jueves, 30 de marzo de 2023

El bosque - No dejes que entre

 


Para el microrreto de marzo, la película que he elegido es El bosque, de M. Night Shyamalan. En ella, una pequeña aldea rural de Covington, Pensilvania, vive atemorizada por la presencia de unos seres demoníacos que habitan los bosques que la rodea. En un momento dado, por razones nada claras, estos seres rompen el pacto de no agresión establecido y llevan el terror a la pacífica comunidad, cuyos miembros corren a sus casas en busca de protección. Ivi, una joven invidente, se niega a huir pues sabe que su amado Lucius vendrá a por ella.

 

Ivi tenía miedo. Su cuerpo temblaba como lo hacen las hojas del roble ante el primer viento que anuncia la llegada del otoño, y aun así, desoyendo la voz del espíritu de supervivencia tan presente en la naturaleza humana, anduvo hasta la puerta, paso a paso, rumbo a la noche donde acechaban aquellos de los que no se hablaba. Desde la trampilla abierta en el suelo, su hermana Kitty le suplicaba con lágrimas en los ojos. «No dejes que entre», susurraba, venciendo el impulso de cerrar la trampilla, pero Ivi no podía esconderse cuando sabía que Lucius  iría para comprobar que se encontraban bien.

La joven aguardó con el brazo derecho extendido y no se movió aun cuando una presencia demoníaca sacudió sus sentidos a su izquierda, avanzando hacia ella entre gruñidos quedos y rumor de ramas. Y cuando apenas les separaban unos metros Ivi sintió cómo una mano masculina, ruda y áspera, la agarraba de la muñeca expuesta para llevarla a la protección de la casa, viéndose arrastrada a un extraño baile en el que solo ellos dos podían oír la música. A pesar de su ceguera la joven no tuvo dudas de quién era él pues Lucius tenía un color muy especial, diferente del de cualquiera de sus vecinos, y supo que por fin el callado joven al que amaba había vencido todos sus silencios y reservas, firmando un pacto de amor que ni el miedo, el dolor o la muerte podría romper.

 

B.A.: 2023



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viernes, 17 de febrero de 2023

La medalla de Bosco

 


Bosco era un hombre enfrentado a su mundo. No le gustaba la cerveza, algo prácticamente impensable en un cuarentón. Tampoco era amigo del jolgorio ni de las fiestas populares pero lo que realmente sorprendía a sus muchos conocidos era su absoluto rechazo por el fútbol y a cuanto tuviera relación con él.

Bosco era incapaz de entender qué le veían tantos seguidores como  tenía repartidos por el mundo –la mitad de sus habitantes según las últimas estimaciones– amén de todas y cada una de las cadenas de televisión, ya fueran públicas o privadas, donde la sección de deportes era una mera excusa para comentar las noticias más insustanciales del «deporte rey», siempre en detrimento del esfuerzo de tantos y tan buenos deportistas que se dejaban la vida en disciplinas igual o más exigentes. Pero el enojo de Bosco por este menoscabo deportivo no tenía parangón al experimentado cuando ese desprecio recaía sobre el atletismo, por razones nunca dadas.

Propietario de un mesón donde posiblemente se preparaban los mejores serranitos de la ciudad, Bosco «invitaba» a sus clientes a disfrutar, en la gran pantalla comprada en el último Black Friday, de cualquier prueba atlética que tuviera lugar en el mundo, encarándose con cuantos exigían ver el partido de fútbol de la jornada. O su previo.

–¿De verdad me voy a perder el partido el siglo? –le echó en cara aquella tarde uno de los habituales.

–¿Partido del siglo? ¿Cuántos van ya, Willy? ¿Treinta y siete?

–No seas malaje.

–¿Acaso no sabes leer? –respondió el mesonero señalando el cartel que sacara en la copistería del barrio, donde en letras de imprenta podía leerse «Aquí no se ve fútbol. La dirección»–. Yo soy «La dirección», y digo que en mi casa está vetado el fútbol, sobre todo con un europeo de atletismo en curso.

