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jueves, 26 de febrero de 2026

¡Es qu'estoy trabajando!


Siempre aguardo con ganas el inicio del curso escolar. La eternidad en el exilio puede resultar muy tediosa y el colegio ofrece a este viejo demonio una gran variedad de divertimento con la que hacerla más llevadera, como empujar a Fulano a hacer una chuleta o a Mengano a saltarse Religión –y que los atrapen–. Pero cuando mejor me lo paso es haciendo llegar tarde a la mamá o al papá de turno. Permítanme que se lo explique.

Un lunes cualquiera. Resaca del fin de semana, niño al que da el «apretón» en el último momento, etcétera. Ya con el tiempo justito, el progenitor se ve obligado a conducir contra un tráfico endiablado –obra vuestra, no mía–, y cuando ya está a punto de llegar voy yo y corto la calle en mi papel de currito que descarga su furgoneta, pantalones por las corvas y raja del culo al aire incluidos. ¿Saben cuánto tarda en llegar el primer bocinazo? Pues depende de lo ocupado que esté ese día el amigo Job, je, je, je. Entonces, todo indignado, me vuelvo y grito: «¡Es qu’estoy trabajando! ¿No lo ve?», y de malos modos aparto la furgona, acomodándome en el asiento para deleitarme con el largo ciempiés de vehículos que he logrado reunir, y con la cara de cabreo de sus conductores. ¡Ah, cuán gratificante es la educación!

Si os encontráis alguna vez una situación parecida sabréis que soy yo porque…

 

¡¡¡PIIIIIIIIIIIIIIIIIIII…!!!

 

–¡¿SE PUEDE QUITAR?!

–¡¡ES QU’ESTOY TRABAJANDO!! ¡¿NO LO VE?!

 

B.A.: 2026


jueves, 11 de diciembre de 2025

Cinco entes mágicos y un leprechaun

 


¡POM, POM, POM!

 

–¿Quién demonios será a estas horas de la noche? Ya no se respeta el descanso de una pobre bruja. Como sea otro de esos duendes que quieren que me cambie a su compañía de mensajería a distancia…

 

¡POM, POM, POM!

 

–Ya va. ¡Ya vaaa…! Qué prisas. ¿Dónde habré puesto la llave? Esta cabeza mía… ¡Por las flatulencias de un orco del metano! ¿De dónde vendrá ese olor tan repugnante? No olía algo así desde…

 

¡POM, POM, POM!

 

–¡QUE YA VOY! Maldita sea.

–¡¡¡TRUCO O TRATOOO…!!!

–Estooo… ¿Peste, eres tú?

¿Cómo me has reconocido, Nahna, Bruja del Páramo?

–Por mis narices, ¿cómo si no? Y si tú eres Peste, el grandullón es Guerra, ¿verdad?

–Guerra saludar Nahna.

–Y el canijo es Hambre.

–Hola, Nahna. ¿Tienes una nuez de Ávalon por ahí?

–Y la cuarta en discordia es Muerte.

–…

–Siempre tan locuaz. Y dime, Peste, ¿por qué venís a molestarme disfrazados de troll? ¿No deberíais estar de apocalipsis?

Verás, Nahna, queremos traer al reino de Arcadia Bajo una celebración celta que hemos conocido en nuestro último trabajillo por aquellas frías tierras. Se llama Jálogüin y consiste en hacerles a los mortales la ceremonia del «Truco o trato» disfrazados de algo que dé miedo.

–Y para dar miedo teníais que disfrazaros, ¿verdad? No os bastaba con ser vosotros mismos.

Es la tradición.

–Ya veo. ¿Y eso del «Truco o trato»?

Si no nos dan un dulce entonces le hacemos una trastada.

–¿Has dicho dulce, Peste? Tengo un ruido de barriga…

Cállate, Hambre. Contigo delante no se puede hablar nunca de comida.

–Como no se puede hablar contigo de agua y jabón de leche de burra alada, no te fastidia.

»Y hablando de leche, ¿no tendréis por ahí una escudilla pequeñita?

Será pesado.

–Dejaos de peleas, muchachos, y aclaradle una cosita a esta pobre bruja. Yo puedo veros por mis tisanas de haxis, resina de amapola, ajenjo y manzanilla (sólo un poco de manzanilla porque el exceso me llena de genios la cabeza), brebaje necesario para practicar mi honrada profesión pero… ¿Qué ocurre con el resto de los mortales que no pueden veros?

–Siempre ser truco, jua, jua, jua.

–Me lo imaginaba. ¿Y en qué consisten?

