El 16 de noviembre de 1974, desde el radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico), se envió un mensaje de radio al espacio con información sobre el planeta Tierra y la especie humana que tardará 25 milenios en llegar a su meta, un cúmulo de estrellas llamado M13. «Mensaje de Arecibo: Relatos desde el planeta Tierra» está dedicado a este solitario cowboy del espacio; espero que mis relatos aplaquen la soledad de su destino final.
El profesor Jaime
Moreno era un hombre peligroso, aunque no de la forma en que nos tiene
acostumbrados el cine. No sabía absolutamente nada de armas ni jamás se había peleado,
pero esgrimía argumentos cargados de cordura, honestidad y espíritu crítico con
el acierto del mejor tirador olímpico, algo que a no pocos resultaba de lo más
molesto.
Su
país se hallaba sumido desde hacía tres largos años en una devastadora guerra civil.
El bueno del profesor, impulsado por el loable deseo de acabar con ella, daba
puntual testimonio de las atrocidades cometidas a ambos lados de las
barricadas, condenando con igual saña a Verdes y Colorados ante todo aquel que lo
quisiera escuchar. Sus argumentos convencían, sin duda, pero no a la velocidad exigida
por las dramáticas circunstancias. Y mientras tanto, miles de inocentes morían víctimas
del fuego cruzado.
En
el mismísimo corazón de la Unión Europea, ante el centenar de periodistas
desplazados para la ocasión, el profesor Moreno intentaba sacar de la neutralidad
a la política internacional cuando un fuerte estampido lo lanzó desmadejado al
suelo. No importaba el color de los billetes recibidos por el sicario, si verdes
o colorados, tal vez incluso estuvieran mezclados, lo cierto era que la vida le
abandonaba sin remedio a través de un agujero humeante abierto en la cabeza.
Lo
que sus verdugos no pudieron predecir fue que junto con la vida también escaparon
todas aquellas ideas que por falta de tiempo y medios el profesor tenía enquistadas
en su interior, sueños de libertad que alcanzaron a cuanto periodista había
sido testigo del cruento atentado. Lo último que Jaime vio antes de expirar fueron
sus bolígrafos rasgando folios a toda velocidad, los mensajes que colgaban con
urgencia en las redes sociales, sus llamadas a través de los móviles,… Y
entonces sonrió.
–¡Nahna, Bruja
del Páramo. Abra en el nombre del rey!
–Ya va. Ya vaaa… ¡Qué prisas!
»¡Hola, Grillo! ¿Cómo tú por aquí?
–Shhhh… No me llames Grillo delante de mis hombres. Vengo como representante de Su
Majestad, no como hijo de tu hijo.
–Perdone usted, Regio, Cazador de linces.
–Tampoco te pases.
–Perdonaaa… Dime qué te trae a mi humilde
páramo.
–¿Esta receta es tuya?
–Un momento que me ponga los lentes...
–¿Qué nueva magia es esa?
–No es magia, tontorrón, es optometría.
Veamos… «Una cola de genio azul, secada a la luz de la luna llena en la época
de celo de la esfinge. Tomar la píldora resultante antes del acto procreador.»
–¿Genio azul?
–Un pitufo.
–Ahhh… ¡Bueno! ¿Es tuya?
–Así es.
–Entonces tienes un problema.
–¿Por?
–El remedio, en vez de solventar ciertos
problemillas del Cabeza del reino en
su noche de bodas con Felipa, Bella sobre
el arcoíris, digamos que ha dejado su virilidad a la altura de la grasa
para lustrar botas.
–¡Imposible! Llévame inmediatamente ante
Sam, Y veme por esto otro, mayordomo
personal del rey.
–A estas horas estará en la taberna de
Eldelbar.
–Pues vayamos al Grifo de cerveza.
* * *
–Dígame Sam. ¿Encargó la píldora de genio azul donde
Solrak, Hijo de Carnicero, como receté?
–No, señora.
–¿Y eso?
–Su Majestad pensó que era un carero, así
que me envió ante Gúguel, El que todo lo
sabe y si no se lo inventa.
–¿¡Gúguel!? ¿Me está diciendo que ese
charlatán ha hecho negocios a costa de mi trabajo?
–Pues... ¿Sí? Me vendió el mismo remedio
a un precio más barato. Viene de Oriente.
»Guardé una muestra por si…
–Ya me imagino para qué. Déjeme
examinarla… ¡Esto es una verruga de troll coloreada con pasta de arándano! Gúguel
no solo ha estafado a Su Majestad, El del
puño cerrado, sino que ha agravado su dolencia. Mucho me temo que durante
un buen tiempo no podrá cumplir con sus deberes maritales.
