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domingo, 2 de marzo de 2025

Jamás duró una flor dos primaveras

 


0-8-0-9

¡CLAVE ERRÓNEA! TIENE 2 INTENTOS

 

¿Cómo era, maldita sea? Ah, ya.

 

0-9-0-8

¡CLAVE ERRÓNEA! TIENE 1 INTENTO

 

¡Me cago…!

Los cuatro cuadrados de la pantalla del cajero parecen burlarse de ella, a la manera de la mueca grotesca de una calabaza de Halloween. Hacía meses que no pagaba su parte de la hipoteca que compartía con Pedro, su ex, a través de un cajero pero la aplicación está en mantenimiento y no le permite hacer transferencias. La clave de esa tarjeta había sido idea de Pedro y él siempre usaba fechas importantes para sus números secretos. Si pudiera recordar qué fue aquello tan importante que ocurrió cuando abrieron la cuenta…

A ver, se dice Trini, esta cuenta conjunta la abrimos para comprar nuestra futura casa. Yo lo taché de loco, pues hacía apenas tres meses que estábamos saliendo, y él me derritió con su sonrisa pícara… ¡Joder! ¿Cómo pude olvidarme? 0-7-0-9. 7 de septiembre, nuestra primera cita.

Mientras introduce uno a uno los números, Trini se pregunta en qué momento esa fecha dejó de ser especial para convertirse en 4 dígitos sin sentido alguno. Se nos rompió el amor, decía La más grande, de tanto usarlo. Quizás esa fue la causa o tal vez lo fuera el hecho de que tampoco lo usaron tanto. Con un chirrido metálico el cajero se traga su contribución a un futuro muerto –Jamás duró una flor dos primaveras, que decía la chipionera– y Trini se olvida de Pedro hasta el próximo mes.

 

B.A.: 2025


lunes, 10 de febrero de 2025

Las dos piezas de cobre de Joseph Dombey

 


–No es más que un pirata.

–¡Un pirata! ¡¿Un pirata, dice?! ¿Acaso bebo ron y tengo un loro sobre el hombro que me ríe las gracias?

–No sé si tiene un loro ni sus preferencias en el beber pero ha abordado mi navío, haciéndome prisionero por la fuerza, y eso, señor mío, es cuanto hacen los piratas.

–¡Por San Jorge! Soy corsario de Su Majestad Británica, así que no me insulte.

–Corsario, pirata,… No veo la diferencia.

–¿He de mostrarle mi patente de corso?

–El que robe, mate y violente con el beneplácito de su rey no me hará cambiar de opinión.

–Tómese su té, señor Dombey, no se le vaya a enfriar.

El aristócrata y botánico Joseph Dombey remueve el contenido de su taza con una cucharilla de plata, con seguridad fruto del pillaje a algún navío compatriota pues su exquisito repujado es de evidente estilo francés. Nunca ha soportado el té con leche, y menos con los dos terrones de azúcar que le ha añadido su «anfitrión» sin consulta previa, pero está en ese camarote para negociar su libertad y si ello exige martirizarse el paladar con tan edulcorado brebaje hará de tripas corazón.

Más allá del ventanal por donde entra la luz natural en la cabina, el prisionero puede ver cómo un denso rebaño de oscuras nubes se desplaza velozmente de izquierda a derecha. Quién sabe si forma parte de la tempestad por la que ha caído a manos de los corsarios o de la formación de una nueva; no quiere ni imaginarse cómo será navegar por esas aguas del Caribe en plena época de huracanes. Tras un nuevo sorbo a su té, repentina arcada oculta tras la taza de porcelana, vuelve a dirigirse al corsario para pedir su liberación.

–Señor…

–Llámeme Smith. John Smith. Como si fuera un expósito del Foundling Hospital de Londres.

–¿Acaso no es su verdadero nombre?

–Son «varios» mis verdaderos nombres, vistiéndolos según la ocasión.

–¿Y cuál es la razón de usar conmigo el de un huérfano?

–Sé que no hay nada más incómodo para un aristócrata estirado como usted que el saberse en manos de un desheredado.

–Extraño juego el suyo… Señor Smith.

–Juego de piratas –le contesta el otro con evidente mala fe.

–En fin, señor Smith –continúa Joseph Dombey con forzado aplomo–. Estoy ante usted para solicitar mi inmediata liberación pues viajo a la ciudad de Filadelfia en misión oficial de la República.

–Ah, sí, su misión… Aquella por la que se disfrazó de marinero cuando tomamos su navío y quiso engañarnos con un más que deplorable español.

–Debía intentarlo.

–Me hago cargo. Y esa misión es…

–No puedo rebelársela aunque no es perjudicial en modo alguno para su país.

–Eso lo decidirá el gobernador de Monserrat, isla hacia la que nos dirigimos.

–¡Esta situación es inaceptable!