Oh, poca cosa: un brote de peste bucólica, destrozarle la cosecha al agricultor de turno, una trifulca entre cuñados,… Algún que otro ataque al corazón. Ya sabes, Nahna, las pequeñas cosillas que le dan sabor a la vida.

–«Sabor a la vida», ya veo. Bueno, pues voy a buscaros algo dulce para que no me hagáis el truc… ¡¿Qué le ha pasado a mis nomeolvides?!

–Caballo de Guerra estar nervioso.

–¡¡FUERA DE MI VISTA AHORA MISMO!!

–¿Entonces no nos das un poquitín de jamón de mono? Estoy famélico.

–¡¡Y METÉOS VUESTRO JÁLOGÜIN POR DONDE OS QUEPA!! Lo que han hecho con mis flores… ¡¿Serán sinvergüenzas?!

 

¡¡¡PUM!!!

 

–Guerra creer Nahna enfadada.

–¿Entonces no hay jamón de mono?

–…

Ni que lo digas, Muerte. Creo que por un tiempo no vamos a ser bien recibidos en el Páramo.

 

Un poco después

 

–Vaya pandilla de idiotas. Ya podrían contentarse con sus apocalipsis de pacotilla... ¿Y ahora que será ese ruido? Viene del salón.

–Jo, jo, jo,… ¡Vaya! ¿Por qué habrán puesto un caldero en el fuego de la chimenea?

–¡¿Se puede saber quién es usted y por qué tiene un pie metido en mi cena?!

–¿Esta vieja me puede ver?

–¡Pues claro que lo puedo ver! Y lo de vieja se lo dirá usted a la madre que lo parió.

–No se soliviante, bella señora…

–Tampoco se pase.

–…es que soy una entidad mágica invisible a ojos mortales.

–Maldita tisana de las narices. Vaya noche me está dando.

»¿Puede decirme qué hace entrando por mi chimenea?

–Déjeme presentarme. Soy Papanoeldriel, Hijo de Sannicolar, Hijo de Jouluppukkiel, y quiero traer al reino un poco de felicidad. A partir de hoy, todos los años por estas fechas, visitaré a los niños que han sido buenos para hacerles entrega de un regalo.

–Pues siento decirle que le han pisado el día para celebrar algo llamado Jálogüin.

–Vaya contrariedad.

–¿Y si viene en el solsticio de invierno?

–Me gusta. Agradecido le quedo.

–No ha sido nada. Pero saque ya el pie de mi puchero, que no va a haber troll que se lo coma.

–Por supuesto, señora.

»Antes de irme, ¿podría indicarme si vive en el páramo un niño buenísimo llamado Ducardo?

–Vive en el páramo, sí, pero en el de Arcadia Alto. Y ni es niño ni ha sido bueno en toda su retorcida vida.

–¡Por las orejas puntiagudas de su madre! Otra vez mi ayudante la ha cagado.

»Pues bien señora. Encantado de conocerla y perdone las molestias.

–¡Salud!

 

Un poco después

 

¡POM, POM, POM!

 

–¡¿Otra vez esos descerebrados?! Vaya nochecita.

»¡¿POR QUÉ NO OS VAIS A MOLESTAR A OTRA PARTE CON VUESTRO JÁLOGÜIN DE LOS…?!

–¿Jálogüin?

–¡¿Quién narices es usted?!

–Soy Pádraic, El leprechaun, y acabo de inaugurar mi negocio de calderos al otro lado del arcoíris.

»Por ser mi clienta este viérneris, y solo este viérneris, podrá disfrutar de un decuento…

–¿Otro ente mágico? No vuelvo a beber esa tisana.

–Un respeto, milady, que no soy un ser mágico.

–Pues mejor para su señora. Y le aconsejo que coja para sus ofertas el final del próximo mes. Oktuvreth y Dicienvreth ya están ocupados.

»Vaya viérneris negro estoy teniendo.

 

¡¡PUM!!

 

–¿Vierneris negro? Me gusta… ¿Cómo sonará en bretón?

 

B.A.: 2025



Cinco entes mágicos y un leprechaun


jueves, 12 de diciembre de 2024

La bruja que surgió del Páramo

 


Nota: Este relato forma parte de la serie «Érase una vez en el reino de Arcadia Bajo».

––––––––––––––––––––––––––––––

–Salud, Nahna, Bruja del Páramo.

–Saludos, Mirrena, de la Cueva de las Sirenas. Esto… Creía que nos íbamos a reunir a solas para hablar de lo que tú sabes.

–¿Lo dices por mi hermana Rosalinda, la Sorda de Sentolaf? He tenido que traerla conmigo porque la enfermera me ha fallado (nunca apuestes por la profesionalidad de una troll). Pero no debes preocuparte por la Sorda.