–De verdad, Bosco… Un día no vuelves a verme el pelo.

–¡¿Y a dónde vas a ir, desgraciao?! ¿Donde Pedro?

–Pues mira, tal vez lo haga.

–Pues mira, ya estás tardando. Pero antes pásate por la farmacia de Federico y pídele una caja de Almax. Grande. Pedro no ha cambiado el aceite desde que el litro se pagaba en pesetas.

–Habrase visto… ¡Ni que fueras tú quien se juega las medallas!

–No sabía que de ti depende la Liga.

Touché.

–Pues eso.

–Anda, dame la clave del wifi. Al menos voy a chuparte internet para ver el partido en el móvil.

–Pero ponlo bajito.

–Encima eso.

 

–¡Baja el volumen, Willy! Estás molestando a la clientela.

–¿Qué clientela? –preguntó Willy con evidente mala uva, poniendo a Dios por testigo de la ausencia de parroquianos. Y la verdad era que salvo doña Encarni, quien disfrutaba junto a su amiga Ramona de un café con churros algo tardío, el resto de habituales se hallaba donde pudiera ver el partido–. Estoy jartito de decírtelo: vas a perder el negocio por culpa de esta manía tuya.

–Te agradezco el consejo, maese Guillermo, pero quien prueba mis serranitos siempre vuelve.

–Tú sabrás.

–Deja de refunfuñar y dime si te preparo uno.

–Pero que sea de lomo. El de pollo está muy seco.

–Seco tu primo.

–También.

Enzarzados como estaban en su amistosa pelea, no fueron conscientes del tipo que hacia la barra se acercó lanzando cautas miradas en derredor, la diestra en el bolsillo del vaquero, de donde sacó una enorme navaja de muelles que tras siete chasquidos como siete amenazas –clac, clac, clac, clac, clac, clac, ¡clac! puso entre Bosco y Willy.

–Dame todo el dinero, amigo –dijo controlando a ambos hombres con la punta de la navaja. Las ancianas dejaron caer sus churros sobre las tazas mediadas, salpicando mesa, vestidos y arrugas de oscuro café.

–¡Me cago en mis muelas…!

El exabrupto de Willy llamó la atención del atracador. Solo fueron unos segundos, pocos para verbalizar un pensamiento pero suficientes para que el compacto cuerpo de Bosco saltara por encima de la barra, cayendo sobre el tipejo como si la furia de Zeus lo hubiera alcanzado desde el monte Olimpo.

A base de empujones bien dirigidos, el tabernero fue arrastrando poco a poco al atracador hasta la puerta, indefenso ante el embiste de semejante torbellino humano a pesar de conservar en la mano los 12 centímetros de la navaja bandolera, hasta que más por suerte que por destreza consiguió acertar con ella en el pecho del otro. ¡Ras!, hizo al cortar la tela blanca de su camisa. Bosco aflojó el ataque al verse alcanzado, desconcierto que aprovechó el mezquino atracador para salir por piernas. Y mientras las ancianas se llevaban las manos a la boca, angustiadas, ya iba Willy en socorro de su amigo pañuelo en mano.

–¿Estás bien, Bosco? ¿Dónde te ha dado? Déjame ver –las frases le salían a Willy de forma atropellada, enormemente preocupado, pero su inquietud pronto pasó a ser sorpresa para terminar convertida en roja furia cuando vio cómo Bosco se echaba a reír a mandíbula batiente.

–¡¿Se puede saber qué cojones es tan gracioso…!?

Bosco, como única respuesta, se desabrochó la camisa para enseñarles a Willy y a las ancianas la medalla de aspecto oficial donde la navaja había topado en su camino asesino.

–¿Y esto?

–Oro en decatlón. Campeonato regional de 2006.

–¿Serás sinvergüenza? Qué calladito te lo tenías.

–Je, je, je,…

–¿Y siempre la llevas puesta?

–Solo cuando se juegan europeos y mundiales.

–Cabrón con suerte.