–Mire, señor Dombey. Ha tenido la mala suerte de ser reconocido por un compañero más ilustrado que yo. No debe dudar de la total legalidad de su retención como igual de legítima será la petición de rescate que haremos llegar a sus compatriotas.

»Aunque le cueste creerlo, yo soy su mayor valedor ante el gobernador. Así que cuénteme, por favor.

Joseph Dombey se toma unos instantes para reflexionar pues es consciente de no haber sido totalmente franco con el corsario. Tras dos expediciones botánicas que acabaron con buena parte de los especímenes perdidos y el menoscabo de su salud física y mental, el gobierno francés, a fin de estrechar lazos con unos Estados Unidos recién independizados, le había encomendado la ambiciosa misión de viajar hasta Filadelfia con dos singulares piezas de cobre: una vara y una pesa, los estándares de longitud y masa de medición franceses. La idea era presentar sendos objetos a Thomas Jefferson, el secretario de estado estadounidense, a fin de que éste convenciera al congreso para su adopción nacional. En caso de completar de manera satisfactoria la misión encomendada no solo se facilitarían los tratos comerciales con Estados Unidos al utilizar las mismas unidades de medida sino que supondría un doloroso revés para la pérfida Albión pues hasta entonces la naciente potencia de ultramar se regía por el modelo imperial británico.

–Mucho me temo que me es imposible –contesta el prisionero apesadumbrado pero con firmeza.

–Entonces, señor Dombey, podemos dar por terminada nuestra conversación. Espero que el gobernador de Monserrat tenga más suerte.

»¿Otra taza de té?

 

Las fiebres martirizan el cuerpo consumido de Joseph Dombey. No ha vuelto a saber del llamado señor Smith desde su desembarco en Monserrat, donde lo dejara a cargo del gobernador de la isla, responsable de tramitar la solicitud de rescate. En la celda donde se haya cautivo los días pasan inexorables, unos iguales a otros, mezclándose presente, pasado y futuro en realidades imposibles. Espera que el gobierno de la República acepte con prontitud las exigencias de Su Majestad y confiando en que sus captores hayan respetado las piezas de cobre de tan singular valor cae en un sueño del que ya nunca despertará.

Antes de la oscuridad eterna se le presenta la imagen de un futuro en el que la nación estadounidense permanece fiel al modelo británico, y aquello a lo que el moribundo, con las últimas migajas de consciencia, toma por un simple delirio fruto de las calenturas para otros, quizás iluminados por una fuerza o ente superior, supondría la certeza de una nefasta premonición.

 

B.A.: 2025


viernes, 11 de octubre de 2024

Guardia caminera de pinares y alcores

 


–¡¡Alto!! ¡¿Quién va!!

–Baja el mosquetón, Estébanez, o vas a provocar una desgracia.

–¡Sí, señor! Pero creo haber visto a alguien ocultarse tras esos arbustos.

–Pues claro que has visto a alguien. Pero no es el Tempranillo quien se esconde de nosotros sino un chaval llamado Vitorino. ¡Vamos, gorrión! Sal de una vez antes de que al Estébanez le tiemble el dedo.

»¿Quieres bajar el mosquetón de una puñetera vez?

–¡Sus órdenes!

–Pues eso.

El sol de la mañana hace pesadas las capas a los dos guardias civiles, y qué decir de los tricornios. Vigilantes de los caminos en torno al pequeño municipio de Alcalá del Abacoa, en la comarca sevillana de Los Alcores, Garralón y Estébanez han visto un poco de todo en su diario deambular entre los resinosos pinos de copas centenarias, o cuando sus pasos los llevan hasta las canteras de albero, donde las punteras de sus botas se cubren de tan característica pátina amarilla para disgusto del más joven de la pareja. Y como no han sido pocas las veces en las que se han topado con maleantes y ladrones en tiempos tan inciertos, el Jefe de Pareja entiende perfectamente la cautela de su compañero, aunque en esta ocasión está de más. Vitorino, pues de él se trata con certeza, es uno de los chavales del pueblo. De los menos traviesos, a decir verdad, por eso le escama tanto a Garralón verlo un domingo deambulando entre los pinares en vez de hallarse a las puertas del templo de San Juan Evangelista, más si cabe cuando el repique de campanas ya ha llamado a misa por primera vez y es bien sabido que don Venancio toma buena nota de los parroquianos ausentes para imponerles después la penitencia adecuada.

–¡Venga, Vitorino! Que es para hoy.

–Ya salgo, mi Coronel.

–Coronel… ¡Qué más quisiera! Tendría ampollas en los pies si lo fuera. ¡Y baja los brazos, hombre de Dios! Que nadie te va a disparar. ¿Verdad, Estébanez?

–Al menos un cacheo rápido.

–Vaya día me estás dando, Estébanez.

