martes, 13 de octubre de 2026

Vidas equivocadas

 


–Eso son cosas de hombres. Asuntos que ni entendemos ni nos interesan.

»Y arréglate ya si has terminado de preparar el almuerzo, que tus hermanos salen del colegio en una hora.

Cosas de hombres… ¡Ja! Irse de juerga con los compañeros del trabajo para terminar donde mujer alguna debería poner los pies. Pero Madre defiende al mayor de los hermanos como lo hacía con Padre antes de su fallecimiento a causa de una cirrosis que él mismo se buscó. Y con igual ardor defenderá a los dos renacuajos cuando empiecen a mocearse, anteponiendo sus intereses varoniles a los de ella, por supuesto, pues la mujer poco papel tiene en aquel tiempo salvo el de ser obediente hija, sumisa esposa y madre abnegada. Pero para eso ha nacido, según tiene inculcado a sangre y fuego, y por rebelarse a ello, aunque sea de pensamiento y no de obra, se ha ganado una confesión con el padre Adelino.

Aquel día había quedado con algunas compañeras del Servicio Social para una merienda temprana antes de disfrutar de los rayos de un sol ya tenue, con obligada parada en la biblioteca donde tal vez, solo tal vez, podría cruzarse con… Pero no, su hermano mayor les avisó la víspera de la inesperada reunión, esas «cosas de hombres» que defendía Madre, y a ella correspondía la organización y planchado de la ropa,  aunque eso supusiera sacrificar sus planes. ¡Y nada de quejas!, o más tardes podría perderse.

Camino del colegio llama su atención el escaparate de la juguetería Cuevas de San Francisco. El joven mancebo –Berto, recuerda que se llama– prepara los expositores para la próxima campaña de Reyes, colocando con buen hacer la nueva colección de figuras articuladas de la empresa juguetera Campyno. Sus hermanos pequeños poseen varios de aquellos carísimos Campynoman, muñecos de treinta centímetros vestidos y pertrechados de toda suerte de oficios. Militares, héroes del espacio, vaqueros,… los Campynoman siempre estaban preparados para la acción pues su naturaleza plástica no había sido concebida para el Arte o las Ciencias. Pero a ella, los que realmente llaman su atención son los exploradores. Quién pudiera haber nacido al otro lado del espectro del sexo para embarcarse en la búsqueda del nacimiento del río Amazonas, recorrer de un extremo a otro la milenaria ruta de la seda o ser el primero en poner el pie en el Polo Sur. No por nada, sus libros favoritos, aquellos que lee sin el conocimiento de Madre, son los Viajes extraordinarios de Julio Verne, con sir Phileas Fogg y su fiel Passepartout como héroes de cabecera.

Casualidades de la vida, el joven Berto está colocando en ese momento a un bien equipado explorador de la Bretaña colonial. Luce un elegante traje color arena, botas bien lustradas de caña alta y el indispensable salacot. En una mano le coloca con sumo cariño un gran machete para que se abra camino a través de selvas imaginarias mientras en la otra porta un bien modelado rifle de dos cañones. La joven se queda absorta en la contemplación del pequeño aventurero y no puede reprimir en su cabeza un: «¡Tú sí que tienes suerte, cabrón!» que a ella misma escandaliza, sorprendida por la furia con la que ha surgido de sus entrañas. Tamaña inconveniencia queda apuntada para la próxima confesión con don Adelino. La lista se alarga considerablemente.

«Quién estuviera en tu cuerpo de plástico y vivir una aventura tras otra», le dice más calmada al ser inanimado que la mira desde el otro lado del escaparate, fija la mirada en los ojos de aquella joven donde se adivinan el apunte de unas lágrimas, pequeñas gotas de amargura que pretenden diluir su impotencia ante una vida que no le pertenece y de donde no puede escapar. Y de pronto se le aclara la vista, repentinamente libre de humedad, y con terror siente que su cuerpo no le responde. Con los ojos bien abiertos, imposibles de cerrar, mira cuanto tiene ante sí y esto no es más que una enorme cristalera en la que se refleja el mundo de cajas y muñecos que le rodea y, al otro lado, una joven que la mira embelesada. Y si acaso recuerda que durante años ese fue su cuerpo y su existencia, la evocación dura lo que un suspiro, como lo hace el miedo, colmado hasta el último gramo de su nueva naturaleza de la ilusión por las cientos de aventuras que la aguardan.

