lunes, 12 de abril de 2021

La jauría

 


–Llamando a Control Central. Control Central, aquí transbordador espacial Verne V. Pido autorización para la 4ª órbita.

–Control Central a Verne V. Verifique que la presión está dentro del límite.

–Las lecturas del sistema de control ambiental son normales.

–Conforme. También son correctas desde aquí. Inicien la entrada en la 4ª órbita.

–Recibido. Estamos comprobando todos los mecanismos. Perfecto. Dispuestos para salir al espacio.

–Verne V. Pueden salir en cuanto estén preparados. No esté fuera mucho tiempo, Cris.

–No se preocupe. Nos atendremos al plan. Listos.

–Control a Verne V. Comienza la cuenta atrás. 4, 3, 2,1,… ¡Fuera!

–Control. Aquí Cris. He salido bien. ¡Las vistas son grandiosas! El brazo robótico funciona a la perfección.

–Control a Verne V. ¡Atención! Hemos detectado una extraña lectura por popa. Los instrumentos lo identifican como una onda de radiación neutrónica.

–¿Radiación neutrónica?

–Lo sé. Parece una locura. Una mala calibración, sin duda. De todas formas, no parece que les vaya a afectar.

»Vuelva a la nave mientras lo comprobamos.

–Entendido, Control.

–Un momento. Cris, llaman desde la estación de Hawái. ¿Cómo dice? ¡¿Eso es imposible?! Mierda. Control a Verne V. Cris, Hawái nos informa que la onda ha puesto rumbo de colisión contra ustedes. ¡Repito! La onda se dirige hacia ustedes. ¡Vuelva inmediatamente a la nave!

 

Desde la magnífica atalaya que son los 11 metros de largo del brazo robótico al que se encuentra anclado, al astronauta Cris Gala se le erizan los pelillos de la nuca pues hacia ellos se dirige lo que parece una nube plateada, ondulante como el océano enfurecido. El miedo se convierte en pavor cuando los rayos del sol naciente, allí abajo tras el planeta Tierra –o arriba, o donde quiera que el sentido de la orientación sitúe a la diosa Aurora– incide sobre la masa multiforme, y el hombre puede distinguir cómo una veintena de perros enfebrecidos pugnan con saña entre ellos por ser quien encabece la fantasmagórica jauría, entrelazados unos con otros para crear un ser fantástico y abominable sólo posible en las pesadillas de Lovecraft. Diversa es la procedencia de estos espectros vagabundos, ecos todos ellos de cánidos que fueron lanzados al espacio exterior para mayor gloria de sus traicioneros amos humanos, convertidos en meros números de otra estadística más por un imprevisto, un mal cálculo o una despreciable decisión.

«¿Onda de radiación de neutrones? ¡Y una mierda!», se dice Cris mientras acciona con desespero los controles de dirección del brazo robótico, pero éste no ha sido diseñado para moverse a altas velocidades y así, centímetro a centímetro, el astronauta ve acercarse a exasperante lentitud la seguridad de la astronave.

Quedan unos pocos metros cuando se le echa encima el temible fenómeno. Su cuerpo es una presa fácil, allí atado e indefenso en la soledad del espacio, y no puede más que alzar plegarias apenas recordadas hacia el cielo estrellado. La férrea estructura de su traje espacial encaja bastante bien el encontronazo pero las dentelladas son muchas, y dadas con verdadera saña, y a ellas hay que sumar el rasgar de decenas de garras afiladas como cuchillas de afeitar.

La saliva le empieza a arder en la boca en el preciso momento en que toca con la punta de los dedos la compuerta de la astronave, evidencia ésta, junto con la hinchazón que siente bajo la piel –su cuerpo no corre el riego de ezplotar como lo haría en las ficciones hollywoodienses– de una despresurización. La agresión ha abierto una brecha en alguna de las partes flexibles del traje y junto con el vacío del exterior de intenso olor a carne a la plancha y metal caliente, entran los atacantes en forma de neblina que gruñe, muerde y desgarra.

