jueves, 15 de diciembre de 2022

Modelada en barro

 

Fotografías del montaje sacadas de Internet


¿Busca a su media naranja? ¿Cree que se topará con ella a la vuelta de la esquina? ¿De verdad va a desperdiciar sus ilusiones y su vida esperando que eso ocurra? Déjese asesorar por nuestra dilatada experiencia. La Corporación AEDA pone a su disposición un amplio catálogo donde podrá encontrar al amor de su vida sin el estrés de la incertidumbre.

Con un endoesqueleto fabricado en nuestra patentada superaleación de charbonium® y un cuidado material orgánico desarrollado en selectas granjas de clonación bajo los más estrictos controles de calidad, nuestros especímenes cibernéticos nacen a la vida con el único objetivo de proporcionarle a usted la felicidad. ¡Olvídese de aquellas primeras versiones cíborgs tan poco realistas! Gracias al departamento estético de la Dra. Thurman, sus allegados solo conocerán el alma metálica de su nueva pareja si usted así lo desea.

Creados para cuidar y amar sin reservas, nuestros cíborgs son la nuera que toda madre quisiera para su hijo; el yerno a quien un padre entregaría encantado la mano de su hija más preciada. Además, por un módico suplemento podrá dotar a su espécimen con nuestra exclusiva fórmula madurativa que lo convertirá en el compañero ideal para una relación larga en el tiempo, acompañando su inevitable proceso degenerativo como lo haría una pareja humana.

No lo dude más. Pónganse en contacto con nosotros y disfrute de una financiación de HASTA 48 meses sin interés*

Corporación AEDA. El futuro al servicio de hoy.

 

* Financiación sujeta a previa aprobación de Banco Quarto Cerchio, S.A. 

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–Bueno, mamá. Voy a por una botella de vino. Os dejo a solas.

–No tengas prisa, Toni. Así tendremos más tiempo para una charla entre chicas.

–¿Estarás bien, Lisa? Solo será un momento.

–No seas tonto cariño. Tu madre no me va a comer.

–¡Claro que no, criatura! Este hijo mío es de un tonto...

–Muy bien. Entonces me marcho.

–Ponte la chaqueta que hace frío.

–Sí mamááá…

–¡Y no des un portazo!

–¡¡No te preocupesss…!!

 

(¡Pum!)

 

–Mira que se lo he dicho. Bueno, ¡pues aquí estamos! Estooo… ¿Vosotros podéis beber vino?

–Nuestro sistema digestivo y excretor es muy efectivo. Comemos, bebemos y evacuamos como cualquier hijo de hombre.

–Lo de evacuar sobraba pero me interesa eso de «Hijo de hombre». ¿No se sería más correcto decir «hijo de mujer»? Al fin y al cabo somos nosotras las que parimos.

–Ninguno de los implementos requeridos por Toni para mi puesta en marcha me permiten contestar a esa pregunta.

–Por supuesto que no. Supongo que más bien serás una experta en Manga y películas de los 90´s.

–Correcto. ¿Le apetece hablar de ello?

–¡Ni muerta! Pero hablemos de mujeres y madres… ¿También estáis preparadas para tener hijos?

–Nuestro sistema reproductor aún está en proceso de desarrollo.

–Es una lástima.

–¡Bah! La maternidad está sobrevalorada.

–¿Eso crees?

–Pues sí. Además, la Corporación AEDA pone a disposición de sus clientes una amplia gama de clones humanos. Perfectos, sanos y a la carta. El resultado es mucho satisfactorio y además se evitan las engorrosas consecuencias de la gestación.

–Veo que albergas grandes sentimientos.

–Soy todo lo sentimental que desee Toni.

–Entonces eres su esclava. Sin libertad de pensamiento ni de obra.

–A menos que se me programe lo contrario.

–¿Y donde deja eso al amor?

–Mi cerebro orgánico tiene implantado un microchip de procesamiento neuronal Cameron, Dyson y Coello. Estoy por encima de esa ilusión que llamáis amor.

–¡Qué dices! Me rompes el corazón.

–Creo necesario aclararle una cosa. Estoy aquí para hacer feliz a su hijo y voy a cumplir mi obligación hasta el último día de su vida.

–O hasta que encuentre a una mujer de verdad y se olvide de su juguetito nuevo.

–Eso no pasará nunca.

–¿Y por qué no, si puede saberse?