–¿¡ME HAS LLAMADO GORDA, MIRRENA!?

–No, Rosalinda, estoy hablando con una amiga.

–¡¿QUEEE…?!

–¡¡Que estoy hablando con una amiga!!

–¡¿QUEEE…?!

–¡¡UNA AMIGA!!

–¡¿UNA HORMIGA?! ¿Y PARA ESO ME MOLESTAS?

–Entiendo, Mirrena. Podemos hablar con tranquilidad.

–Ya te digo. Y en cuanto Eldercafé, Hijo de tostador de Achicoria, le traiga su chocolate con tejeringos de la Comarca ya no habrá Rosalinda por un buen rato.

»Ahora dime, ¿cómo te fue?

–Magnífico. A ese elfo engreído de Jénrricas se le ha acabado el negocio de las pociones.

–Ha declarado ante Su Majestad que muchos elfos murieron durante el incendio.

–¡Mentira! Sólo trata de ocultar la vergüenza que siente.

–¿Vergüenza?

–Déjame que te explique. Como bien sabes, el plan era introducirme en la propiedad de Jénrricas haciéndome pasar por elfa, a la manera de un personaje de Yonlecarré, el famoso trovador bretón.

–Me gustan las obras de Yonlecarré, como también las de ese compatriota suyo, Ianflemingas.

–Tampoco recita mal.

–Y para hacerte pasar por elfa necesitabas mi hechizo de transmutación. ¿Te resultó complicado?

–En absoluto. Esperé como me indicaste a la primera lágrima de Illarguia, Radiante en la noche, y al momento noté cómo mi vejestorio cuerpo ganaba en altura y lozanía. Hacía siglos que no me sentía tan…

–Prieta.

–Prieta, exacto. Y te confieso que, aun a sabiendas del propósito de tu fabuloso hechizo, no fue poca la sorpresa que me llevé cuando vi reflejado el rostro de una bella elfa en las aguas del pantano.

–Y dime. ¿Te has dado un homenaje con ese cuerpo prestado?

–¡Qué dices…! ¿No me irás a decir que tú…?

–Una tiene sus necesidades… y la forma de aplacarlas.

–¿Como elfa?

–Elfa, troll, duende, hada,… Hasta como unicornio.

–¡Valiente vieja verde estás hecha, Mirrena!!

–¡¿LA TAZA LLENA?! CLARO QUE QUIERO LA TAZA LLENA.

–¡YA LLEGA, ROSALINDA. TEN PACIENCIA!

»Sigue contando, Nahna.

–Gracias a tu hechizo pude colarme sin problemas en la propiedad de Jénrricas. No te puedes imaginar las de orejudos que trabajan para él. Con razón había saturado el mercado de las pócimas.

–Comprendo que estuvieras enfadada.

–Cabreada, dirás. Mi negocio se basa principalmente en los elixires, bebedizos y mejunjes, y Jénrricas me hacía una competencia desleal con su género de mala calidad y bajo precio. Y para colmo, cuando la población se retuerce en la cama por un brote diarreico a causa de uno de sus brebajes mal destilado, soy yo quien paga las consecuencias. No estoy en contra de una sana rivalidad comercial pero detesto el intrusismo. 

–Te entiendo perfectamente, Nahna, pero quemar el almacén…

–Mira, Mirrena. Le di a Su Majestad cuanta información pude reunir sobre los planes de Jénrricas y el Cabeza del Reino, en vez de intervenir, aprovechó para sacar tajada asociándose con él.

–Por algo apodan a Su Majestad como El del puño cerrado. ¿No temes haberte ganado la enemistad real?

–Todo ha sido orquestado por una elfa desconocida, ¿recuerdas?

–Cierto.

–Y nadie va a hablar de ello, ¿verdad?

–¿Qué voy a decir yo cuando el hechizo de transmutación está prohibido por orden real? Además, ya no es que tema acabar en el calabozo o quemada en la hoguera, eso son gajes del oficio, lo peor es que no volvería a disfrutar de… Me entiendes, ¿no?

–Te entiendo demasiado bien, Mirrena.

–¿Sentiste miedo en algún momento?

–Miedo no, pero sí desesperanza. La noche avanzaba y no me era posible acceder a los almacenes, donde guardaban los ingredientes más valiosos, tal era la vigilancia. Menos mal que me guardaba un as en la manga.

–¿Un plan B?

–Complementario, digámoslo así. Sabes lo organizados y meticulosos que son los orejudos, ¿verdad?