 

B.A.: 2023

 


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martes, 20 de diciembre de 2022

Navidades virtuales

Imágenes extraídas de Pixabay e internet

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Nota: Zenda e Iberdrola nos traen el séptimo concurso de Cuentos de Navidad. Dejo el enlace para los interesados.

Concurso Cuentos de Navidad

«Navidades virtuales» es mi propuesta.

#CuentosdeNavidad 2022

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Santa estaba feliz. Desde que la Humanidad al completo sucumbió a la realidad virtual de No-lugar podía hacer su trabajo desde la comodidad de su estudio, caldeado gracias al agradable fuego que chisporroteaba alegremente en la chimenea y solo vestido con unos indecentes shorts rojos adquiridos en la plataforma online de los almacenes de Alí. Su avatar pixelado –el anciano era de gustos retro– conseguía entrar subrepticiamente en las casas de No-lugar a golpes de click para dejar bajo esbeltos árboles de Navidad regalos virtuales a aquellos niños que habían sido buenos durante el año o iconos de carbón de negro RGB (0,0,0) para los no pocos diablillos a quienes era necesario una llamada de atención.

Desde entonces, Rodolfo y sus ocho compañeros recuperaron sus instintos naturales en las inclementes tierras laponas; los trabajadores elfos de puntiagudas orejas y vestidos extravagantes emigraron a Rivendel en pos de sus orígenes perdidos y la señora Claus disfruta de los entretenimientos y particularidades de la ciudad de Benidorm con un margarita en la mano. Cuentan que su avatar se asemeja mucho a Ursula Andress.

B.A.: 2022


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jueves, 15 de diciembre de 2022

Modelada en barro

 

Fotografías del montaje sacadas de Internet


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–Bueno, mamá. Voy a por una botella de vino. Os dejo a solas.

–No tengas prisa, Toni. Así tendremos más tiempo para una charla entre chicas.

–¿Estarás bien, Lisa? Solo será un momento.

–No seas tonto cariño. Tu madre no me va a comer.

–¡Claro que no, criatura! Este hijo mío es de un tonto...

–Muy bien. Entonces me marcho.

–Ponte la chaqueta que hace frío.

–Sí mamááá…

–¡Y no des un portazo!

–¡¡No te preocupesss…!!

 

(¡Pum!)

 

–Mira que se lo he dicho. Bueno, ¡pues aquí estamos! Estooo… ¿Vosotros podéis beber vino?

–Nuestro sistema digestivo y excretor es muy efectivo. Comemos, bebemos y evacuamos como cualquier hijo de hombre.

–Lo de evacuar sobraba pero me interesa eso de «Hijo de hombre». ¿No se sería más correcto decir «hijo de mujer»? Al fin y al cabo somos nosotras las que parimos.

–Ninguno de los implementos requeridos por Toni para mi puesta en marcha me permiten contestar a esa pregunta.

–Por supuesto que no. Supongo que más bien serás una experta en Manga y películas de los 90´s.

–Correcto. ¿Le apetece hablar de ello?

–¡Ni muerta! Pero hablemos de mujeres y madres… ¿También estáis preparadas para tener hijos?

–Nuestro sistema reproductor aún está en proceso de desarrollo.

–Es una lástima.

–¡Bah! La maternidad está sobrevalorada.

–¿Eso crees?

–Pues sí. Además, la Corporación AEDA pone a disposición de sus clientes una amplia gama de clones humanos. Perfectos, sanos y a la carta. El resultado es mucho satisfactorio y además se evitan las engorrosas consecuencias de la gestación.

–Veo que albergas grandes sentimientos.

–Soy todo lo sentimental que desee Toni.

–Entonces eres su esclava. Sin libertad de pensamiento ni de obra.

–A menos que se me programe lo contrario.

–¿Y donde deja eso al amor?

–Mi cerebro orgánico tiene implantado un microchip de procesamiento neuronal Cameron, Dyson y Coello. Estoy por encima de esa ilusión que llamáis amor.

–¡Qué dices! Me rompes el corazón.