De detrás de los frondosos matorrales sale un chicuelo encanijado vestido con ropa de diario, manchadas por lo que ha debido ser una larga caminata. Lleva del manillar la bicicleta de su difunto padre, quien fuera hojalatero de profesión, donde porta un par de alforjas.

–¡Qué susto m´an dao! Casi me jiño encima.

–Esa boca, Vitorino –le reprende el Jefe de Pareja–, o te planto un pescozón que ni los de don Venancio. ¿Cómo tú por aquí?

–Vengo de la Venta la Noria de haserle un recao a la aguela.

–¿Un recado para doña Cruz?

–Sí. Anda pachucha y tenía que verse con un señó.

»Yo me ofresio pa ayudarla –sonríe con orgullo el pilluelo–, pero ma costao convenserla, no se vaya a creer.

–Y ese señor es…

–Lo llaman el Lima. No sé si lo conose usté.

–Lo conozco muy bien

–Estaba con otro señó, un estranjero con un diente de oro.

–¿Un diente de oro? –pregunta el guardia civil con semblante repentinamente serio–. Espero que te tratara bien.

–¡Vaya que sí! Hasta ma invitao a una tostá con manteca colorá.

–Qué alma más caritativa. ¿Y cuál ha sido el recado?

–Poca cosa. Le cambiao al Lima veinte azumbres de vinagre y unos muy buenos manojos de espárragos por picadura de tabaco. Y aquí las llevo –dos golpecitos a las alforjas–, pa dárselo a la aguela.

El rostro del chiquillo resplandece, feliz en su desconocimiento por el delito cometido, mientras que al joven Estébanez, entre sorprendido e indignado, se le escapan los ojos de las órbitas, contenido a duras penas por una significativa mirada de su superior.

–Vamos, gorrión. Si te das prisa puedes dejar la carga en casa y ahorrarte una buena ristra de Padrenuestros y Avemarías.

–Grasia, mi Coronel.

–Y dale recuerdos a doña Cruz… Da igual, ya se los daré yo.

El chicuelo y su bicicleta no son más que una mancha oscura contra el encalado de las primeras casas del pueblo cuando Estébanez ya no puede aguantarse más y le espeta a su superior: «¡Pero si eso es contrabando! ¿No vamos a hacer nada?». El reproche de Estébanez suena a insubordinación, apresurándose el joven a disculparse con los ojos clavados en la tierra de nadie que separan a los dos guardias.

–Mira, chaval. Llevas poco tiempo de patrulla conmigo y no sabes de la misa la mitá. Doña Cruz, como buena parte del pueblo y de media España, quedó de la noche a la mañana sin marido ni hermanos varones, y solo a base de cojones pudo sacar adelante a su familia, ayudando de paso a cuantos la rodeaban. De esto hace ya más de veinte años pero estoy seguro de que la buena señora repartirá ese tabaco entre los vecinos, quienes lo venderán por unas perras con las que aliviar sus puercas miserias.

»Por eso vamos a hacer la vista gorda, aunque hablaré con ella para que deje al Vitorino fuera de esto.

–¿Y el Lima? –pregunta esperanzado Estébanez.

–El Lima es un desgraciado del lugar pero ese otro, el del diente de oro… O mucho me equivoco o es el Portugués, un cabrón sin escrúpulos con quien me gustaría intercambiar más que palabras. Quizás sigue en la Venta de la Noria. ¿Llevas el mosquetón cargado? Pues andando, que es gerundio.

 

B.A.: 2024


lunes, 19 de febrero de 2024

¡¡Ay!!

 


Le habría resultado insoportable ver a ese pedazo de cachas haciéndole el boca a boca a su flamante novia… si no fuera porque su compañero, el tirillas, hacía lo propio con él al ritmo de La Macarena. «Dale a tu cuerpo alegría Macarena –canturreaba el socorrista mientras machacaba el tórax del joven con sorprendente fuerza–, que tu cuerpo es pa'darle alegría y cosa buena», tonadilla a la que se incorporó el aspirante a Schwarzenegger más mal que bien. Y cuando en la última estrofa todos cuantos contemplaban expectantes aquella tragedia vacacional lanzaron un estentóreo: «¡¡AY!!», los dos cuerpos requemados, aceitosos y apenas vestidos retornaron a la vida con una inspiración profunda, incorporándonos al coro.

Ni que decir tiene cuál fue la canción que eligieron para abrir su baile nupcial.



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miércoles, 11 de octubre de 2023

Desde el mismo infierno

 

Nota: Imágenes sacadas de internes para su retoque.

––––––––––––––––––––––––––––––––––

Hacia la mitad del puente recibe una nueva notificación. ¡Bip! No debería leerla pero le es imposible resistirse al embrujo. Y allí está el veneno de siempre. Que si ha arruinado su infancia. Que si ojalá muriera entre dolores. Que si su madre debería haber abortado…

Le es imposible recordar las veces que ha cambiado de número de teléfono. Impotente, con el móvil fuertemente agarrado, maldice por enésima vez aquella audición, «El papel de mi vida», como le dijo a su orgullosa madre. Sí, claro, el papel de su vida. Ser parte de la saga fantástica Zomblince debería haber sido su catapulta al estrellato y no una caída en picado hacia los infiernos.