–Ya lo creo. Nadie desfila como ellos, sincronizados a la perfección. No son los mejores guerreros pero es una delicia verlos partir a la muerte.

–Pues también son muy aficionados a las coreografías.

–¿Como en las obras de los juglares bolibudienses?

–Exacto. Se pirran por un buen bailoteo. Es más, son incapaces de controlarse cuando suena la música.

–¿Y eso qué tiene que ver con tu «negocio»?

–Tiene que ver todo porque contraté a un grupo circense para que tocaran a las puertas de la propiedad a una señal mía. Tenías que ver cómo corrían los orejudos cuando entonaron la famosa coplilla del alquimista, esa que dice: «Mortero, probeta, caldero, calderón». No quedó ni uno de ellos en los edificios, por eso te digo que nadie murió quemado.

–¿Y Jénrricas?

–El primero que bailaba a ritmo del Macareniel. «Date cosas buenas, Macareniel, Cuerpo alegre,… »

–«…porque la vida es para eso… ¡Ay!». Ahora entiendo que estuviera avergonzado. Yo también lo estaría si hubiera perdido el negocio por mover las caderas, je, je, je.

–Fue un espectáculo digno de ver. Y con el campo despejado pude prenderle fuego a los almacenes y salir pitando.

–¿Y ahora qué, Nahna? ¿Celebramos tu buen hacer dándonos un garbeo como ninfas acuáticas por el barrio de los estibadores?

–No me tientes, Mirrena. No me tientes.

–¡TINTO, NO! ¡¡CHOCOLATE!!

–Creo que tus estibadores tendrán que esperar.

–No me digas.

 

B.A.: 2024

 

martes, 23 de abril de 2024

Arcadia´s Got Talent

 



–«Puede ser o puede que no lo sea. Esa es la cuestión, o sea, la duda. ¿Se me entiende?»

–Sam, Y veme por esto otro, mayordomo de Su Majestad, ¿no le parece realmente mala la actuación de Chéspir, El de los versos disparejos?

– Nahna, Bruja del Páramo, calificarlo de «mala» es quedarse corto. Este actorucho de baja estofa convierte a Chuache, Exterminador de rimas, en trovador del año.

–Y aparte de lo mal que recita y de ser un fantasma… ¿Cuál es el problema por el que me ha convocado con tanta urgencia?

–Necesito su ayuda para deshacerme de él.

–¡Ay, hijo! Lo mío son las pociones y emplastos naturales. Para problemas de espíritus debe recurrir a un nigromante.

»¿Le ha consultado a Tímpurras, Sanador de la Estepa?

–Sí, pero se sale del presupuesto.

–Veo que Su Majestad, El del puño cerrado, vuelve a las andadas. Ya estuvo una vez a punto de ganarse un hijo bastardo por querer ahorrarse unos cuartos de oro.

–Mucho me temo que he de ser yo quien se encargue de la factura en esta ocasión.

–¿Y eso?

–Es una historia larga.

–Cuéntemela. A lo mejor así me convence.

–«Date cosas buenas, Macareniel, Cuerpo alegre, porque la vida es para eso… ¡Ay!»

–¡Vaya! El tal Chéspir le da a todos los palos.

–Ya lo ve, Nahna.

–¿Y esa historia?

–Me da un poco de vergüenza.

–Al mal paso dele prisa.

–Usted gana. Verá, antes de fallecer coincidí con Chéspir en cierto lugar del reino cuyo nombre no quiero acordarme.

–En la taberna de Eldelbar, ¿no?

–Esto… Sí. Pero no me juzgue por ello.

–¡Jamás se me ocurriría!

–Pues eso. Estábamos los dos en el Grifo de cerveza tras su última actuación y me invitó a unas rondas. Parecía que solo deseaba entablar conversación pero lo que realmente buscaba eran chismes sobre Su Majestad para escribir sus monólogos.

–No le contaría lo de su necesidad de píldoras de genio azul, ¿verdad?

–Mucho me temo que sí.

–Y por supuesto Su Majestad se enteró de tamaña metedura de pata.

–No puede hacerse una idea de hasta dónde llegaron los gritos del Cabeza del reino.

–¿Mató usted a Chéspir para silenciarlo?

–No tuve necesidad. Hizo cierto chiste sobre la esposa de Ozello, El criador de cuernos, que no fueron del gusto del cabrero.

–¿Entonces dónde está el problema?

–Tras finar, el espíritu de Chéspir se aparece ante el lecho conyugal cuando Sus Majestades entablan relaciones íntimas. Concentrarse en tales menesteres puede ser muy difícil si alguien recita a voz en grito una oda al árbol caído.

