viernes, 13 de febrero de 2026

Mil y una maneras de morir


Nota: Para este reto he desempolvado y dado lustre a un viejo relato de antes del Tintero de Oro. Espero que sea de vuestro agrado. 

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Premonición

En algún lugar de Louisiana

21 de mayo de 1934. 03:19 horas

 

Dos jóvenes duermen plácidamente agotados envueltos en la penumbra anónima de un motel de carreteras. Él respira profundamente, abrazado al menudo cuerpo de la chica. Ella, por el contrario, tiene el corazón desbocado. En la duermevela siente las manos crispadas y cómo el sudor le pega a la cara su precioso pelo trigueño. Humo, fuego y olor a carne quemada puebla su pesadilla, de donde consigue escapar con un grito sofocado.

 

–Cariño. ¿Estás despierto?

–Mmmmmmmm...

–He tenido una pesadilla.

–Mmmm... Sí, princesa. Estoy despierto...

»¿Qué decías?

–Te decía, dormilón, que he tenido una pesadilla. He soñado que era Jeanne de Arc.

–Yan de… ¿qué?

Jeanne de Arc. Es francés, tontito.

–Yean.

Jeanne.

–Me rindo, preciosa, pero soy todo oídos. ¿Y quién es esa mujer?

–«Era». Murió hace mucho.

–Mejor ella que nosotros.

–Calla, bruto. ¡Y quita esas manazas! Debes saber que fue una valiente guerrera santificada por el Papa.

»La llamaban la Doncella de Orleans.

–¿Doncella? Eso significa que…

–Sí, cariño, que no intimó con ningún hombre.

–¡Vaya desperdicio!

–Eres un troglodita, ¿lo sabías?

–Por eso te gusto. ¿Cómo murió?

–La quemaron en la hoguera con apenas veinte años.

–¿Y eso por qué?

–No sabría decirte. No entendí lo que me contó el profesor Hall cuando trabajaba de camarera en Marco’s Cafe.

–Entonces has soñado que eras una santa francesa muy antigua, virgen además, a la que asaron como a un pavo en Acción de Gracias.

–Exacto.

–¡Qué noche más movidita has tenido, preciosa!

–¡Y tanto! Pero lo más sorprendente es que hace unos días soñé que era una pasajera del Titanic que moría ahogada. Y hará menos de un mes fui un miembro de la banda de Jesse James al que ahorcaban, aunque en esa ocasión me parecía a ti, cariño, orejotas incluidas.

»Dicen que existen mil maneras de morir, y yo las estoy viviendo una por una en mis sueños.

–Yo solo conozco las más vulgares. Vejez, enfermedad o sobredosis de plomo, y de esta última soy todo un experto; quien se interpone en nuestro camino se arriesga a no contarlo.

–Lo sé, cariño; tu fuerza siempre nos sacará de cualquier peligro. Pero no puedo dejar de preocuparme.

»Creo que el tiempo se nos agota, amor.

–No sufras, princesa. Estoy seguro de que morirás rodeada de nietos, con tu lindo cabello pintado de plata.

 »Para entonces, yo llevaré ya mucho tiempo criando malvas.

–¡Eso ni en broma! ¡¿Me estás escuchando?! No se te ocurra irte sin mí. El día que dejes de respirar será también el último que yo pase con vida. Acuérdate de mi poema:

 

Algún día se irán a pique juntos

y juntos descansarán sus cuerpos para siempre.

Habrá unos pocos afligidos,

para la ley será un alivio,

pero para Bonnie & Clyde será la muerte.

 

–Por amor… Esa podría ser tu manera mil y una de morir.

»Te quiero, Bonnie Parker.

–Y yo a ti, Clyde Barrow.

 

La trampa

Carretera estatal 154, Louisiana

23 de mayo de 1934. 08:23 horas

 

Según la información que le han pasado al Ranger de Texas Frank Hamer, líder del grupo policial, la pareja de fugitivos se dirige a la granja familiar de Henry Methvin, otro de los integrantes de la banda de Barrow. Los agentes llevan dos días apostados en el camino, sufriendo el calor abrasador del día, las picaduras de los insectos y la locura de la espera. El Ranger empieza a dudar de la fuente cuando una camioneta enfila la polvorienta carretera.

 

–Frank. ¿No es esa la camioneta del viejo Methvin?

–Eso parece, Maney.

–¿Habrá reconsiderado nuestra oferta de salvar a su hijo a cambio de la parejita?

–No sé lo que pensará ese cabezota pero su cacharro nos puede ser de utilidad.

»Con el consentimiento del Methvin o sin él, quiero la camioneta a un lado del camino con una rueda quitada, como si hubiera sufrido un reventón. Clyde la conoce y seguro que reducirá la velocidad. Puede incluso que pare a ayudar.

–Si estamos en la pista correcta, Frank.

–Cruza los dedos para que así sea, Maney.

»¡¡ALTO!!

 

Final

Carretera estatal 154, Louisiana

23 de mayo de 1934. 09:13 horas

 

Tras parar en Ma Canfield's Cafe para comprar unos sándwiches, la pareja toma la carretera estatal 154 a bordo de un Ford V-8 robado.

 

–¿Está bueno el sándwich, Bonnie?

–Esta mortadela frita está deliciosa. ¿Y el BLT?

–Aún está en la bolsa pero huele que alimenta.

–Toma un bocado del mío.

–Mmmm… Pues sí. Realmente jugoso.

»Por cierto, con ese vestido rojo estás preciosa.

–Sabía que te gustaría. Esto… Cariño.

–¿Sí?

–¿No es esa la camioneta del padre de Methvin?

–Eso parece. Aminoraré la velocidad.

–¿Es prudente?

–No te preocupes. Los pies planos no nos siguen.

–Si estás tan seguro… ¡¡CLYDE!!

 

Epílogo

 

A las 9:15 del 23 de mayo de 1934, el Ford V-8 en el que viajaban Clyde Barrow y Bonnie Parker fue acribillado por una lluvia de balas. El grupo ejecutor descerrajó sobre el vehículo buena parte de la munición que portaba, recibiendo los cuerpos de la pareja más de cincuenta impactos.

Asesinos sin escrúpulos para unos, reflejo de una época turbulenta de la historia americana para otros,... Jóvenes enamorados ante todo y contra todos, la leyenda de Bonnie y Clyde no hizo más que despegar aquella sangrienta mañana de mayo.

 

B.A.: 2.026

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