–¿Puede ayudarle?
–Habrá que cosechar la mandrágora que
nazca a los pies de un ahorcado, y solo yo sé cuándo es el momento oportuno
para ello.
»Estos serían mis honorarios.
–¡Qué escándalo! Su Majestad no pagará
tal cantidad.
–Entonces, querido Sam, como el rey no
encierre a su flamante esposa en la torre más alta del castillo ya puede ir
acuñando en las monedas de su primogénito el sobrenombre de El bastardo, porque La bella sobre el arcoíris tendrá un primogénito antes de final de
año. No lo dude. A diferencia de otros, ella paga de buen grado los remedios
de Nahna.
–…
–¡Salud,
Regio! Vente a comer este sábado. Prepararé el jabalí al Erimanto que tanto te
gusta.
Antes de abrir la puerta repasó una última
vez el discurso por el que había recorrido media galaxia. Más que discurso,
eran cinco palabras que el comité de Presentación había seleccionado tras años
de estudios y discusiones: «Venimos en son de paz». Aún así, como le señaló uno
de sus miembros, lo realmente importante no eran las palabras, sino la actitud.
Debía mostrarse ante los nativos como alguien en quien confiar, evitando a toda
costa que el miedo o la duda arraigara en sus primitivos corazones pues corría
el riesgo de provocar reacciones inesperadas.
Una vez fuera de la astronave, anduvo
hasta colocarse en el centro exacto de la plataforma de bajada, como estaba
estudiado, y abriendo los brazos hacia la masa expectante, entonó para ellos sus
aullidos, ladridos y jadeos más exquisitos, proclamando a la humanidad un
sincero: «Venimos en son de paz». Y para subrayar tan excelsos deseos de buena
voluntad, ofreció a los congregados una pieza de orfebrería delicadamente
trabajada que simbolizaba la llave con la que los terrícolas podrían abrir las
puertas de su mundo. La reacción no se hizo esperar.
–¡Es un ser de lo más
agresivo, señor –transmitió al centro base el
capitán del destacamento que debía cubrir el primer encuentro alienígena, subiendo
el volumen de voz para imponerse a los gritos histéricos de los civiles en
desbandada–. Aúlla y gruñe como un perro
rabioso, y ahora nos apunta con una extraña arma!
Nota: El Plan 9 que aparece detallado en este relato
está sacado de la película "Plan 9 del espacio exterior",
del director Ed Wood.
_________________________ Soy
una taza, una tetera
una
cuchara y un cucharón…
Notrom´Obb
entra con aplomo en el laboratorio del científico Chua´Jos, al que pilla en
pleno desarrollo de la conspiración que juntos han urdido bajo las mismas
narices del Ministro de Invasión marciano.
Un
plato hondo, un plato llano
un
cuchillito y un tenedor…
–¿Avanzamos, doctor?
–Mucho, señor –contesta el científico
tras bajar el volumen de un aparato reproductor de indiscutible procedencia
terrestre–. Haremos caer a su Excelencia el señor ministro de Invasión, estoy
convencido de ello.
–¡Senoj´Cox! –explota su interlocutor
con desprecio–. Se llama Senoj´Cox. Olvide el protocolo cuando hable ante mí de
ese usurpador. Sabe tan bien como yo que el Ministerio debía ser mío; estoy más
capacitado que él para el puesto, pero Padre jamás consintió que su bastardo
desplazara al legítimo heredero de los ´Cox.
»Con su ayuda, mi buen doctor, lo
conseguiré.
–Me dejo la piel en ello, Excelencia.
–Aún no soy «excelente», amigo mío. Aún
no… El día de la invasión a la Tierra se acerca y debemos tener un plan B sin
fisuras que ofrecer al Gerifalte Máximo cuando falle el de mi hermanastro…
Porque fallará. ¿Verdad, doctor?
–Estrepitosamente, señor. Nos hemos
ocupado de ello.
–Resúmamelo, por favor.
Y a ello se lanza el científico, con la
pedagogía propia de un profesor de la Universidad Piramidal. «El plan 9 de su
Excelencia… de Senoj´Cox trata, como recordará, de la resurrección de los
muertos. Consiste en disparar electrodos de largo alcance a la hipófisis de los
muertos recientes, creando lo que los humanos llaman zombis.»
–Estos seres sin raciocinio, guiados por
sus instintos primarios, deben aniquilar a la raza humana, facilitando nuestro
asentamiento en el planeta.