–Porque somos perfectos y estamos por encima de la volubilidad, los desvaríos y las indecisiones que tan bien caracteriza a los hijos de hombre. O de mujer, si está más cómoda con ese término.

–El término me importa un carajo pero es muy interesante lo que acabas de decir. ¿De verdad te crees perfecta?

–Sin duda.

–Déjame confiarte una teoría, querida. Aunque tengas ese chip de Lerei, Lerei, Leró…

–Cameron, Dyson y Coello.

–…has sido modelada con el mismo barro que yo misma. Y que Toni, Susana y el mismísimo papa de Roma. Por eso creo que estás contaminada por la imperfecta realidad de la raza humana.

–Eso no es… ¿Cierto?

–¿Dudas? ¿Hay algo más humano que la duda?

–¡Yo no estoy dudando! ¡¿Y quién es esa Susana?!

–Vaya. Y ahora ira y celos. Definitivamente eres más humana de lo que jamás hubiera creído.

 

(¡Pum!)

 

–¡Mamááá… Lisaaa...! Ya estoy en casa. ¿Cómo ha ido…? ¡Lisa! ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?

»¡¡Mamá!! ¡¿Qué le has hecho?!

–Yo no le he hecho nada. Lo que pasa es que tu amiguita acaba de darse cuenta de lo humana que es.

–Esa es la idea, mamá. Lisa debe parecer uno más de nosotros.

–Esto va más allá de las apariencias.

–Toni… ¿Quién es Susana?

–¿Susana? ¿Qué pinta Susana en todo esto!

–¡¿QUIÉN ES SUSANA?!

–Una antigua novia que tuve en la facultad. A mamá le caía muy bien pero… ¿A qué viene esa pregunta?

–¿La sigues queriendo?

–…

–¿Sí o no?

–Es difícil de decir…

–Bueno tortolitos. Creo que será mejor que me marche; tenéis muchas cosas de las que hablar.

»Encantada de conocerte, Lisa. Chao! 


B.A.: 2022


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miércoles, 16 de noviembre de 2022

Pacto entre caballeros



–Sé quién eres. ¡No, en serio! Sé quién se esconde bajo esa aburrida fachada de taxista nocturno. Porque tu película no es Taxi Driver, ni mucho menos, sino que se asemeja más a aquella otra de Bruce Willis. ¿Cómo se llamaba? Ah, sí. El protegido, de Shyamalan si no me equivoco. Y si tú eres ese vigilante sin nombre yo debo de ser Don cristal, je, je, je. Gira la próxima a la derecha y pon dirección al Parque de las Tres Chimeneas. Gracias. Como te decía, yo debo ser Don cristal. O más bien «seré» Don Cristal, pues aún no ha dado comienzo mi imperio del crimen. Va a ser muy divertido. Te estarás preguntando porque no debes parar ahora mismo este taxi que hace las veces de batmóvil y patearme la jodida cabeza. Pues te daré dos buenas razones: primero, como ya te he comentado, porque aún no he cometido delito alguno. Y segundo, pero no menos importante, porque uno de mis esbirros tiene en el punto de mira a tu preciosa esposa. Literalmente. «Esbirro», ¡qué palabreja tan rocambolesca para definir a un tipejo de gatillo fácil! Así que te voy a proponer un trato. Un pacto entre caballeros, que diría Sabina. Yo tengo un hijo, aunque no te lo creas. Si lo quitas a él de la ecuación yo haré lo propio con tu esposa. ¿Te parece? Lo tomaré como un sí. Yo me bajo en esta parada. Me ha encantado charlar contigo.

»Quédate con la vuelta.

 B.A.: 2022

Serie del superhéroe anónimo

Confidencias de un superhéroe anónimo


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viernes, 14 de octubre de 2022

Tres oportunidades

Fotos de Pixabay e Internet


–¡Por favor! –suplica desesperado–. Por favor. Esperen un minuto. Luego me iré con ustedes sin causar problemas.

El hombre mira desde el suelo hacia el edificio frontero, atrincherado tras las piernas de los dos municipales que han acudido al aviso de un buen ciudadano. «Hay un mendigo con muy mala pinta delante del colegio Elena Chaparro», dijo y hacia allí se encaminó la pareja, preguntándose si para eso habían opositado al Cuerpo.

–Muchas gracias –dice el hombre transcurrido el tiempo solicitado–. Ahora les acompañaré con gusto.

»Solo quería seguir siendo invisible –apostilla con sus pocas pertenecías ya acomodadas bajo el brazo.