El monigote animado que antes ocupó la joven, vacío ahora de alma y conciencia, libre de sueños y frustraciones, retoma su camino hacia el colegio donde esperan sus hermanos, una gota más en la corriente de vida sin esperanza que inunda las calles del país.

 

En una estantería, cubierto por una manta de polvo y suciedad, un soldado futurista ha sido testigo del extraordinario suceso. Es un flamante Campynoman de nombre Sargento «Bazuca» Vásquez, y si no se halla en el cuarto de un niño es porque en su día se negó a ser lo que su naturaleza le dictaba. Nunca permitió que su dueño pudiera disparar la bazuca que le daba nombre y jamás sujetó pistola o cuchillo alguno; él deseaba ser agricultor. El niño, harto de no poder jugar a la guerra, lo cambió por un modelo que sí disparaba, como en los anuncios, ¡BUMMM!, y desde entonces ese «Bazuca» Vásquez, de alma agricultor, espera su oportunidad. ¿Será este año?

 

B.A.: 2026

  

jueves, 26 de febrero de 2026

¡Es qu'estoy trabajando!


Siempre aguardo con ganas el inicio del curso escolar. La eternidad en el exilio puede resultar muy tediosa y el colegio ofrece a este viejo demonio una gran variedad de divertimento con la que hacerla más llevadera, como empujar a Fulano a hacer una chuleta o a Mengano a saltarse Religión –y que los atrapen–. Pero cuando mejor me lo paso es haciendo llegar tarde a la mamá o al papá de turno. Permítanme que se lo explique.

Un lunes cualquiera. Resaca del fin de semana, niño al que da el «apretón» en el último momento, etcétera. Ya con el tiempo justito, el progenitor se ve obligado a conducir contra un tráfico endiablado –obra vuestra, no mía–, y cuando ya está a punto de llegar voy yo y corto la calle en mi papel de currito que descarga su furgoneta, pantalones por las corvas y raja del culo al aire incluidos. ¿Saben cuánto tarda en llegar el primer bocinazo? Pues depende de lo ocupado que esté ese día el amigo Job, je, je, je. Entonces, todo indignado, me vuelvo y grito: «¡Es qu’estoy trabajando! ¿No lo ve?», y de malos modos aparto la furgona, acomodándome en el asiento para deleitarme con el largo ciempiés de vehículos que he logrado reunir, y con la cara de cabreo de sus conductores. ¡Ah, cuán gratificante es la educación!

Si os encontráis alguna vez una situación parecida sabréis que soy yo porque…

 

¡¡¡PIIIIIIIIIIIIIIIIIIII…!!!

 

–¡¿SE PUEDE QUITAR?!

–¡¡ES QU’ESTOY TRABAJANDO!! ¡¿NO LO VE?!

 

B.A.: 2026


viernes, 13 de febrero de 2026

Mil y una maneras de morir


Nota: Para este reto he desempolvado y dado lustre a un viejo relato de antes del Tintero de Oro. Espero que sea de vuestro agrado. 

––––––––––––––––––––––––––– 

Premonición

En algún lugar de Louisiana

21 de mayo de 1934. 03:19 horas

 

Dos jóvenes duermen agotados envueltos en la penumbra anónima de un motel de carreteras. Él respira profundamente, abrazado al menudo cuerpo de la chica; ella, por el contrario, tiene el corazón desbocado. En la duermevela siente las manos crispadas y cómo el sudor le pega a la cara su precioso pelo trigueño. Humo, fuego y olor a carne quemada puebla su pesadilla, de donde consigue escapar con un grito sofocado.

 

–Cariño. ¿Estás despierto?

–Mmmmmmmm...

–He tenido una pesadilla.

–Mmmm... Sí, princesa. Estoy despierto...

»¿Qué decías?

–Te decía, dormilón, que he tenido una pesadilla. He soñado que era Jeanne de Arc.

–Yan de… ¿qué?

–Jeanne de Arc. Es francés, tontito.

–Yean.

–Jeanne.

–Me rindo, preciosa, pero soy todo oídos. ¿Y quién es esa mujer?

–«Era». Murió hace mucho.

–Mejor ella que nosotros.

–Calla, bruto. ¡Y quita esas manazas! Debes saber que fue una valiente guerrera a la que el Papa hizo santa.