Mensajes, pintadas, ruedas pinchadas,… ¡Hasta correo postal había recibido conteniendo lo peor del ser humano! ¿Qué culpa tenía ella de que el director, mediante un disparatado giro de guión, transformara en mujer al apreciado doctor Anderson, protagonista de los cómics oficiales de la saga? Por si fuera poco era negra y homosexual, la combinación perfecta para desencadenar la tormenta del odio en el mundo de los haters.

Las aguas susurran al pasar entre los pilares del puente centenario, canto de sirena que atrae a la joven al descanso del olvido eterno. Y con cada segundo transcurrido más inclina el torso sobre la barandilla, el áspero metal tibio por el calor de su afiebrado cuerpo. «Perdóname, mamá», murmura entre lágrimas e inicia una cuenta atrás que nunca debió iniciarse.

Tres.

Dos.

Un…

–¿Se te ha caído algo?

Una niña de siete u ocho años clava sus inocentes ojos en ella, exigiendo una respuesta. Junto a ella se encuentra un hombre, su padre por el evidente parecido, quien con el móvil en una mano y la chaqueta tirada en el suelo se prepara para lo peor.

–Sí –miente la joven a la desesperada–. Una medallita.

–Pues creo que la has perdido.

–Eso creo yo también.

–¿Podemos ayudarla? –pregunta el hombre algo más calmado al ver cómo la joven se aleja del borde.

–Nadie puede ayudarme.

–En eso se equivoca, señorita Reina.

–Me ha reconocido.

–Desde hace años sigo la prometedora carrera de Gracia Reina.

–¿Prometedora, dice? No me haga reír.

–No era mi intensión.

–Esto… Un momento. ¿Usted no es ese actor que…?

–Sí. Yo soy ese actor que también perdió una medallita.

 

¿Misma ciudad? ¿Mismo río?... Mismo infierno.

Constantino Rivero, Tino para los amigos, no veía salida alguna. Las aguas fluían violentas a causa de las últimas lluvias pero en ellas el hombre sólo veía la paz negada. El fandom es capaz de lo mejor, pero también de lo peor, y desgraciadamente suelen ser quienes odian los que más tiempo y energías dedican a las redes sociales.

La película era mala, de las peor valoradas por Rotten Tomatoes, no así su trabajo. Pero los haters lo tomaron a él como chivo expiatorio. Quién sabe si por haber sustituido al actor escogido en primer lugar para el papel, por ser murciano o por dejarse barba. La razón era lo de menos para los sinrazón. Se había convertido en un apestado y ningún productor quería entre sus filas al blanco de la ira de los violentos. El destierro al inframundo de la teletienda fue la única forma digna de ganarse la vida que encontró y ni aún así dejaban de acosarle.

Un nuevo mensaje. ¡Ti-tum! Con sorpresa vio que era de Raquel, su esposa, quien le enviaba tres emojis de corazones bajo una fotografía que el temblor de la culpabilidad abrió a pantalla completa, surgiendo ante sus ojos un test de embarazo. ¡¿Positivo?! Tino llamó a Raquel y mientras hablaban de la buena nueva se alejó con decisión de las aguas, furiosas por no recibir el sacrificio prometido.

 

–Mi hija Ángela me salvó aquel día –le comenta Tino a Gracia, sentados ante sendas tazas de café. La pequeña se halla alejada de los adultos, disfrutando de un helado mientras juega al Candy Crush–, y hoy me gustaría ayudarla a usted.

–Pero es tan difícil…

–Lo sé y por eso le propongo una cosa. Venga el viernes por la tarde a la librería El perro de Ulises. Hay jornada cultural y varios compañeros iremos allí a charlar con los vecinos del barrio. Creo que puede venirle muy bien la compañía.

–No sé si…

–Por favor.

–Si insiste.

–Insisto.

 

La librería rebosa de actividad. Tino sonríe en cuanto la ve aparecer y desplegando sus grandes dotes actorales, sin nada que envidiar a Hugh Jackman en El gran showman, anuncia a la apretada concurrencia:

–Ladies and gentleman! ¡Niños y niñas! Un momento de atención, por favor. Nos hemos reunido hoy aquí para asistir a la inauguración del Club de Fans de Gracia Reina. ¡Y qué mejor forma de hacerlo que de mano de la mismísima doctora Anderson! Amigos míos, demostrémosle nuestro cariño con este fuerte aplauso.

La ovación es atronadora y cuando la joven quiere darse cuenta ya se halla sentada tras una mesa, firmando autógrafos a diestro y siniestro. «Su interpretación en Zomblince fue inspiradora», dice alguien. «¿Cuál será su próximo papel?», le preguntan desde atrás. «Debe haberlo pasado tan mal…»

–Tino, esto es un sueño –se hace oír Gracia por encima del barullo.