–¿Y funciona? –pregunta no sin interés
Notrom´Obb.
–Lamento decirle que sí. Han hecho
ensayos en un lugar llamado Haití, con resultados satisfactorios. Ahora ultiman
los detalles de una prueba de mayor envergadura para ejecutarla ante nuestro
Gerifalte Máximo.
–¿Y qué vamos a hacer para sabotearla?
–«¿Qué hemos hecho?», sería la pregunta
apropiada. Desde que supimos las bases del Plan 9, hemos saturado la cultura
terrícola con toda clase de series, películas, libros y videojuegos de temática
zombi, enseñándoles cómo combatirlos. Se producirán muchas bajas humanas
durante la prueba, eso es inevitable, pero los terrícolas estarán física y,
sobre todo, psicológicamente preparados para enfrentarse a sus muertos,
venciéndolos sin mucho esfuerzo, y el Gerifalte Máximo no autorizará la
ejecución global del Plan 9. Entonces querrá una segunda opinión y ahí estará
usted para ofrecérselo.
La cara de satisfacción de Notrom´Obb
ilumina la sala, paladeando por anticipado la caída en desgracia de su
despreciable hermanastro.
–¿En qué estado se encuentra su trabajo?
–Muy avanzado. Lo más difícil ha sido
encontrar un interés común para todo el planeta. Debía ser un ritmo pegadizo,
acompañado de una coreografía fácil de ejecutar, algo que creímos haber
conseguido con el Macarena. ¿Se
acuerda? «Dale a tu cuerpo alegría
Macarena, que tu cuerpo es pa'darle alegría cosa buena…» Nos equivocamos,
pues hubo terrícolas inmunes a su encanto. El mismo resultado negativo
obtuvimos con los siguientes temas que pusimos a prueba, como el Gangnam Style que sembramos en Corea o
el más reciente Despacito, así que me
pregunté: ¿Qué es aquello que no podemos ignorar por mucho que nos esforcemos?
Y la respuesta me la dio una comida familiar. ¡Los niños! Ya sean padres,
abuelos o tíos, los humanos, como nosotros mismos, están rodeados de niños, y a
estos es fácil meterles una canción en la cabeza, siendo tan pesados que
«contagiarán» con ella a todo su entorno.
»Hemos completado satisfactoriamente
varios temas: Soy una taza, Chu chu ua,… Y ahora estamos
desarrollando uno que se llamará Baby
Shark. Mai´Mir, la importante coreógrafa, se encarga personalmente del
baile que lo acompañará. Cuando el Gerifalte Máximo apruebe nuestro proyecto,
que lo hará, saturaremos todo el planeta con estas canciones, las veinticuatro
horas del día, alienando la voluntad del terrícola, que no podrá hacer otra
cosa que cantarlas y bailarlas allí donde se encuentren. Quedarán totalmente a
nuestra merced; sólo tendremos que decidir qué hacer con ocho mil millones de
humanos en desenfrenado baile.
–Pero… ¿Cómo llegarán a todos los
terrícolas?
–Ah. Esa es mi más genial idea –Chua´Jos
sonríe con una mano sobre el pecho, exultante ante una imaginaria platea que se
rinde extasiada a su prodigioso cerebro–. ¿Le suena los términos «YouTube»,
«Tecnoglobalización» o «5G»?
–Pues no.
–¿Quizás «Redes Sociales»?
–Tampoco.
–Bueno, le basta con saber que en unos
escasos cincuenta años, algo más de la media de vida de un humano pero una
minucia para la naturaleza marciana, he conseguido la conexión total, e instantánea,
del planeta. Por supuesto, hay zonas tecnológicamente atrasadas, pero son las
menos. Y lo mejor de todo es que los investigadores terrícolas creen que fueron
ellos los responsables de tal avance. Je, je, je,… Pobres idiotas; no saben lo
que se les viene encima.
El científico activa una pista en el
reproductor y toda la sala se llena con un rítmico «Baby shark, doo doo doo doo doo doo. Baby shark, doo doo doo doo doo
doo. Baby shark, doo doo doo doo doo doo. Baby shark!», al que el marciano
acompaña uniendo sus verdes manos a la manera de mandíbulas de tiburón.
–Es un buen plan –comenta satisfecho
Notrom´Obb siguiendo el ritmo con la cabeza–, sin lugar a dudas.
–Todo un plan marciano.
B.A.: 2019
Para los interesados, este es el enlace
de "Plan 9 del espacio exterior". El Plan 9
se detalla alrededor del minuto 23.