»La llamaban la Doncella de Orleans.

–¿Doncella? Eso significa que…

–Sí, cariño, que no intimó con ningún hombre.

–¡Vaya desperdicio!

–Eres un troglodita, ¿lo sabías?

–Por eso te gusto. ¿Cómo murió?

–La quemaron en la hoguera con apenas veinte años.

–¿Y eso por qué?

–No sabría decirte. No entendí lo que me contó el profesor Hall cuando trabajaba de camarera en Marco’s Cafe.

–Entonces has soñado que eras una santa francesa muy antigua, virgen además, a la que asaron como a un pavo en Acción de Gracias.

–Exacto.

–¡Qué noche más movidita has tenido, preciosa!

–¡Y tanto! Pero lo más sorprendente es que hace unos días soñé que era una pasajera del Titanic que moría ahogada. Y hará menos de un mes fui un miembro de la banda de Jesse James al que ahorcaban, aunque en esa ocasión me parecía a ti, cariño, orejotas incluidas.

»Dicen que existen mil maneras de morir, y yo las estoy viviendo una por una en mis sueños.

–Yo solo conozco las más vulgares. Vejez, enfermedad o sobredosis de plomo, y de esta última soy todo un experto; quien se interpone en nuestro camino se arriesga a no contarlo.

–Lo sé, cariño; tu fuerza siempre nos sacará de cualquier peligro. Pero no puedo dejar de preocuparme.

»Creo que el tiempo se nos agota, amor.

–No sufras, princesa. Estoy seguro de que morirás rodeada de nietos, con tu lindo cabello pintado de plata.

 »Para entonces, yo llevaré ya mucho tiempo criando malvas.

–¡Eso ni en broma! ¡¿Me estás escuchando?! No se te ocurra irte sin mí. El día que dejes de respirar será también el último que yo pase con vida. Acuérdate de mi poema:

 

Algún día se irán a pique juntos

y juntos descansarán sus cuerpos para siempre.

Habrá unos pocos afligidos,

para la ley será un alivio,

pero para Bonnie & Clyde será la muerte.

 

–Por amor… Esa podría ser tu manera mil y una de morir.

»Te quiero, Bonnie Parker.

–Y yo a ti, Clyde Barrow.

 

La trampa

Carretera estatal 154, Louisiana

23 de mayo de 1934. 08:23 horas

 

Según la información que le han pasado al Ranger de Texas Frank Hamer, líder del grupo policial, la pareja de fugitivos se dirige a la granja familiar de Henry Methvin, otro de los integrantes de la banda de Barrow. Los agentes llevan dos días apostados en el camino, sufriendo el calor abrasador del día, las picaduras de los insectos y la locura de la espera. El Ranger empieza a dudar de la fuente cuando una camioneta enfila la polvorienta carretera.

 

–Frank. ¿No es esa la camioneta del viejo Methvin?

–Eso parece, Maney.

–¿Habrá reconsiderado nuestra oferta de salvar a su hijo a cambio de la parejita?

–No sé lo que pensará ese cabezota pero su cacharro nos puede ser de utilidad.

»Con el consentimiento del Methvin, o sin él, quiero la camioneta a un lado del camino con una rueda quitada, como si hubiera sufrido un reventón. Clyde la conoce y seguro que reducirá la velocidad. Puede incluso que pare a ayudar.

–Si estamos en la pista correcta, Frank.

–Cruza los dedos para que así sea, Maney.

»¡¡ALTO!!

 

Final

Carretera estatal 154, Louisiana

23 de mayo de 1934. 09:13 horas

 

Tras parar en Ma Canfield's Cafe para comprar unos sándwiches, la pareja toma la carretera estatal 154 a bordo de un Ford V-8 robado.

 

–¿Está bueno el sándwich, Bonnie?

–Esta mortadela frita está deliciosa. ¿Y el BLT?

–Aún está en la bolsa pero huele que alimenta.

–Toma un bocado del mío.

–Mmmm… Pues sí. Realmente jugoso.

»Por cierto, con ese vestido rojo estás preciosa.

–Sabía que te gustaría. Esto… Cariño.

–¿Sí?

–¿No es esa la camioneta del padre de Methvin?

–Eso parece. Aminoraré la velocidad.

–¿Es prudente?