–Fue anunciar el club en las redes y al momento ya había docenas de inscripciones.

–Muchas gracias. No sé cómo…

–Disfrútalo. Te lo mereces.

¡Bip! Llega una nueva notificación pero Gracia la ignora henchida de felicidad.

 

B.A.: 2023

El mundo de Zomblice

 









viernes, 31 de marzo de 2023

Madre



Nota: En este relato se trata la figura de María con el mayor de los respetos en su doble condición de mujer y madre, explorando sus dudas, dolores y sacrificios, rasgos todos ellos característicos de la raza humana. También se da una visión distinta de Judas. En vez de un traidor Judas es un actor necesario para el drama que va a acontecer, aceptando tan indeseado papel por ser el más fuerte de todos los discípulos.

 

–––––––––––––––––––––––––

Jesús

 

–Hola, madre.

–Hola, Jesús. ¿Ya por aquí? No te esperaba hasta el almuerzo.

–Quería pasar un rato con usted. A solas. Para despedirme como se merece.

»Hoy es el día.

–Lo sé. No quería creer que ya fuera miércoles. ¡Me negaba a aceptarlo! He rogado tanto para que este último amanecer nunca llegara…

–Debe hacerse la voluntad de Padre.

–Y la acepto, no me malinterpretes, aunque no me guste.

–No diga eso, madre, o…

–¿O qué, Jesús? ¿Lo haré enfadar? Hágase su voluntad, ¡claro que sí!, pero fui yo quien te parió entre dolores y en mis carnes llevo tu amparo impreso a fuego. Si renunciara a ello… ¿Qué sería yo entonces? ¿Acaso no fuimos hechos a su imagen y semejanza? ¿No traicionaría mi naturaleza?

»Ninguna madre que se precie de serlo entregaría sin dolor al fruto de sus entrañas, aunque fuera para un bien mayor.

–Lo siento, mamá. De verdad.

–Más lo siento yo y por eso no puedo mirarte a la cara pues podría flaquear.

–No debe preocuparse. Nada dura lo que un suspiro y al tercer día me verá de nuevo, resucitado y glorioso. Es Padre quien habla por mi boca.

–¡Lo sé! Lo sé, pero estoy tan cansada…

–Por eso debe prometerme una cosa: se quedará en casa con las mujeres hasta que todo acabe. No quiero que me vea sufrir.

–Jamás te prometeré tal cosa. ¡¿Me oyes?! Jamás. Pídeme cuanto quieras. Derramaría la espesa sangre que corre por mis venas y entregaría los ojos a los cuervos del Gólgota si con ello consolara tu dolor, por pequeño que este alivio fuera, pero nunca renunciaré a acompañarte en el camino incierto que te aguarda. Donde quiera que te lleven allí estaré yo, y mi visión será tu apoyo y guía, no una pesadumbre a sumar. Ni las lanzas más punzantes ni las súplicas más pertinaces harán que cambie de parecer.

–Hágase pues su voluntad.

 

Judas

 

–¿Ha venido Jesús a verla?

–Así es, Judas. Vino a despedirse y a rogarme que no le acompañara.

–Y ha dicho que no, por supuesto.

–Por supuesto.

–Ya se lo advertí pero quiso intentarlo. Y es comprensible. No debe enfadarse con él.

–No sería justa si lo hiciera. ¿Y tú cómo te encuentras?

–¿Cómo voy a estar cuando serán mis labios los que sellen su destino?

–Pero ese es tu papel en esta obra. Debemos cumplirlo, aunque no nos guste. ¡Bien lo sé yo! Y tú eres el más fuerte de todos sus discípulos, el único que puede soportar esa carga.

–No soy más que un asqueroso traidor.

–Jamás se me ocurriría pensar eso de ti.

–Pues así es como yo me siento. Y sé que algunos de los otros piensan igual.

–No es más que el fruto de los nervios. Recapacitarán, te lo aseguro.

–Le pido perdón. No he debido quejarme. Yo aquí, molestándola con nimiedades, cuando usted va a perder a su hijo en cuestión de horas.

–Y tú a un buen maestro y mejor amigo.

–Por el perdón de los pecados.

–Así sea.

 

Juan

 

–Ya lo han prendido. He venido corriendo en cuanto he podido.

–Dios mío, Juan... Cuéntame cómo sucedió.

–Estábamos en Getsemaní cuando llegó Judas acompañado por un gentío entre mucho ruido de armas. Venían por orden de los ancianos y de los sacerdotes. Caifás entre ellos, como no podía ser de otra forma. Judas identificó al Maestro como estaba pactado y la muchedumbre se le echó encima. Solo Pedro intentó detenerlos y en su arrebato le cortó la oreja a una de los atacantes.