Afortunadamente, Cris cae en la inconsciencia, bendita sea mil veces, pues hasta que a los 29 segundos colapsen sus pulmones, los fantasmagóricos animales se dedicarán a despedazar con violencia su cuerpo indefenso, ahorrándole el dolor de sentir cómo la carne es separada de los huesos y los órganos internos expuestos como ofrendas rituales de una civilización apenas recordada.

La jauría deja atrás el cuerpo sin vida del astronauta, rodeado de rubíes que brillan a la luz del nuevo día como lo haría un puñado de sangre congelada, y hace del transbordador espacial su nueva presa, dispuesta a no dejar pieza sobre pieza hasta entrar en él, pues aún no ha sido colmada su sed de venganza. Y así, una vez abra una vía de acceso en la compleja estructura, el equipo humano de la Verne V caerá uno tras otro sin misericordia alguna bajo la furia ciega de aquellos cuya fidelidad fue traicionada.

 

–Control Central a Verne V. Control a Verne V. ¡CONTESTEN, MALDITA SEA! Cris, David,… Quien sea. ¡Qué demonios está pasando!

Tras una última transmisión que suena como lo haría un puñado de perros rabiosos, el ruido de la estática llena el denso silencio de la sala. Tampoco en Hawái se atreve nadie a hablar, consientes del fin del transbordador espacial Verne V y de toda su tripulación.

La conclusión a la que llegará el gabinete de crisis convocado de urgencia para esa misma tarde será que una onda de radiación neutrónica, imposible de prever, ha sido la causante de la tragedia, explicación ya usada con anterioridad en varios casos de satélites de comunicación perdidos. Harán falta varias misiones fallidas más para conocer la verdadera y terrible razón.

 

B.A.: 2021


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jueves, 11 de marzo de 2021

And the winner is...

 

 


–Y el ganador es… ¡¡George Lucas!!

Arropado por los aplausos de los asistentes a la entrega de los premios Óscar de 1979, George Lucas recibe de manos de su buen amigo Steven Spielberg el reconocimiento al mejor director por Apocalypse Now. Poco después también recogerá el Óscar a la mejor película, culminando así la que debería ser su gran noche.

 

La fiesta está en todo su apogeo. Al flamante ganador, hombre tímido como pocos, el barullo de la celebración lo aturde sobremanera y tras recibir las felicitaciones de Robert Benton –su Kramer contra Kramer ha sido la gran derrotada de la noche–, sale a la terraza con paso apresurado. Ante la balconada, no son las vistas de Los Ángeles lo que reclama su atención sino las estrellas que titilan sobre su cabeza, desde aquellas galaxias lejanas, tan tan lejanas.

George no se llama a engaño. Los diez años de desgaste padecidos durante la filmación de Apocalypse Now, sumados a la crisis de su matrimonio con Marcia, le obligarán a abandonar The Star Wars, su más preciado proyecto, una space opera a lo Buck Rogers donde pretendía enseñar a los jóvenes que la vida no sólo era miseria y matanza, devolviéndoles la ilusión perdida por tantos años de conflictos armados. Muy al contrario, espoleado por su amigo y mentor Francis Ford Coppola, su oscarizada película ha asentado tan desalentadora idea. ¿Podría Steven recoger el testigo?

Cuando George regresa a la fiesta, cabizbajo, una estrella se apaga definitivamente a sus espaldas.

 

B.A.: 2021

–––––––––––––––––––––

Hola tinteros. Mi ucronía modifica un hecho histórico cinematográfico. Puede que no sea relevante para la gran mayoría de vosotros, con toda seguridad es una minucia para la historia de la humanidad, pero en lo que a mí concierne puedo asegurar que si esta realidad hubiera llegado a producirse seguramente no existiría mi blog de relatos, o sería radicalmente distinto, pues yo no sería quien soy.