La confesión sorprende a los policías. ¿Un acosador? No lo parece. Estudian curiosos a quien escoltan codo con codo y tras cruzar compenetrados la mirada lo hacen entrar en el bar Paraíso, donde la sargento Fuentes encarga para el mendigo una tostada con York y un Colacao caliente que Pedro, el dueño, prepara no sin cierta reticencia. Sendos cafés con leche aventarán a los municipales el frío mañanero.

–Tiene una oportunidad de explicarnos lo de su invisibilidad. Pero antes desayune o se le enfriará.

Hambriento, el hombre da buena cuenta del festín, sin levantar la vista del plato solo para lanzar una mirada agradecida a sus dos ángeles guardianes. Una vez saciado, el mendigo se cruza de brazos, incómodo y avergonzado, y se lanza a desgranar una historia mil veces vivida, la de un empresario subido a la cresta de la ola que de noche a la mañana sufre el mayor de los reveses en forma de mal negocio. Y desde día cada vez más alcohol en la sangre y menos calor en el hogar, hasta que su esposa da por concluido el matrimonio coincidiendo con la Copa del Rey de hace tres años.

«–¿Dónde has estado?»

«–Mujer. Había que celebrar que el Betis ha pasado a la semifinal.»

«–¿Y se puede saber desde cuándo eres tan futbolero?»

«–La llamada se recibe cuando menos te lo esperas. Jua, jua, jua.»

«–Ernesto. Ese partido fue hace dos días. La de veces que habrá llamado tu hija a los hospitales, buscándote.»

«–Venga, Ester. No te pongas así…»

«–¡Cállate! Cállate, por favor. Ahora que sabemos que estás bien podemos irnos con la conciencia tranquila. Te deseo lo mejor.»

–Tras el divorcio malvivo en la calle gracias a la generosidad del samaritano de turno. Diré en mi defensa que ya no soy esclavo del alcohol; nada le debo pues mucho se ha cobrado.

–¿Y esa «invisibilidad»? –le achucha la sargento.

–Malena, mi hija. El amor de mi vida. Todo se reduce a ella. Estudia en ese colegio y por verla unos segundos aguanto el mal tiempo y los agravios. No sabe que vivo en la indigencia y por eso no quería llamar su atención.

Los municipales poco pueden hacer. «Volveremos si dan de nuevo una queja. Lo entiende, ¿verdad?», pregunta la sargento a lo que el otro asiente, resignado. Ya se marcha del bar, a rebufo de los municipales, cuando la voz imperiosa de Pedro lo llama desde la barra. «¡Oye, tú!».

–¿Es a mí?

–¿A quién si no?

–Dígame.

–No me gustan los vagos…

–Lo siento. Yo…

–¡…pero mucho menos los perdedores! –se impone Pedro con su vozarrón– ¡¡Lucha por tu hija, carajo, si tanto la quieres!!

–¿Cómo?

–Ven mañana. A las 6. Limpio y arreglado. Me importa una mierda cómo lo hagas. Vas a trabajar por lo mínimo que me obligue la ley pero tendrás un sueldo. Te estoy dando la oportunidad de corregir tu vida.

–Muchas gracias. De verd…

–¡Una única oportunidad! Fállame un tanto así –la distancia entre pulgar e índice no permite el paso de un pelo–, y te hecho a patadas.

»Y ahora lárgate.

 

Los meses han pasado y en el hombre apenas queda rastro del antiguo mendigo. Con un préstamo de su jefe, devuelto en forma de horas extra, ha alquilado una pequeña habitación a una hora de distancia y aún así ni un día ha llegado tarde al trabajo. Desde su atalaya puede disfrutar de la visión de Malena, acompañada en más de una ocasión por quien fuera su esposa, pero no es hasta hoy cuando Ester entra en el bar. Nunca sabrá que Pedro ha tejido el encuentro.

–Te veo muy bien, Ernesto.

El hombre da un respingo cuando cruza la mirada con esos ojos color chocolate que tan bien recuerda, siendo incapaz de contener el llanto para sorpresa de la mujer y hartazgo de su jefe.

–¡Sentaos en esa mesa, carajo! Me espantáis a la clientela con tanto drama.

–Gracias –dice Ester a la maciza figura de Pedro.

–Quitaos de mi vista –gruñe el otro, incómodo.