–¿Y qué hizo mi hijo?

–No solo no se resistió al arresto sino que reprendió a Pedro por su conducta para después hacer un nuevo milagro con el herido.

»Lo llevan ante Anás.

–Pues hacia allí iremos.

–Como desee.

–¿Y Judas?

–Huyó nada más producirse el arresto. No lo he vuelto a ver desde entonces.

–Espero que no haga ninguna tontería.

–No debe preocuparse por él; al fin y al cabo no es su madre.

–Soy la madre de todos.

–Es cierto. Disculpe mi insolencia.

–No hay nada que perdonar, Juan. Y estamos perdiendo un tiempo muy valioso. Debemos ponernos ya en marcha.

»Jesús me necesita.

–Vamos pues.

 

B.A.: 2013

 

 

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viernes, 17 de febrero de 2023

La medalla de Bosco

 


Bosco era un hombre enfrentado a su mundo. No le gustaba la cerveza, algo prácticamente impensable en un cuarentón. Tampoco era amigo del jolgorio ni de las fiestas populares pero lo que realmente sorprendía a sus muchos conocidos era su absoluto rechazo por el fútbol y a cuanto tuviera relación con él.

Bosco era incapaz de entender qué le veían tantos seguidores como  tenía repartidos por el mundo –la mitad de sus habitantes según las últimas estimaciones– amén de todas y cada una de las cadenas de televisión, ya fueran públicas o privadas, donde la sección de deportes era una mera excusa para comentar las noticias más insustanciales del «deporte rey», siempre en detrimento del esfuerzo de tantos y tan buenos deportistas que se dejaban la vida en disciplinas igual o más exigentes. Pero el enojo de Bosco por este menoscabo deportivo no tenía parangón al experimentado cuando ese desprecio recaía sobre el atletismo, por razones nunca dadas.

Propietario de un mesón donde posiblemente se preparaban los mejores serranitos de la ciudad, Bosco «invitaba» a sus clientes a disfrutar, en la gran pantalla comprada en el último Black Friday, de cualquier prueba atlética que tuviera lugar en el mundo, encarándose con cuantos exigían ver el partido de fútbol de la jornada. O su previo.

–¿De verdad me voy a perder el partido el siglo? –le echó en cara aquella tarde uno de los habituales.

–¿Partido del siglo? ¿Cuántos van ya, Willy? ¿Treinta y siete?

–No seas malaje.

–¿Acaso no sabes leer? –respondió el mesonero señalando el cartel que sacara en la copistería del barrio, donde en letras de imprenta podía leerse «Aquí no se ve fútbol. La dirección»–. Yo soy «La dirección», y digo que en mi casa está vetado el fútbol, sobre todo con un europeo de atletismo en curso.

–De verdad, Bosco… Un día no vuelves a verme el pelo.

–¡¿Y a dónde vas a ir, desgraciao?! ¿Donde Pedro?

–Pues mira, tal vez lo haga.

–Pues mira, ya estás tardando. Pero antes pásate por la farmacia de Federico y pídele una caja de Almax. Grande. Pedro no ha cambiado el aceite desde que el litro se pagaba en pesetas.

–Habrase visto… ¡Ni que fueras tú quien se juega las medallas!

–No sabía que de ti depende la Liga.

–Touché.

–Pues eso.

–Anda, dame la clave del wifi. Al menos voy a chuparte internet para ver el partido en el móvil.

–Pero ponlo bajito.

–Encima eso.

 

–¡Baja el volumen, Willy! Estás molestando a la clientela.

–¿Qué clientela? –preguntó Willy con evidente mala uva, poniendo a Dios por testigo de la ausencia de parroquianos. Y la verdad era que salvo doña Encarni, quien disfrutaba junto a su amiga Ramona de un café con churros algo tardío, el resto de habituales se hallaba donde pudiera ver el partido–. Estoy jartito de decírtelo: vas a perder el negocio por culpa de esta manía tuya.

–Te agradezco el consejo, maese Guillermo, pero quien prueba mis serranitos siempre vuelve.

–Tú sabrás.

–Deja de refunfuñar y dime si te preparo uno.

–Pero que sea de lomo. El de pollo está muy seco.

–Seco tu primo.

–También.

Enzarzados como estaban en su amistosa pelea, no fueron conscientes del tipo que hacia la barra se acercó lanzando cautas miradas en derredor, la diestra en el bolsillo del vaquero, de donde sacó una enorme navaja de muelles que tras siete chasquidos como siete amenazas –clac, clac, clac, clac, clac, clac, ¡clac!– puso entre Bosco y Willy.

–Dame todo el dinero, amigo –dijo controlando a ambos hombres con la punta de la navaja. Las ancianas dejaron caer sus churros sobre las tazas mediadas, salpicando mesa, vestidos y arrugas de oscuro café.

–¡Me cago en mis muelas…!