El punto jombar es el siguiente. George Lucas, el creador de la saga Star Wars, era la primera opción de Francis Ford Coppola para dirigir Apocalypse Now. Coppola fue el padrino cinematográfico de Lucas, y bajo su protección –y producción– realizó sus dos primeras películas: THX 1138 y American graffiti, ambas muy bien consideradas por los críticos. George Lucas trabajó en el proyecto de Apocalypse Now casi cuatro años hasta que las constantes dificultades de la producción, su ilusión por llevar a cabo The Star Wars, así como el propio carácter del director, lo decidió a abandonarlo por los sucesos acaecidos hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, muy muy lejana. Ni que decir tiene que la amistad entre Lucas y Coopola sufrió un enorme varapalo. Como ejemplo de ello, dejo un extracto de una reciente entrevista al director de El Padrino: «Lucas creó algo que llenó el mundo de felicidad, alegría, placer e incluso diría que sabiduría. Cualquier beneficio que haya sacado de ahí, tengo que decir que se lo merece del todo. Pero si siento tristeza por algo, es por el hecho de que no haya hecho ninguna otra de las películas que iba a hacer. George es una persona realmente brillante y talentosa».

¿Y si George Lucas hubiera dirigido Apocalypse Now? Quizás no le habría ganado la partida a Kramer contra Kramer –como yo imagino en mi relato–, pero seguramente al director le habría sido muy difícil embarcarse en una locura tan fantástica como fue, y sigue siendo, Star Wars, apagándose una estrella para muchos de nosotros.

 

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domingo, 7 de febrero de 2021

Tragedia doméstica en tres actos

 


Acto 1

 

–¡Florindriel! ¿Dónde están las nueces de Ávalon?

–¡Dónde van a estar, Sorialas, esposo mío! En la despensa, entre las pasas y las conservas.

–No las veo.

–Ni que tuviéramos la alacena de un hobbit. ¿Tienes puesto los ojos de ver?

–Muy graciosa.

–¿A que voy yo y las encuentro?

–Mmmnnnohacefaltayalastengo…

–Llevaba yo razón, ¿verdad? Pues claro, lo que pasa es que eres un inútil. ¡Y no farfulles! No sé qué vas a dejar para cuando llegues a viejo.

–…

–¡Qué hombre! Debería haberme casado con Pádraic, El leprechaun, como me aconsejó mi madre. No será guapo pero al menos es rico, con ese pote de oro suyo al final del arcoíris…

 

(Toc, toc, toc)

 

–¿Quién puede ser? ¿A que me despierta al niño?

 

(¡Toc, toc, toc!)

 

–Ya voooy. Entre la casa, el crío, este desastre de hombre y tener que sacar a pasear a Esmígol… ¡No me da la vida!

 

(¡¡Toc, toc, toc!!)

 

¡¡QUE YA VOY!!

 

Acto 2

 

»¿Puede saberse a qué viene tanta prisa?

–Buenos días, señora. ¿Vive aquí Sorialas Calzonancho?

¿Por?

–Le traigo un pedido del almacén de Alí. Soy su repartidor express.

–¿«Express»? ¿Y qué demonios eso?

–Es una palabra britana y significa «Rápido».

–¡Pues diga «rápido» y así nos entendemos todos! Express… ¿Habrase visto? Desde que estuvo por aquí ese mago britano de tres al cuarto, todos en el reino se las dan de finolis. ¿Cómo se llamaba? Marlín, Martín,…

–Merlín.

–¡Eso es! Esto… ¿Quién decía que era usted?

–Señora, soy el repartidor express del almacén de Alí. Traigo un paquete para Sorialas Calzonancho. Vive aquí o no.

–Vale, vale. No se ponga borde conmigo. Si no le pagan lo suficiente no es culpa mía.

–¿…?

–Deme el paquete que yo se lo entrego a mi marido.

–Firme aquí y que tenga un buen día.

–Hasta más ver… ¿Qué tontería habrá comprado este hombre bueno para nada? ¡Sorialas! Han traído un paquete para ti.

–¡Por fin!

–¿En qué te has gastado ahora nuestros ahorros?

–Ahora lo verás.