–No te preocupes. Los pies planos no nos siguen.

–Si estás tan seguro… ¡¡CLYDE!!

 

Epílogo

 

A las 9:15 del 23 de mayo de 1934, el Ford V-8 en el que viajaban Clyde Barrow y Bonnie Parker fue acribillado por una lluvia de balas. El grupo ejecutor descerrajó sobre el vehículo buena parte de la munición que portaba, recibiendo los cuerpos de la pareja más de cincuenta impactos.

Asesinos sin escrúpulos para unos, reflejo de una época turbulenta de la historia americana para otros,... Jóvenes enamorados ante todo y contra todos, la leyenda de Bonnie y Clyde no hizo más que despegar aquella sangrienta mañana de mayo.

 

B.A.: 2.026

jueves, 11 de diciembre de 2025

Cinco entes mágicos y un leprechaun

 


¡POM, POM, POM!

 

–¿Quién demonios será a estas horas de la noche? Ya no se respeta el descanso de una pobre bruja. Como sea otro de esos duendes que quieren que me cambie a su compañía de mensajería a distancia…

 

¡POM, POM, POM!

 

–Ya va. ¡Ya vaaa…! Qué prisas. ¿Dónde habré puesto la llave? Esta cabeza mía… ¡Por las flatulencias de un orco del metano! ¿De dónde vendrá ese olor tan repugnante? No olía algo así desde…

 

¡POM, POM, POM!

 

–¡QUE YA VOY! Maldita sea.

–¡¡¡TRUCO O TRATOOO…!!!

–Estooo… ¿Peste, eres tú?

–¿Cómo me has reconocido, Nahna, Bruja del Páramo?

–Por mis narices, ¿cómo si no? Y si tú eres Peste, el grandullón es Guerra, ¿verdad?

–Guerra saludar Nahna.

–Y el canijo es Hambre.

–Hola, Nahna. ¿Tienes una nuez de Ávalon por ahí?

–Y la cuarta en discordia es Muerte.

–…

–Siempre tan locuaz. Y dime, Peste, ¿por qué venís a molestarme disfrazados de troll? ¿No deberíais estar de apocalipsis?

–Verás, Nahna, queremos traer al reino de Arcadia Bajo una celebración celta que hemos conocido en nuestro último trabajillo por aquellas frías tierras. Se llama Jálogüin y consiste en hacerles a los mortales la ceremonia del «Truco o trato» disfrazados de algo que dé miedo.

–Y para dar miedo teníais que disfrazaros, ¿verdad? No os bastaba con ser vosotros mismos.

–Es la tradición.

–Ya veo. ¿Y eso del «Truco o trato»?

–Si no nos dan un dulce entonces le hacemos una trastada.

–¿Has dicho dulce, Peste? Tengo un ruido de barriga…

–Cállate, Hambre. Contigo delante no se puede hablar nunca de comida.

–Como no se puede hablar contigo de agua y jabón de leche de burra alada, no te fastidia.

»Y hablando de leche, ¿no tendréis por ahí una escudilla pequeñita?

–Será pesado.

–Dejaos de peleas, muchachos, y aclaradle una cosita a esta pobre bruja. Yo puedo veros por mis tisanas de haxis, resina de amapola, ajenjo y manzanilla (solo un poco de manzanilla porque el exceso me llena de genios la cabeza), brebaje necesario para practicar mi honrada profesión pero… ¿Qué ocurre con el resto de los mortales que no pueden veros?

–Siempre ser truco, jua, jua, jua.

–Me lo imaginaba. ¿Y en qué consisten?

–Oh, poca cosa: un brote de peste bucólica, destrozarle la cosecha al agricultor de turno, una trifulca entre cuñados,… Algún que otro ataque al corazón. Ya sabes, Nahna, las pequeñas cosillas que le dan sabor a la vida.

–«Sabor a la vida», ya veo. Bueno, pues voy a buscaros algo dulce para que no me hagáis el truc… ¡¿Qué le ha pasado a mis nomeolvides?!

–Caballo de Guerra estar nervioso.

–¡¡FUERA DE MI VISTA AHORA MISMO!!

–¿Entonces no nos das un poquitín de jamón de mono? Estoy famélico.

–¡¡Y METÉOS VUESTRO JÁLOGÜIN POR DONDE OS QUEPA!! Lo que han hecho con mis flores… ¡¿Serán sinvergüenzas?!