–Me hago cargo.

–¡Y Su Majestad me echa la culpa de ello! Ha jurado por su invencible espada…

–«Invencible espada». Cuán cachondo puede ser El guía de la villa.

–…que los cerdos reales se darán un festín con mi pobre cuerpo si no me deshago de Chépir antes de la próxima luna llena.

–Se lo merece por su indiscreción.

–Ayúdeme, Bruja del Páramo. Es mi única esperanza.

–Buenooo… Pero no le va a salir barato.

–Pida lo que sea.

–Eso después. A ver, déjeme pensar. ¡Ya lo tengo! Vamos a organizar en honor a Chéspir una pantomima. ¿Sería capaz de convencerle de algo?

–Mi vida está en juego. Podría venderle jabón de leche de burra alada a una familia de orcos si fuera necesario.

–¡Esa es la actitud! Pues bien, se va a acercar a nuestro amigo para decirle que si quiere aparecerse en palacio ha de presentarse a una prueba, prueba que por supuesto no pasará.

–¿Y si se niega?

–Entonces Tímpurras lo mandará a los infiernos con sus oscuras artes.

–¡Pero si no puedo contratar sus servicios!

–Sam, es un farol. Habrá jugado alguna vez a la baraja arcadiana, ¿no?

–Lo mío son las pintas de cerveza.

–No sé si alegrarme por ello o no. A lo que vamos. Es un farol; una farsa. Debe convencerle de que tiene que hacer la prueba, y aceptar el resultado, o se las verá con Tímpurras.

–¿Y para cuándo sería esa prueba?

–Para mañana. Dejemos que Su Majestad disfrute del trabajo interpretativo del comediante una noche más.

–«¿Saben cuál es la pasta preferida del rey Arturo? El Canelot. Jua, jua, jua.»

–Encima chistoso.

 

Al día siguiente

 

–¡Sam! ¿Qué hacen aquí todos estos espíritus?

–Buen día tenga, Nahna. ¿Ha visto cuántos he conseguido reunir en tan poco tiempo? Cuando ayer nos despedimos pensé que si organizaba un concurso de talentos nuestra pantomima sería más realista para Chéspir.

–Talento es de lo que usted carece.

–Pero Nahna. Yo…

–Vamos a ver, Sam, El del cerebro de mosquito. ¿Ha pensado qué va a hacer con el ganador?

–Esto…

–Ya me lo imaginaba. Pues ya puede ir ensayando cómo le va a explicar a Sus Majestades que desde hoy el castillo tiene un fantasma oficial.

–Mientras nos deshagamos de Chéspir…

–Terminemos con este sinsentido de una vez; haga pasar al primero de los «aspirantes».

–El primero es Rocca Sigfredi, Ébano de Guasap. Se hace llamar El Trípode. Yo le veo con muchas posibilidades de pasar la prueba.

»Es bailarín raro. O extraño. No recuerdo cómo se me ha presentado.

–Vamos a ver, Sam. ¿De verdad le parece bien que el espíritu de un bailarín exótico, que no raro, apodado El Trípode, se pasee por el lecho conyugal de Sus Majestades?

–¿Sí?

–Muy caro. Le va a salir muy caro.

 

B.A.: 2024


lunes, 19 de febrero de 2024

Abrax, Braxas y el rayo que los parió

 



–¡Saludos, Nahna, Bruja del Páramo! Abrax le da la bienvenida al Mercado de Dona.

–¡Nahna! Del páramo la bruja. ¿Por nuestro humilde comercio qué le trae?

–Abrax. Braxas. Tengan los dos muy buenos días. Necesito mandrágora de fauno. Una raíz bien grande será suficiente. Y también nueces de Ávalon. ¿A cuánto tiene la onza, Abrax?

–Abrax tiene la onza a solo una pieza de oro. Y pueden entrar entre diez y doce nueces. Se la quitan a Abrax de las manos, señora. ¡Se las quitan a Abrax de las manos!

–¿Doce nueces a una sola pieza? ¿Tan barato, Abrax? No me estará ofreciendo jamelgo salado por unicornio, ¿verdad? Y dígame, Braxas, ¿usted a cuánto las tiene?

–Mis productos de la mejor calidad son, en cuenta lo tenga. Tres piezas a una onza es su valor pero grandes son como huevos por gallinácea puestos. Recolectados recién.

»No le engaño, bien lo sabe. Los tejemanejes a Abrax le dejo.

–Abrax se pregunta qué quieres decir con eso, Braxas.

–Compañero, digo que un estafador eres.

–Eso no se lo dices a Abrax en la cara.

