miércoles, 26 de julio de 2017

Flores para Camden Square


Este relato forma parte del libro recopilatorio 66 relatos compulsivos, resultado del gran esfuerzo realizado por Sue Celentano desde su comunidad Relatos compulsivos.

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Siempre tomo el metro en la estación de Bayswater para ir a Camden. Tengo formas más directas de llegar allí desde mi pequeño apartamento de alquiler en Queensway, lo sé, pero en King´s Cross hago transbordo en la línea de autobús 390, y el hormigueo incesante y cosmopolita de la estación es un espectáculo que siempre me gusta disfrutar. 
Adormecido por el vaivén del vagón, rememoro el trayecto que hice junto a Ana hace apenas seis años, cuando la noticia del fallecimiento de su ídolo Amy Winehouse hizo que saliera de estampida con su oso de peluche preferido en una mano y un poema escrito a toda prisa en la otra, rumbo al número 30 de Camden Square donde se agrupaban los seguidores de la cantante para un último adiós. Durante el camino no dejó de corregir las palabras escritas en un papel cada vez más arrugado y húmedo de lágrimas, ya fuera apoyada en mi espalda o sobre sus piernas cruzadas cuando al fin conseguimos un sitio donde sentarnos en plena hora punta y yo sólo podía pensar, malhumorado y culpable a partes iguales, si recibiría el mismo tratamiento en caso de ser mi cuerpo el que hubiera aparecido muerto aquel 23 de julio. ¿Quién me iba a decir que Ana seguiría los pasos de la diva caída pocos meses después? Con el cuerpo de mi amada descansando en el cementerio de San Fernando, a tantos kilómetros del futuro que conseguimos labrarnos tan lejos de una Sevilla sin oportunidades, el epicentro del peregrinaje de los seguidores de Amy siempre me ha servido de lápida en la que llorar su pérdida, acunado por las canciones que grupos de fieles entonan ante el muro de flores, cartas y peluches que cubre las verjas del parque en honor a la diosa del soul.
En King's Cross dejo la línea amarilla de metro y me dirijo a la parada de autobús. La espectacular fachada de St. Pancras me lleva de nuevo a Ana, a la fotografía que le hice ante el andén 9 3/4 la primera Navidad que pasamos en Londres, guapísima con la bufanda que se tejió a franjas rojas y doradas, los colores de la casa de Gryffindor, toda llena de hilos sueltos y nudos. Y es que Londres entero está impregnado de su aliento y de los recuerdos de mi vida junto a ella, y por eso es tan difícil el paso que estoy a punto de dar; esa es la razón de haber pospuesto durante tanto tiempo una última visita a Camden y por la que me he dejado medio sueldo del mes en un ramo de rosas que tantas sonrisas y codazos cómplices provoca entre mis compañeros de viaje.
Ya en el parque, un grupo de seguidoras de la cantante, todas con inmensos rabillos enmarcando sus ojos adolescentes e imposibles peinados retando al cielo de Londres, entonan estrofas de Back to black a voz en grito. «We only said googbye with words, i died a hundred times...», cantan con sorprendente buena voz, parando el concierto improvisado para dedicarme un caluroso recibimiento cargado de aplausos y silbidos cuando me ven aparecer con el espectacular ramo de rosas. Pero las flores no son para Amy, sino para Ana, olorosa ofrenda con la que rogar el perdón por la traición cometida, aunque en el último segundo extraigo la rosa más bonita de todo el ramo y dejo el resto ante una de las fotografías de la diva. Ana así lo hubiera querido.
Cariño. He conocido a alguien… Creo que la quiero.
»Me gustaría intentarlo.


B.A.: 2.017


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sábado, 15 de julio de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 15. Los nanobots



Resumen: Rebis se despide... hasta septiembre. Y para celebrar la llegada de las vacaciones, nada mejor que un nuevo capítulo y una promesa cumplida: os dejo el enlace para que podáis descargaros los 15 primeros capítulos de esta space opera en formato epub. Ni que decir tiene que si encontráis algo problema con el archivo o la descarga me lo indiquéis para que lo pueda resolver lo antes posible.



Y ahora el nuevo capítulo. Buen verano.

Resumen de los capítulos anteriores: La orden para el uso de los nanobots ya ha sido firmada, pero antes de poner en ejecución el operativo, Samuel debe dejar constancia en un informe las razones de tan drástica decisión.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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La estación tenía problemas de plagas. Como ya ocurriera en la Santa María o en el Mayflower, toda suerte de fauna emigrante había viajado escondida en los vehículos de enlace con la Tierra para hacer de Rebis su hogar de acogida.
De entre todas ellas destacaban los «bicheros», la especie autóctona de la era espacial, insectos así llamados por sus largas patas delanteras, acabadas en una garra ganchuda, que mantenían recogidas ante la cabeza. Estos pequeños seres habían evolucionado durante generaciones para hacer de las condiciones extremas del espacio su habitad natural, los primeros en escapar cuando la astronave en la que viajaban estaba destinada a la catástrofe, y era todo un espectáculo ver cómo tejían a su alrededor una burbuja de oxígeno para alejarse flotando del vehículo sentenciado como pompas de jabón. Entonces les llegaba el turno de esperar, y esperaban, esperaban, esperaban,… racionando el oxígeno hasta que recalaban en un nuevo huésped, al que se agarraban con la ayuda de los ganchos de sus patas delanteras, o morían de alguna de las muchas formas de las que se puede morir en el espacio.

domingo, 9 de julio de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 14. El informe Tirana



Resumen de los capítulos anteriores: Sebastián Canela, como empresario y amante de Arte, sabe mejor que nadie cuál es el sabor de la codicia, y se sorprende descubriéndola en el fondo de los ojos de Samuel Faro.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Samuel se encontraba cómodo trabajando allí abajo, junto a Mio. Había instalado su equipo en la pequeña sala circular ya libre de gases, y en ella se encerraba cuando tenía que pensar, como ocurría en aquella ocasión.
La autorización para el uso de los nanobots ya estaba firmada, pero antes de darle curso debía acompañarla de un informe para el controlador. Y en eso estaba, recordando el orden correcto de los acontecimientos que habían llevado a tan drástica decisión, ocurridos tras una conversación en la que Sebastián lo acusó de no ser humano...