 

¡¡¡PUM!!!

 

–Guerra creer Nahna enfadada.

–¿Entonces no hay jamón de mono?

–…

–Ni que lo digas, Muerte. Creo que por un tiempo no vamos a ser bien recibidos en el Páramo.

 

Un poco después

 

–Vaya pandilla de idiotas. Ya podrían contentarse con sus apocalipsis de pacotilla... ¿Y ahora que será ese ruido? Viene del salón.

–Jo, jo, jo,… ¡Vaya! ¿Por qué habrán puesto un caldero en el fuego de la chimenea?

–¡¿Se puede saber quién es usted y por qué tiene un pie metido en mi cena?!

–¿Esta vieja me puede ver?

–¡Pues claro que lo puedo ver! Y lo de vieja se lo dirá usted a la madre que lo parió.

–No se soliviante, bella señora…

–Tampoco se pase.

–…es que soy una entidad mágica invisible a ojos mortales.

–Maldita tisana de las narices. Vaya noche me está dando.

»¿Puede decirme qué hace entrando por mi chimenea?

–Déjeme presentarme. Soy Papanoeldriel, Hijo de Sannicolar, Hijo de Jouluppukkiel, y quiero traer al reino un poco de felicidad. A partir de hoy, todos los años por estas fechas, visitaré a los niños que han sido buenos para hacerles entrega de un regalo.

–Pues siento decirle que le han pisado el día para celebrar algo llamado Jálogüin.

–Vaya contrariedad.

–¿Y si viene en el solsticio de invierno?

–Me gusta. Agradecido le quedo.

–No ha sido nada. Pero saque ya el pie de mi puchero, que no va a haber troll que se lo coma.

–Por supuesto, señora.

»Antes de irme, ¿podría indicarme si vive en el páramo un niño buenísimo llamado Ducardo?

–Vive en el páramo, sí, pero en el de Arcadia Alto. Y ni es niño ni ha sido bueno en toda su retorcida vida.

–¡Por las orejas puntiagudas de su madre! Otra vez mi ayudante la ha cagado.

»Pues bien señora. Encantado de conocerla y perdone las molestias.

–¡Salud!

 

Un poco después

 

¡POM, POM, POM!

 

–¡¿Otra vez esos descerebrados?! Vaya nochecita.

»¡¿POR QUÉ NO OS VAIS A MOLESTAR A OTRA PARTE CON VUESTRO JÁLOGÜIN DE LOS…?!

–¿Jálogüin?

–¡¿Quién narices es usted?!

–Soy Pádraic, El leprechaun, y acabo de inaugurar mi negocio de calderos al otro lado del arcoíris.

»Por ser mi clienta este viérneris, y solo este viérneris, podrá disfrutar de un descuento…

–¿Otro ente mágico? No vuelvo a beber esa tisana.

–Un respeto, milady, que no soy un ser mágico.

–Pues mejor para su señora. Y le aconsejo que coja para sus ofertas el final del próximo mes. Oktuvreth y Dicienvreth ya están ocupados.

»Vaya viérneris negro estoy teniendo.

 

¡¡PUM!!

 

–¿Vierneris negro? Me gusta… ¿Cómo sonará en bretón?

 

B.A.: 2025



Cinco entes mágicos y un leprechaun


lunes, 13 de octubre de 2025

La huella de los dioses

 



Solo las poderosas manos de los dioses podrían haber elevado esos enormes monolitos hacia los cielos, las únicas huellas que perduraban de su divino paso por el mundo terreno. Semejante obra magna escapaba de las garras de la naturaleza salvaje como lo hacía de la primitiva comprensión de los hijos de hombre, y si bien era cierto que se hallaba en un estado muy avanzado de abandono, olvidada tiempo ha por quienes la moldearon, a ellos no correspondía entender los actos inescrutables de los Elevados sino venerarlos, como siempre recordaba el Primer Sabio a su rebaño de fieles.