–¿Una espada en la piedra? ¿De verdad me estás diciendo que yo tengo que macerar carne de jamelgo en leche salada de glutamato porque no puedo comprar una onza de unicornio donde Solrak, Hijo de Carnicero, y tú encargas un conjuro?

»¡¿Te has vuelto loco?!

–Calla Florindriel, que vas a despertar al niño.

–¡PUES QUE SE DERPIERTE! Así sabrá lo inútil que es su padre.

»¡Y tú deja de ladrar, Esmígol! Ahora te saca tu dueño a pasear.

–Florindriel… Sabes que no le caigo bien a Esmígol.

–Pues ese será tu castigo por derrochador. Madre… ¿Por qué no te hice caso?

–Deja de invocar a los demonios. Además, no es un conjuro como los de Nahna, Bruja del Páramo. Es igual que los suyos pero mucho más barato.

–Es decir, que encima has comprado una falsificación que no servirá para nada.

–No seas cenizo, mujer.

–Y para qué lo quieres, si puede saberse. ¿Pretendes arrebatarle el trono a Su Majestad, El del puño cerrado?

Sóloquieroserelreydemicasa...

–¿Qué murmuras?

–Que sólo quiero es ser el rey de mi… ¡Empresa! ¡El jefe de la empresa! No sé si me entiendes.

–Pues para eso lo que tienes que hacer es trabajar duro, y dejarte de tonterías. ¿Sabes? Mejor saco yo a Esmígol porque si no…

»¡Vamos bonito! ¿Quién es tesoro de mamá?

Mi tesorooo...

–¡Qué gracioso eres! Sorialas, cuida del niño. A ver si por lo menos vales para eso.

–Que sí, mujer, que sí... ¡Qué pesada! A ver esas instrucciones: «Quien sacare esta espada de esta roca será por derecho rey de toda la casa». Bueno, pues sólo queda tirar. A la de una, a las de dos y a las de tresssaaahhh… ¡¡MIERDA!! No sale. La maldita espada no sale. Alí me ha engañado, sea cien veces cien maldito.

»¿Ahora qué le digo yo a Florindriel?

 

(¡¡Toc, toc, toc!!)

 

–¿Quién será ahora? Y encima ha despertado al niño. Dita sea…

 

Acto 3

 

–Te saludo, Sorialas Calzonancho.

–¡Éldelgas, Hijo de Bútanor! Cuánto sin verte, mi pelirrojo amigo.

–Al menos un año. Hemos estado en campaña de recogida de gas en el Pantano de Fuego, y no puedes siquiera imaginar lo que cuesta meter en calabazas selladas las flatulencias de los orcos del metano.

–Ha tenido que pasar más tiempo porque hace un año hubo una plaga tremenda de hadas en el castillo y estuve tres semanas desplazado allí hasta que conseguí erradicarla.

»¡Cómo atrae la sangre de troll a esos bichejos!

–Ahora que lo dices, creo recordar que Florindriel me comentó algo de eso…

»Y hablando de la jefa. ¿Dónde está para que pueda saludarla?

–Sacando a Esmígol. No creo que tarde. ¡Ops! El niño, se me había olvidado...

–¿Eres padre? ¡¿Tú?! Jamás hubiera imaginado que fueras de esos que perpetúan la especie.

–Pues ya ves. Tres meses que tiene ya el grillo.

»Por favor, deja las calabazas en la cocina mientras voy a por él.

–¿Y esto, Sorialas? ¿Una espada en la piedra?

–Sí. La he comprado en los almacenes de Alí, pero el sinvergüenza me ha timado. Cuando le eche la mano encim… ¡¿Has sacado la espada?!

–Esto… ¿Sí? Perdona si te he estropeado la diversión.

»¡Mira a quién tenemos aquí! Hola pequeño. ¡Qué pelirrojo es! No sabía que hubiera bermejos en vuestras familias.

–Ni nosotros tampoco… Y dime Éldelgas, Hijo de Bútanor,… «Rey de esta casa». ¿Cuándo dices que fue la última vez que viniste por aquí?

