliciosas.

–¡¡NOOO…!! –grita el ser, y su sufrimiento se debe más a la empatía que siente hacia sus compañeros de viaje que a la posibilidad de sufrir semejante crueldad–. ¡Parar, favor!

–¡Si ahora viene lo mejor! A nuestro amigo de la izquierda… –«Blaiqs-Pude –se dice el ser, recordando los bellos momentos vividos junto a su amigo y pareja en aquella aventura que fuera el reconocimiento del planeta azul donde hallarían tanto infortunio–. Se llama Blaiqs-Pude, ¡mil veces seas maldito!, y tiene la voz cristalina como las aguas del lago Glensfuldu».

»…y al otro le van a abrir en dos su blandurria cabeza con el escalpelo láser. Si te fijas bien verás cómo…

–¡FAVORRR…! Haré todo.

–Por supuesto que lo harás.

El despreciable hombre tarda un poco más de lo necesario en detener la reproducción, regodeándose en el sufrimiento del cautivo cuando ve cómo el cerebro de su compañero es expuesto a la luz de los focos entre indescriptibles dolores.

–No debería ser tan considerado. ¿Acaso no fui yo quien se la jugó para sacarte de allí? Y desde entonces te he protegido y alimentado. Limpio tus excrementos. ¡Incluso te he enseñado nuestro idioma para que puedas hacerme partícipe de tus necesidades! A cambio sólo quiero plasmar en mis lienzos cuantos recuerdos y sueños poseas. Gracias a mí, la memoria de tu pueblo vivirá eternamente. Consuélate pensando en ello.

–¿Y ciencia tuya?

–¿Quién quiere ser un siervo anónimo al servicio de la ciencia cuando tiene en su mano la posibilidad de convertirse en el mayor artista de los últimos tiempos? Y que conste que lo dicen los que saben, no yo.

»¿Seguimos entonces?

El dolor vuelve a aguijonear el musculoso cuerpo del que una vez amó a quien tenía la voz clara como las aguas del Glensfuldu. De su cerebro convulsionado es extraído un tsunami de señales eléctricas que toman forma en las pantallas gracias a la tecnología diseñada por el neurocientífico, siendo aquellas imágenes imposibles de colores nunca antes vistos por el ojo humano que la mano experta del doctor reproduce con fidelidad sobre una docena de lienzos.

–¡Qué maravilla! ¡Qué formas, qué colores…! ¡Qué mundo el tuyo, amigo mío!

Gotas de tinta negra cubre el cuerpo de Bleqqs-Prut cuando es sacudido por una violenta descarga. «Un día, hermanos míos matarán vosotros», profetiza la criatura con sus últimas migajas de fuerza.

–Posiblemente, muchacho, y les deseo lo mejor. Hasta entonces...

 

B.A.: 2021

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