–En la cara te lo digo. De aquí a Peichín malo eres. Como la quina.

–¿Qué Abrax es malo? ¡¡Que Abrax es malo, el desgraciado dice!! Pues mejor ser malo que bobalicón como tú, Braxas. Si no fuera por Abrax el negocio hace tiempo que se hubiera ido al garete. Un mes sin pagar el alquiler y Baskin, El del corazón helado, convertiría el local en una cabaña turística.

»¡Ay, Nahna! En nuestra pobre Arcadia Bajo ya solo hay sitio para turistas, tabernas y tiendas de recuerdos. Qué pocos negocios tradicionales quedan.

–¿Qué me va a contar, Abrax? La semana pasada salvé a dos idiotas de morir calcinados. Fueron al Páramo para hacerse un retrato ante una fumarola. ¡Un retrato a pigmento y aceite! Si hubieran visto como sudaba el pintamonas…

–Pero excusa no es para a la clientela engañar.

–¿Será idiota el santurrón? Nos vas a arruinar el negocio.

–Pobre pero honrado mejor es.

–Eso díselo a Baskin, a quien las hadas contagien la gripe del troll.

–¡Sinvergüenza!

–Ahora vas a ver tú…

–¡¡SE PUEDE SABER QUÉ PASA AQUÍ!! Hola, Nahna. ¿Me puedes explicar qué le pasa a estos dos buenos para nada?

–Dona, Hija de Verdulero, Hijo de Frutero. Buen día tenga. Aquí sus esposos, que tienen una visión muy distinta del negocio.

–No me digas más. Abrax, siempre taimado y tramposo, vende mucho con su género de tercera a precios de saldo mientras que Braxas, de una bondad rayana a la estupidez, atrae a los pocos arcadianos de paladar exquisito con sus productos de lujo.

–¿Y usted, Dona?

–Yo engaño lo justo para tener beneficios y conservar a la clientela.

–Dona, en usted se halla el equilibrio.

–No hay otra forma de sacar el negocio adelante. ¡Abrax! ¡Braxas! Preparadle a Nahna una onza de nueces. Mitad de una calidad y mitad de la otra.

–Y no os olvidéis de la raíz de fauno. Bien grande, por favor.

–Ya habéis oído, chicos. En marcha que el dinero no crece como las manzanas de oro en el jardín de las hermanas Herpérides.

–Bueno, Dona. ¿Y cómo es su vida con esos dos? Reconozco que Guierindie Gueltcam, El insuflador de la vida, hizo un trabajo excepcional. Pocos hubieran conseguido salvar a su pobre Abraxas, Esposo de Verdulera, cuando ese rayo lo partió por la mitad.

 –Para El insuflador de Vida no tengo más que palabras de agradecimiento, no me vayas a malinterpretar, pero usar medio golem para completar cada parte de Abraxas...

–¿Tiene quejas de su trabajo?

–Más bien de los efectos secundarios.

–¿Y cuáles son? Si puede saberse.

–Pues mire. Desde que la comunidad de Judá se instaló en el reino cada vez que uno de sus miembros tiene un problema, por muy nimio que éste sea, el golem sale del letargo para ayudarlo, arrastrando a mis maridos y dejando el puesto vacío.

»A veces pienso que mejor me habría ido si Riotuerto, El matasanos de la Cavada, hubiera cosido a Abraxas con aguja e hilo.

–¿Me hablas de sirujía? Y qué vendría luego, ¿tomarse una gragea de lonotil para dormir a los genios de la cabeza?

–No seas hipócrita, Nahna. Tú usas lentes para ver.

–Eso es cristal tallado, no aberrar a la Madre Naturaleza.

–Si tú lo dices…

–Lo digo. Pero bueno… Hablando de todo un poco. ¿Puedo hacerle una pregunta personal? Curiosidad de vieja bruja.

–Hazla y ya veré si te respondo.

–¿Cómo es tener a dos hombres en el mismo lecho?

–¡Bah! No te hagas muchas ilusiones. Incluso cuando estaba completo mi Abraxas no funcionaba ni medio bien.

–¿Quiere que le recete una píldora de genio azul?

–No te preocupes, Nahna. Siempre fui una mujer con recursos. ¿Le apetece un manojito de plátanos para esta noche? De las Islas de los Canarios, por supuesto.

–No gracias, Dona. Ya llevo cuanto necesito.

–Pues nada. Que tenga un buen día.

–Salud, Dona, Hija de Verdulero, Hijo de Frutero.

–Salud, Nahna, Bruja del Páramo.

»¡¡SIGUIENTEEE…!!