 

B.A.: 2021


Serie: Érase una vez en el reino de Arcadia Bajo

Tragedia doméstica en tres actos




Nota: «Tragedia doméstica en tres actos» se ha llevado la primera posición
en la XXV edición del Tintero de oro.

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jueves, 14 de enero de 2021

Entre tinieblas y agua de azahar



Nota: El Tintero de Oro propone para el mes de enero escribir un relato de 250 palabras que esté narrado en primera persona por un personaje ciego de nacimiento. Aquí está mi propuesta.

 

–––––––––––––––––––––


–Cati, coge mi mano.

–Pero es mi casa y tú eres…

–Confía en mí.

Es un apagón generalizado. La ciudad no está preparada para tan tremenda ola de calor y los cortes de luz son una constante. Sin los móviles a mano, Cati proponer llegar a la cocina, donde afirma tener alguna vela con la que burlar las tinieblas. Al menos las suyas, pues yo vivo en ellas desde que nací.

Cati agarra mi mano, decidida, y una corriente eléctrica recorre mi cuerpo, recordándome la razón por la que estoy allí. «Tengo algo que confesarte», fue el críptico mensaje de mi amiga y ante su puerta me presenté con la esperanza de ser la razón de sus desvelos. Pues Cati está enamorada, no necesito los poderes de Daredevil para saberlo, y toda la información que recibo de su cuerpo afiebrado me lo confirma, desde su alegría apenas contenida al nerviosismo de su conversación, llena de evasivas. Y ese perfume de azahar, tan distinto de la colonia de baño que utiliza a diario. Nunca me ha ido mal en el amor, pero Cati es Cati.

Me muevo sin dudar por el piso, guiándola para que no tropiece con sus propios muebles. Ya en la cocina, animada por la intimidad que da la vela, Cati se deja de rodeos, y es entonces cuando percibo la nota discordante.

–¿Conozco al afortunado? –corto la confesión apenas iniciada, desilusionado.

–¿Cómo sabes…?

–No hace falta ser Daredevil –digo y compongo mi más honesta sonrisa de amigo.

 

B.A.: 2021


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viernes, 11 de diciembre de 2020

Un cumpleaños y un adiós

 


«Mensaje de Arecibo: Relatos desde el planeta Tierra» cumple este diciembre siete años de andadura. Aprovecho la oportunidad de participar como invitado en la edición XXIV del Tintero para celebrarlo con todos vosotros.

 

Un cumpleaños y un adiós

 

Los noto a mis espaldas cada vez que enciendo el ordenador. Me erizan con su aliento los pelillos del cogote, sobre el que hacen planear alguna que otra colleja cada vez que las musarañas atrapan mi atención –hay que entenderlos, no están aquí para perder el tiempo–. También me acompañan durante la tediosa tarea de la limpieza diaria, distrayendo mi imaginación con frases ingeniosas dichas en voz queda, y los hallo junto a mi cama cuando a las tres de la mañana me despierto con unas pocas líneas atrapadas en mi cabeza –«¡Libre! La pluma escapó del encierro del edredón con un ¡pop! más imaginado que audible, y aprovechó el primer barrido de la semana para salir por el hueco de la ventana, a la búsqueda del recuerdo de lo que fuera un día», es lo último que escribí en la aplicación de notas de mi teléfono móvil con ojos legañosos bajo su supervisión–. Son inexistentes como los sueños a la luz del alba, y aun así de una realidad cierta, poderosa, guías serenos de las palabras tecleadas por mis torpes dedos sobre un teclado QWERTY de lo más normalucho y un punto cochambroso.