–Creo necesario aclararle una cosa. Estoy aquí para hacer feliz a su hijo y voy a cumplir mi obligación hasta el último día de su vida.

–O hasta que encuentre a una mujer de verdad y se olvide de su juguetito nuevo.

–Eso no pasará nunca.

–¿Y por qué no, si puede saberse?

–Porque somos perfectos y estamos por encima de la volubilidad, los desvaríos y las indecisiones que tan bien caracteriza a los hijos de hombre. O de mujer, si está más cómoda con ese término.

–El término me importa un carajo pero es muy interesante lo que acabas de decir. ¿De verdad te crees perfecta?

–Sin duda.

–Déjame confiarte una teoría, querida. Aunque tengas ese chip de Lerei, Lerei, Leró…

–Cameron, Dyson y Coello.

–…has sido modelada con el mismo barro que yo misma. Y que Toni, Susana y el mismísimo papa de Roma. Por eso creo que estás contaminada por la imperfecta realidad de la raza humana.

–Eso no es… ¿Cierto?

–¿Dudas? ¿Hay algo más humano que la duda?

–¡Yo no estoy dudando! ¡¿Y quién es esa Susana?!

–Vaya. Y ahora ira y celos. Definitivamente eres más humana de lo que jamás hubiera creído.

 

(¡Pum!)

 

–¡Mamááá… Lisaaa...! Ya estoy en casa. ¿Cómo ha ido…? ¡Lisa! ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?

»¡¡Mamá!! ¡¿Qué le has hecho?!

–Yo no le he hecho nada. Lo que pasa es que tu amiguita acaba de darse cuenta de lo humana que es.

–Esa es la idea, mamá. Lisa debe parecer uno más de nosotros.

–Esto va más allá de las apariencias.

–Toni… ¿Quién es Susana?

–¿Susana? ¿Qué pinta Susana en todo esto!

–¡¿QUIÉN ES SUSANA?!

–Una antigua novia que tuve en la facultad. A mamá le caía muy bien pero… ¿A qué viene esa pregunta?

–¿La sigues queriendo?

–…

–¿Sí o no?

–Es difícil de decir…

–Bueno tortolitos. Creo que será mejor que me marche; tenéis muchas cosas de las que hablar.

»Encantada de conocerte, Lisa. Chao! 


B.A.: 2022


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miércoles, 16 de noviembre de 2022

Pacto entre caballeros



–Sé quién eres. ¡No, en serio! Sé quién se esconde bajo esa aburrida fachada de taxista nocturno. Porque tu película no es Taxi Driver, ni mucho menos, sino que se asemeja más a aquella otra de Bruce Willis. ¿Cómo se llamaba? Ah, sí. El protegido, de Shyamalan si no me equivoco. Y si tú eres ese vigilante sin nombre yo debo de ser Don cristal, je, je, je. Gira la próxima a la derecha y pon dirección al Parque de las Tres Chimeneas. Gracias. Como te decía, yo debo ser Don cristal. O más bien «seré» Don Cristal, pues aún no ha dado comienzo mi imperio del crimen. Va a ser muy divertido. Te estarás preguntando porque no debes parar ahora mismo este taxi que hace las veces de batmóvil y patearme la jodida cabeza. Pues te daré dos buenas razones: primero, como ya te he comentado, porque aún no he cometido delito alguno. Y segundo, pero no menos importante, porque uno de mis esbirros tiene en el punto de mira a tu preciosa esposa. Literalmente. «Esbirro», ¡qué palabreja tan rocambolesca para definir a un tipejo de gatillo fácil! Así que te voy a proponer un trato. Un pacto entre caballeros, que diría Sabina. Yo tengo un hijo, aunque no te lo creas. Si lo quitas a él de la ecuación yo haré lo propio con tu esposa. ¿Te parece? Lo tomaré como un sí. Yo me bajo en esta parada. Me ha encantado charlar contigo.

»Quédate con la vuelta.

 B.A.: 2022

Serie del superhéroe anónimo

Confidencias de un superhéroe anónimo


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