 

B.A.: 2024


Serie: Érase una vez en el reino de Arcadia Bajo

Abrax, Braxas y la madre que los parió


viernes, 14 de mayo de 2021

Superproblema

 




Nota: En español no hay un término específico para la fobia a las cucarachas. En internet se puede encontrar la forma anglosajona katsaridaphobia así como la palabra blatofobia, que es un derivado de blatodeo, familia a la que pertenecen las cucarachas. 

––––––––––––––––––––– 

El eminente psiquiatra Edmundo Greyes atendía a Dorian Largo, su nuevo paciente, quien tumbado sobre el espectacular diván que dominaba el gabinete exponía con cierta turbación su fobia a las cucarachas. Recalcaba lo difícil que le resultaba para desarrollar su labor pero tras media sesión el psiquiatra aún no sabía a qué se dedicaba.

–¿En qué trabaja, señor Largo?

–Más que trabajo es una responsabilidad social.

–¿Y es?

–¿Confidencial?

–Absolutamente.

Dorian tomó aire y con una larga exhalación confesó–. Yo soy la Corredera Humana.

–El superhéroe.

–¿Sorprendido?

–Si supiera la de seres extraordinarios que pasan por mi consulta…

–No me cree. Se lo demostraré.

Antes de que el doctor pudiera declinar la oferta, el hombre ya se hallaba en suprema concentración y al instante una legión de cucarachas surgió de los más inesperados lugares. «He de cantarle las cuarenta al exterminador», pensó el psiquiatra.

–¿Convencido? Poseo una resistencia sobrehumana y me cuelo por doquier. Además, tengo total control sobre ellas. ¡Pero me dan un asco atroz! Sería el hazmerreir de los Centinelas del Futuro si se enteraran.

»Pudo atacarme una paloma radiactiva. O un gato. Pero no. Una cucaracha mutante se cagó en mi ensalada. Dita sea…

–No desespere. Intentemos que supere el malestar enfrentándole a su fobia en una situación controlada. Llame a una de ellas y manténgale la mirada.

–No creo…

–Inténtelo.

–Si insiste… Mmmmnnno. Imposible –claudicó al poco tiempo la Corredera Humana–. Se está riendo de mí.

–Jamás en la vida…

–Usted no. La cucaracha.

 

B.A.: 2021


Serie: Terapias del doctor Edmundo Greyes



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domingo, 7 de febrero de 2021

Tragedia doméstica en tres actos

 


Acto 1

 

–¡Florindriel! ¿Dónde están las nueces de Ávalon?

–¡Dónde van a estar, Sorialas, esposo mío! En la despensa, entre las pasas y las conservas.

–No las veo.

–Ni que tuviéramos la alacena de un hobbit. ¿Tienes puesto los ojos de ver?

–Muy graciosa.

–¿A que voy yo y las encuentro?

–Mmmnnnohacefaltayalastengo…

–Llevaba yo razón, ¿verdad? Pues claro, lo que pasa es que eres un inútil. ¡Y no farfulles! No sé qué vas a dejar para cuando llegues a viejo.

–…

–¡Qué hombre! Debería haberme casado con Pádraic, El leprechaun, como me aconsejó mi madre. No será guapo pero al menos es rico, con ese pote de oro suyo al final del arcoíris…

 

(Toc, toc, toc)

 

–¿Quién puede ser? ¿A que me despierta al niño?

 

(¡Toc, toc, toc!)

 

–Ya voooy. Entre la casa, el crío, este desastre de hombre y tener que sacar a pasear a Esmígol… ¡No me da la vida!

 

(¡¡Toc, toc, toc!!)

 

¡¡QUE YA VOY!!

 

Acto 2

 

»¿Puede saberse a qué viene tanta prisa?

–Buenos días, señora. ¿Vive aquí Sorialas Calzonancho?

¿Por?

–Le traigo un pedido del almacén de Alí. Soy su repartidor express.

–¿«Express»? ¿Y qué demonios eso?

–Es una palabra britana y significa «Rápido».

–¡Pues diga «rápido» y así nos entendemos todos! Express… ¿Habrase visto? Desde que estuvo por aquí ese mago britano de tres al cuarto, todos en el reino se las dan de finolis. ¿Cómo se llamaba? Marlín, Martín,…

–Merlín.

–¡Eso es! Esto… ¿Quién decía que era usted?

–Señora, soy el repartidor express del almacén de Alí. Traigo un paquete para Sorialas Calzonancho. Vive aquí o no.

–Vale, vale. No se ponga borde conmigo. Si no le pagan lo suficiente no es culpa mía.

–¿…?

–Deme el paquete que yo se lo entrego a mi marido.