Ya sentados, Ernesto pide perdón por todo el daño provocado. «Lo siento, lo siento, lo siento,…», repite hasta la extenuación a la manera de un mantra y Ester, quien venía con intención de cobrarse una antigua deuda, no puede evitar sentir cómo se le pone blandito el corazón. «Lo que más me dolió es que no lucharas por tu hija», le dice con una pena honda, sin reproche alguno.

–Lo sé –contesta Ernesto, cabizbajo.

–Bien. Está decidido. Mañana verás a Malena. Solo te daré una oportunidad; piensa qué le vas a decir.

Y Ernesto recupera por fin una sonrisa que perdió hacía tres años, con el Betis de nuevo en la semifinal de la Copa del Rey.

 

B.A.: 2022


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lunes, 26 de septiembre de 2022

Tragicomedia

 


Nota: Para el reto del Tintero de Oro en el que había que escribir un micro a partir de una cita, he elegido una del director y guionista Billy Wilder que dice: «Si te sientes realmente feliz, deberías escribir una tragedia; si te sientes verdaderamente desgraciado, deberías escribir una comedia», tomándome de paso la licencia de hacer viajar al genio polaco hasta nuestro Madrid de principios del XIX.

 

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Madrid, 2 de mayo de 1808. Tras el fracaso del levantamiento contra las fuerzas de ocupación, el general Murat dicta la siguiente orden:

 

«Serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con armas».

 

Escribía sobre un arrugado trozo de periódico. De esa forma pasaba las horas entre su captura en el cuartel de Monteleón y el futuro cierto ante un incierto muro acribillado a balazos. Y aún así sonreía, sorprendiendo a propios y extraños.

–¿Acaso escribe su testamento para desazón de algún hijo díscolo? –le preguntó un individuo renegrido cuyos ropajes se hallaban manchados de sangre más ajena que propia.

–No, mi buen amigo. Una comedia.

–¡¿Me toma el pelo?!

–No se sulfure y deje que me presente. Guillermo Limones, autor teatral. No sé si ha ido últimamente al teatro de la Cruz...

–No es mi zona de paso, lo siento.

–También yo –se lamentó Guillermo, socarrón, dándose palmaditas en el bolsillo de las monedas, lo que arrancó en el otro una carcajada.

–Tiene usted mucho arte.

–Mi sustento depende de ello. ¿Y con quién tengo el gusto de hablar?

–Juan de Dios, zapatero remendón. Para servirle.

–Encantado.

–¿Y por qué una comedia?, si me disculpa la indiscreción.

–Cierto genio dijo una vez: «Si te sientes realmente desgraciado deberías escribir una comedia».

–Pues la suya será del copón –aseguró el zapatero con la vista fija en el nuevo grupo de prisioneros que los franceses se llevaban en dirección al Paseo del Prado.

–Del copón. Usted lo ha dicho.

 

B.A.: 2022


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domingo, 19 de junio de 2022

El latido del hombre muerto


Fotos de Pixabay e Internet

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Nota: El reto de la última convocatoria de este año consiste en escribir un relato de terror gótico en el que deberá aparecer algún personaje, objeto o localización de cualquiera de los relatos de Poe. Yo he utilizado como base el relato «El corazón delator», enfocándolo desde el punto de vista del anciano asesinado por su joven asistente. Espero que os guste mi visión. 

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Oscuridad. Silencio y oscuridad. Nada oye, nada ve… Nada siente. ¿Estará soñando quizás? Lo último que recuerda el anciano es haberse despertado de un sobresalto para sentarse en la cama, la espalda apoyada contra la cabecera, a la búsqueda del motivo de su desvelo. Se hallaba solo en el dormitorio. Los postigos seguían cerrados, según acostumbraba por temor a los ladrones, y aún así algo hacía que los pelillos se le pusieran enhiestos. Algo oculto en la oscuridad. Una… presencia junto a la puerta de entrada. Tal era el miedo padecido que por espacio de una hora quedó despierto con la vista clavada en aquella dirección.

A cada minuto que pasaba más rápido latía su corazón. Pu-pum, pu-pum, hacía, drenándole gota a gota la vitalidad y la cordura. Pupum-pupum, pupum-pupum. Un dolor repentino en su atormentado pecho le avisó de estar al borde de un ataque pero... ¿Qué podía hacer? El terror atenazaba sus miembros, anclándolo a la cama, y la garganta seca y cerrada le negaba el auxilio del grito. Solo cuando el viejo órgano se paró tras un súbito temblor el ansiado chillido pudo escapar por entre sus agrietados labios, señal para que aquello que aguardaba junto a la puerta saltara sobre él, las manos hacia delante, dispuesto a extirparle el último hálito de vida. Ahora lo recuerda.