Ian Fleming, Orson Scott Card, Jerry Pournelle,… Ray Bradbury me contempla con sus ojos engurruñados a través de unas gruesas gafas de pasta. Lleva en las manos un ejemplar de su obra de referencia, Crónicas marcianas, a la que dediqué un sincero homenaje el pasado mes de abril, recién estrenada esta maldita pandemia de cuyo final aún no sabemos nada a ciencia cierta. A su lado se encuentra Arturo Pérez-Reverte. El responsable del sillón T de la Real Academia de la Lengua ve pasar la vida con una mueca sarcástica, tan característica de quien viene de vuelta de todo, para después intercambiar unas palabras con Julio Verne. ¡Cómo no iba a estar él ocupando un sitio de honor en la fila de mis musas! ¿Qué hubiera sido de mí sin su Dueño del mundo? Puedo decir sin lugar a error que sobre su obra se articula todo mi trabajo, por muy fría que le resulte a algunos de sus personajes. ¿No es así, don Arturo?

Asimov, King y Ende por su poderosa imaginación. Y también algunos autores nórdicos de novela negra, como Larsson o Nesbø. Arthur Conan Doyle y su eterno tándem formado por Sherlock Holmes y el doctor Watson, y cómo no iban a estar cineastas de la talla de Spielberg, Burton, Raimi, Leone, Besson, Kurosawa o Cameron. Y Lucas. No puedo olvidarme de George Lucas, a quien tanto debe la estación espacial Rebis. ¿Alguna vez verá la luz mi space opera? No lo sé.

Metal, cromo, rayos láser, aventura épica y malos muy malvados de dificultosa respiración; planetas imaginarios y vueltas al mundo en 79 días; androides de protocolo y astromecánicos de lenguaje grosero; cíborg defensores de la ley con recuerdos humanos, T-800 asesinos y aquellos otros, los llamados Nexus-6, que han visto brillar rayos-C en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Y también zombis, y vampiros y extraterrestres de toda índole, de piel verde o azul o anaranjada dependiendo del planeta donde nacieran. Vivos o ya muertos siempre vivos, el trabajo imperecedero de todos ellos ha hecho de mí al creador que soy hoy, con sus pocas virtudes y muchos defectos. Tengo tanto que agradecerles…

Este diciembre se cumplen siete años del inicio de la andadura de mi modesto blog de relatos, y precisamente el día 1 me llega la noticia del colapso del radiotelescopio Arecibo, aquel por el que fuera bautizado. Me urge la necesidad de escribir un microrrelato en su honor, así que husmeo en la web a la búsqueda y captura de información sobre los diversos intentos de la Humanidad por entablar contacto extraterrestre.

La investigación parece agradar a Julio Verne, tan puntillista en todo lo relacionado con la literatura científica, pero su aceptación vira al disgusto cuando ve cómo me conformo con sólo un puñado de datos. «Disculpa, maestro –me dirijo a su figura borrosa por el descontento–. Sólo busco algo de base para un relato de 900 palabras. Pero no lo defraudaré –aseguro convencido–; tengo previsto terminarlo de forma melodramática». No lo puedo evitar. Los finales felices se me escurren entre las manos como el agua de lluvia y mis pensamientos ya moldean el trágico fin de un radiotelescopio imaginario emplazado en la isla de Gran Canarias, donde llegaría la ansiada respuesta extraterrestre en el momento exacto de su desconexión, sin técnico ni científico alguno que diera testimonio del extraordinario acontecimiento. Para bien o para mal.

Y con una urgencia desbocada, sin convencer del todo al viejo escritor, me pongo a aporrear el teclado de mi ordenador.

 

Era una época de ilusión. El hombre había por fin dejado su huella impresa sobre la superficie lunar y el deseo de encontrar vida extraterrestre era cada vez más acuciante. Las sondas espaciales Voyager llevaban en sus tripas información sobre el planeta Tierra con la esperanza de un encuentro con vida inteligente, y desde Arecibo se lanzó al cúmulo globular M13 un mensaje de parecida índole de 1679 bits, que tardaría unos 25 milenios en llegar. Con tal derroche de presupuesto invertido por los más importantes organismos del mundo, nadie podía imaginar que los instrumentos alienígenas estuvieran en línea con un humilde radiotelescopio situado en suelo canario…

 

B.A.: 2020





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