–Firme aquí y que tenga un buen día.

–Hasta más ver… ¿Qué tontería habrá comprado este hombre bueno para nada? ¡Sorialas! Han traído un paquete para ti.

–¡Por fin!

–¿En qué te has gastado ahora nuestros ahorros?

–Ahora lo verás.

–¿Una espada en la piedra? ¿De verdad me estás diciendo que yo tengo que macerar carne de jamelgo en leche salada de glutamato porque no puedo comprar una onza de unicornio donde Solrak, Hijo de Carnicero, y tú encargas un conjuro?

»¡¿Te has vuelto loco?!

–Calla Florindriel, que vas a despertar al niño.

–¡PUES QUE SE DERPIERTE! Así sabrá lo inútil que es su padre.

»¡Y tú deja de ladrar, Esmígol! Ahora te saca tu dueño a pasear.

–Florindriel… Sabes que no le caigo bien a Esmígol.

–Pues ese será tu castigo por derrochador. Madre… ¿Por qué no te hice caso?

–Deja de invocar a los demonios. Además, no es un conjuro como los de Nahna, Bruja del Páramo. Es igual que los suyos pero mucho más barato.

–Es decir, que encima has comprado una falsificación que no servirá para nada.

–No seas cenizo, mujer.

–Y para qué lo quieres, si puede saberse. ¿Pretendes arrebatarle el trono a Su Majestad, El del puño cerrado?

Sóloquieroserelreydemicasa...

–¿Qué murmuras?

–Que sólo quiero es ser el rey de mi… ¡Empresa! ¡El jefe de la empresa! No sé si me entiendes.

–Pues para eso lo que tienes que hacer es trabajar duro, y dejarte de tonterías. ¿Sabes? Mejor saco yo a Esmígol porque si no…

»¡Vamos bonito! ¿Quién es tesoro de mamá?

Mi tesorooo...

–¡Qué gracioso eres! Sorialas, cuida del niño. A ver si por lo menos vales para eso.

–Que sí, mujer, que sí... ¡Qué pesada! A ver esas instrucciones: «Quien sacare esta espada de esta roca será por derecho rey de toda la casa». Bueno, pues sólo queda tirar. A la de una, a las de dos y a las de tresssaaahhh… ¡¡MIERDA!! No sale. La maldita espada no sale. Alí me ha engañado, sea cien veces cien maldito.

»¿Ahora qué le digo yo a Florindriel?

 

(¡¡Toc, toc, toc!!)

 

–¿Quién será ahora? Y encima ha despertado al niño. Dita sea…

 

Acto 3

 

–Te saludo, Sorialas Calzonancho.

–¡Éldelgas, Hijo de Bútanor! Cuánto sin verte, mi pelirrojo amigo.

–Al menos un año. Hemos estado en campaña de recogida de gas en el Pantano de Fuego, y no puedes siquiera imaginar lo que cuesta meter en calabazas selladas las flatulencias de los orcos del metano.

–Ha tenido que pasar más tiempo porque hace un año hubo una plaga tremenda de hadas en el castillo y estuve tres semanas desplazado allí hasta que conseguí erradicarla.

»¡Cómo atrae la sangre de troll a esos bichejos!

–Ahora que lo dices, creo recordar que Florindriel me comentó algo de eso…

»Y hablando de la jefa. ¿Dónde está para que pueda saludarla?

–Sacando a Esmígol. No creo que tarde. ¡Ops! El niño, se me había olvidado...

–¿Eres padre? ¡¿Tú?! Jamás hubiera imaginado que fueras de esos que perpetúan la especie.

–Pues ya ves. Tres meses que tiene ya el grillo.

»Por favor, deja las calabazas en la cocina mientras voy a por él.

–¿Y esto, Sorialas? ¿Una espada en la piedra?

–Sí. La he comprado en los almacenes de Alí, pero el sinvergüenza me ha timado. Cuando le eche la mano encim… ¡¿Has sacado la espada?!

–Esto… ¿Sí? Perdona si te he estropeado la diversión.

»¡Mira a quién tenemos aquí! Hola pequeño. ¡Qué pelirrojo es! No sabía que hubiera bermejos en vuestras familias.

–Ni nosotros tampoco… Y dime Éldelgas, Hijo de Bútanor,… «Rey de esta casa». ¿Cuándo dices que fue la última vez que viniste por aquí?

 

B.A.: 2021


Serie: Érase una vez en el reino de Arcadia Bajo

Tragedia doméstica en tres actos




Nota: «Tragedia doméstica en tres actos» se ha llevado la primera posición
en la XXV edición del Tintero de oro.

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