Nada oye, nada ve, nada siente… ¿Había sucedido en realidad o no era más que un mal sueño? Convencido de ser víctima de una pesadilla el anciano lucha con todas sus fuerzas para vencer la oscuridad, algo que al fin parece conseguir cuando a sus oídos llega el chirrido de una sierra, como si estuvieran cortando leña, y el goteo de un líquido sobre una superficie cerámica. ¿Tiene sentido aquello? También empieza a ver: al fondo las ventanas cerradas con postigos y sobre su cabeza el dosel de la cama. Junto a ella la mesita de noche con una lámpara sorda abierta al máximo y ante el cono de luz su joven asistente arrodillado en el suelo... Un momento. ¿Por qué se halla él en su dormitorio en hora tan intempestiva? ¿Qué está haciendo, por el amor de Dios? Es el joven quien está usando una sierra de carpintero para cortar. Trabaja sobre algo duro, en vista de la fuerza empleada, que finalmente logra separar con un bufido de satisfacción. Cuál no es la sorpresa del anciano cuando un brazo cercenado queda visible a la luz de la lámpara; un miembro que reconoce al instante pues aún viste la manga de su camisón de dormir. ¡Realmente ha sido asesinado por aquel demente! ¿Entonces qué es ahora? ¿Un fantasma? ¿El recuerdo incorpóreo de aquello que fuera en vida?

Desearía enloquecer. Correr por la habitación entre gritos descarnados... Atacar a quien veía como a un buen asistente y mejor compañero. En vez de eso permanece en una esquina del cuarto viendo cómo continúa el ultraje de sus restos mortales pues al brazo derecho le sigue la amputación del izquierdo, para rematar tan macabra tarea con las piernas. La cabeza, envuelta en trapos, fue lo primero que se violentó.

El asesino ha acompañado su incansable trabajo con confidencias hechas en voz alta. «¿Acaso un loco hubiera actuado con semejante sangre fría?» –se defiende ante un invisible tribunal; ante la figura de alguna eminencia psiquiátrica presente solo para su afiebrada mente–. ¿Un enajenado hubiera utilizado un barreño para no manchar el suelo de sangre?». El anciano es incapaz de imaginar la causa de tal violencia. No era un hombre desmesuradamente rico y siempre trató a su asistente con exquisita cortesía. Con afectuosidad, diría. El joven, sin duda, ha perdido la razón, por mucho que defienda lo contrario.

Los seis grotescos bultos en que ha quedado dividido el cuerpo del anciano descansan al fin bajo los maderos del suelo. El cuarto se halla en perfecto orden no bien asoman los primeros cabellos de la diosa Aurora, momento en que alguien anuncia su llegada con la aldaba de la puerta. Toc, toc, toc. Con total tranquilidad el joven baja las escaleras para volver al dormitorio seguido de tres hombres, oficiales de policía según se presentan, quienes investigan un supuesto grito oído en mitad de la noche.

Desde el rincón el anciano es testigo de cómo su asesino explica a los oficiales que fue él quien gritó a causa de un mal sueño. Apunta de paso que su viejo compañero se halla de viaje, aclaraciones todas ellas que ofrece sentado en el mismo sitio donde yace el cuerpo humillado. Tamaña desfachatez es imposible soportar. El ente siente la necesidad de vengar su muerte y así, usando los dones de su nueva naturaleza, consigue arrancar un latido a su frío corazón, pu-pum, tan débil como el de un gorrión. Pero a este le sigue otro, y otro más, y cuanto más golpea bajo las tablas más lívido se pone el joven, pu-pum, pu-pum, pu-pum, quien salta de su asiento como si lo hubieran pinchado con un alfiler. Entonces intenta acallar los latidos solo por él escuchados con toda suerte de argucias. Habla alocadamente, se encara a gritos con los oficiales, gesticula con viveza,… hasta que la presión le vence y aúlla:

–¡Malditos! No disimuléis más. Yo lo maté, lo confieso. ¡Ahí está, bajo esas tablas! ¡Escuchad latido de su monstruoso corazón!

El anciano, consumada su venganza, se deja arropar por los brazos amorosos del Más Allá.

 

B.A.: 2022


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