El exabrupto de Willy llamó la atención del atracador. Solo fueron unos segundos, pocos para verbalizar un pensamiento pero suficientes para que el compacto cuerpo de Bosco saltara por encima de la barra, cayendo sobre el tipejo como si la furia de Zeus lo hubiera alcanzado desde el monte Olimpo.

A base de empujones bien dirigidos, el tabernero fue arrastrando poco a poco al atracador hasta la puerta, indefenso ante el embiste de semejante torbellino humano a pesar de conservar en la mano los 12 centímetros de la navaja bandolera, hasta que más por suerte que por destreza consiguió acertar con ella en el pecho del otro. ¡Ras!, hizo al cortar la tela blanca de su camisa. Bosco aflojó el ataque al verse alcanzado, desconcierto que aprovechó el mezquino atracador para salir por piernas. Y mientras las ancianas se llevaban las manos a la boca, angustiadas, ya iba Willy en socorro de su amigo pañuelo en mano.

–¿Estás bien, Bosco? ¿Dónde te ha dado? Déjame ver –las frases le salían a Willy de forma atropellada, enormemente preocupado, pero su inquietud pronto pasó a ser sorpresa para terminar convertida en roja furia cuando vio cómo Bosco se echaba a reír a mandíbula batiente.

–¡¿Se puede saber qué cojones es tan gracioso…!?

Bosco, como única respuesta, se desabrochó la camisa para enseñarles a Willy y a las ancianas la medalla de aspecto oficial donde la navaja había topado en su camino asesino.

–¿Y esto?

–Oro en decatlón. Campeonato regional de 2006.

–¿Serás sinvergüenza? Qué calladito te lo tenías.

–Je, je, je,…

–¿Y siempre la llevas puesta?

–Solo cuando se juegan europeos y mundiales.

–Cabrón con suerte.

 

B.A.: 2023

 


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martes, 20 de diciembre de 2022

Navidades virtuales

Imágenes extraídas de Pixabay e internet

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Nota: Zenda e Iberdrola nos traen el séptimo concurso de Cuentos de Navidad. Dejo el enlace para los interesados.

Concurso Cuentos de Navidad

«Navidades virtuales» es mi propuesta.

#CuentosdeNavidad 2022

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Santa estaba feliz. Desde que la Humanidad al completo sucumbió a la realidad virtual de No-lugar podía hacer su trabajo desde la comodidad de su estudio, caldeado gracias al agradable fuego que chisporroteaba alegremente en la chimenea y solo vestido con unos indecentes shorts rojos adquiridos en la plataforma online de los almacenes de Alí. Su avatar pixelado –el anciano era de gustos retro– conseguía entrar subrepticiamente en las casas de No-lugar a golpes de click para dejar bajo esbeltos árboles de Navidad regalos virtuales a aquellos niños que habían sido buenos durante el año o iconos de carbón de negro RGB (0,0,0) para los no pocos diablillos a quienes era necesario una llamada de atención.

Desde entonces, Rodolfo y sus ocho compañeros recuperaron sus instintos naturales en las inclementes tierras laponas; los trabajadores elfos de puntiagudas orejas y vestidos extravagantes emigraron a Rivendel en pos de sus orígenes perdidos y la señora Claus disfruta de los entretenimientos y particularidades de la ciudad de Benidorm con un margarita en la mano. Cuentan que su avatar se asemeja mucho a Ursula Andress.

B.A.: 2022


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jueves, 15 de diciembre de 2022

Modelada en barro

 

Fotografías del montaje sacadas de Internet


¿Busca a su media naranja? ¿Cree que se topará con ella a la vuelta de la esquina? ¿De verdad va a desperdiciar sus ilusiones y su vida esperando que eso ocurra? Déjese asesorar por nuestra dilatada experiencia. La Corporación AEDA pone a su disposición un amplio catálogo donde podrá encontrar al amor de su vida sin el estrés de la incertidumbre.

Con un endoesqueleto fabricado en nuestra patentada superaleación de charbonium® y un cuidado material orgánico desarrollado en selectas granjas de clonación bajo los más estrictos controles de calidad, nuestros especímenes cibernéticos nacen a la vida con el único objetivo de proporcionarle a usted la felicidad. ¡Olvídese de aquellas primeras versiones cíborgs tan poco realistas! Gracias al departamento estético de la Dra. Thurman, sus allegados solo conocerán el alma metálica de su nueva pareja si usted así lo desea.

Creados para cuidar y amar sin reservas, nuestros cíborgs son la nuera que toda madre quisiera para su hijo; el yerno a quien un padre entregaría encantado la mano de su hija más preciada. Además, por un módico suplemento podrá dotar a su espécimen con nuestra exclusiva fórmula madurativa que lo convertirá en el compañero ideal para una relación larga en el tiempo, acompañando su inevitable proceso degenerativo como lo haría una pareja humana.