Broadway, Pepsi, Wall Street, 5 AV, McDonald´s, Manhattan,… El incomprensible lenguaje divino se hallaba impreso por doquier, semejante al enrevesado rastro que dejan los pájaros sobre la arena mojada en su búsqueda de un molusco que echarse al buche. Hasta la llegada de un iluminado que supiera interpretarlo, los acogidos bajo la paternal guía del Primer Sabio se limitaban a cumplir su labor para con la Gran Madre, quien los abastecía en su infinita gracia de refugio y alimento. Y qué mejor forma que agradecérselo con toda suerte de sacrificios y danzas rituales cuando Su Hijo, el del áureo cabello, alcanzaba su altura máxima en el cielo, punto álgido sobre el que pivotaba la sencilla vida de aquella primitiva sociedad al marcar el inicio de la cosecha.

Dos veces al año, la luz del atardecer se alineaba a la perfección con la obra divina, fenómeno especialmente grandioso en los pasos marcados con los caracteres divinos W 34 th St y W 42 nd St. En ese momento, el de la faz ardiente arrancaba reflejos de oro a las superficies pulidas de los monolitos para formar un corredor de luz donde los hijos de hombre allí congregados podían sentir cómo se henchía de energía su yo interior, sintiéndose en comunión con la Gran Madre. Tras concluir los festejos de agradecimiento los fieles, ahora renovados, volverían a sus quehaceres como cazadores y recolectores.

En pocas lunas ocurriría la Ascensión del Hijo, la primera del ciclo, y hacia la huella de los dioses se encaminó la tribu en multitudinario peregrinaje. En su camino harían noche en la isla de la diosa del brazo en alto, la mensajera de la Buena Nueva, tras cruzar sus aguas sagradas en las embarcaciones portadas en andas desde el poblado entre cánticos, rezos y danzas de éxtasis. Cuánto regocijo podía albergar el corazón de aquella masa jubilosa de penitentes.

 

Quizás fuera el comienzo de una nueva Edad de Hielo o tal vez sólo una brusca y persistente bajada de las temperaturas provocada por el aleteo de una mariposa allá en los confines del mundo. Sea como fuere, el frío se prolongaba tanto en el tiempo que los hijos de hombre empezaron a ver con desesperación cómo los animales perecían congelados y los brotes verdes de las cosechas se negaban a salir. Anciano alguno fue testigo con anterioridad de semejante catástrofe; de alguna forma habían enfurecido a la Gran Madre y esta los expulsaba del Paraíso.

En grave asamblea en torno al fuego que abastecía de luz y calor al poblado, el Primer Sabio propuso a sus protegidos un doble éxodo a fin de asegurar el futuro de los hijos de hombre. El grupo principal, donde irían la totalidad de ancianos y niños por su naturaleza débil, lo haría por tierra, encabezando él mismo la marcha en pos de los animales salvajes en migración hacia zonas más cálidas. El otro, menos numeroso y a cargo del Segundo Sabio, se embarcaría en una peligrosa odisea para alcanzar las tierras allende las aguas, donde según las leyendas les aguardaba una promesa de futuro en forma de verdes valles y largos ríos llenos de vida.

Cuando ambas expediciones estuvieron preparadas, los dos grupos de hermanos se despidieron entre lágrimas y deseos de buena suerte, sabedores de no volver a encontrarse de nuevo en la vida mortal.

 

 

Más de cien generaciones habían transcurrido desde que los hijos de hombre pisaran la nueva tierra, uniéndose en pacífica convivencia con el pueblo allí establecido, adoradores como ellos de la Gran Madre y de Su Hijo. En la tradición oral de la nueva comunidad quedó perpetuada la Gran Migración como una leyenda sobre sus orígenes ancestrales, historia que compartían los viejos al abrigo de un buen fuego en las frías noches de verano.

Nada quedaba ya del paso de los dioses por el mundo terreno. Desde tiempos remotos toda huella divina había sido borrada de la faz de la tierra a causa de catástrofes naturales o de la incesante acción de los elementos, quedando para los hijos de hombre un mundo virgen en el que dejar su propia huella.

Como fieles adoradores de la Gran Madre y de Su Hijo, el Primer Sabio decidió levantar, a semejanza de lo recogido en las viejas leyendas, una estructura circular de enormes monolitos de piedra; un recinto que se alinearía perfectamente con El Hijo cuando su fulgor alcanzara la máxima altura en el cielo, invitándolos con su dorada sonrisa a iniciar la cosecha.

Siglos después, los descendientes de aquellos hijos de hombre conoceremos esa estructura con el nombre de Stonehenge.



 

B.A.: 2025