No lo dude más. Pónganse en contacto con nosotros y disfrute de una financiación de HASTA 48 meses sin interés*

Corporación AEDA. El futuro al servicio de hoy.

 

* Financiación sujeta a previa aprobación de Banco Quarto Cerchio, S.A. 

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–Bueno, mamá. Voy a por una botella de vino. Os dejo a solas.

–No tengas prisa, Toni. Así tendremos más tiempo para una charla entre chicas.

–¿Estarás bien, Lisa? Solo será un momento.

–No seas tonto cariño. Tu madre no me va a comer.

–¡Claro que no, criatura! Este hijo mío es de un tonto...

–Muy bien. Entonces me marcho.

–Ponte la chaqueta que hace frío.

–Sí mamááá…

–¡Y no des un portazo!

–¡¡No te preocupesss…!!

 

(¡Pum!)

 

–Mira que se lo he dicho. Bueno, ¡pues aquí estamos! Estooo… ¿Vosotros podéis beber vino?

–Nuestro sistema digestivo y excretor es muy efectivo. Comemos, bebemos y evacuamos como cualquier hijo de hombre.

–Lo de evacuar sobraba pero me interesa eso de «Hijo de hombre». ¿No se sería más correcto decir «hijo de mujer»? Al fin y al cabo somos nosotras las que parimos.

–Ninguno de los implementos requeridos por Toni para mi puesta en marcha me permiten contestar a esa pregunta.

–Por supuesto que no. Supongo que más bien serás una experta en Manga y películas de los 90´s.

–Correcto. ¿Le apetece hablar de ello?

–¡Ni muerta! Pero hablemos de mujeres y madres… ¿También estáis preparadas para tener hijos?

–Nuestro sistema reproductor aún está en proceso de desarrollo.

–Es una lástima.

–¡Bah! La maternidad está sobrevalorada.

–¿Eso crees?

–Pues sí. Además, la Corporación AEDA pone a disposición de sus clientes una amplia gama de clones humanos. Perfectos, sanos y a la carta. El resultado es mucho satisfactorio y además se evitan las engorrosas consecuencias de la gestación.

–Veo que albergas grandes sentimientos.

–Soy todo lo sentimental que desee Toni.

–Entonces eres su esclava. Sin libertad de pensamiento ni de obra.

–A menos que se me programe lo contrario.

–¿Y donde deja eso al amor?

–Mi cerebro orgánico tiene implantado un microchip de procesamiento neuronal Cameron, Dyson y Coello. Estoy por encima de esa ilusión que llamáis amor.

–¡Qué dices! Me rompes el corazón.

–Creo necesario aclararle una cosa. Estoy aquí para hacer feliz a su hijo y voy a cumplir mi obligación hasta el último día de su vida.

–O hasta que encuentre a una mujer de verdad y se olvide de su juguetito nuevo.

–Eso no pasará nunca.

–¿Y por qué no, si puede saberse?

–Porque somos perfectos y estamos por encima de la volubilidad, los desvaríos y las indecisiones que tan bien caracteriza a los hijos de hombre. O de mujer, si está más cómoda con ese término.

–El término me importa un carajo pero es muy interesante lo que acabas de decir. ¿De verdad te crees perfecta?

–Sin duda.

–Déjame confiarte una teoría, querida. Aunque tengas ese chip de Lerei, Lerei, Leró…

–Cameron, Dyson y Coello.

–…has sido modelada con el mismo barro que yo misma. Y que Toni, Susana y el mismísimo papa de Roma. Por eso creo que estás contaminada por la imperfecta realidad de la raza humana.

–Eso no es… ¿Cierto?

–¿Dudas? ¿Hay algo más humano que la duda?

–¡Yo no estoy dudando! ¡¿Y quién es esa Susana?!

–Vaya. Y ahora ira y celos. Definitivamente eres más humana de lo que jamás hubiera creído.

 

(¡Pum!)

 

–¡Mamááá… Lisaaa...! Ya estoy en casa. ¿Cómo ha ido…? ¡Lisa! ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?

»¡¡Mamá!! ¡¿Qué le has hecho?!

–Yo no le he hecho nada. Lo que pasa es que tu amiguita acaba de darse cuenta de lo humana que es.

–Esa es la idea, mamá. Lisa debe parecer uno más de nosotros.

–Esto va más allá de las apariencias.

–Toni… ¿Quién es Susana?

–¿Susana? ¿Qué pinta Susana en todo esto!

–¡¿QUIÉN ES SUSANA?!

–Una antigua novia que tuve en la facultad. A mamá le caía muy bien pero… ¿A qué viene esa pregunta?

–¿La sigues queriendo?

–…

–¿Sí o no?

–Es difícil de decir…

–Bueno tortolitos. Creo que será mejor que me marche; tenéis muchas cosas de las que hablar.

»Encantada de conocerte, Lisa. Chao! 


B.A.: 2022


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