lunes, 26 de septiembre de 2022

Tragicomedia

 


Nota: Para el reto del Tintero de Oro en el que había que escribir un micro a partir de una cita, he elegido una del director y guionista Billy Wilder que dice: «Si te sientes realmente feliz, deberías escribir una tragedia; si te sientes verdaderamente desgraciado, deberías escribir una comedia», tomándome de paso la licencia de hacer viajar al genio polaco hasta nuestro Madrid de principios del XIX.

 

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Madrid, 2 de mayo de 1808. Tras el fracaso del levantamiento contra las fuerzas de ocupación, el general Murat dicta la siguiente orden:

 

«Serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con armas».

 

Escribía sobre un arrugado trozo de periódico. De esa forma pasaba las horas entre su captura en el cuartel de Monteleón y el futuro cierto ante un incierto muro acribillado a balazos. Y aún así sonreía, sorprendiendo a propios y extraños.

–¿Acaso escribe su testamento para desazón de algún hijo díscolo? –le preguntó un individuo renegrido cuyos ropajes se hallaban manchados de sangre más ajena que propia.

–No, mi buen amigo. Una comedia.

–¡¿Me toma el pelo?!

–No se sulfure y deje que me presente. Guillermo Limones, autor teatral. No sé si ha ido últimamente al teatro de la Cruz...

–No es mi zona de paso, lo siento.

–También yo –se lamentó Guillermo, socarrón, dándose palmaditas en el bolsillo de las monedas, lo que arrancó en el otro una carcajada.

–Tiene usted mucho arte.

–Mi sustento depende de ello. ¿Y con quién tengo el gusto de hablar?

–Juan de Dios, zapatero remendón. Para servirle.

–Encantado.

–¿Y por qué una comedia?, si me disculpa la indiscreción.

–Cierto genio dijo una vez: «Si te sientes realmente desgraciado deberías escribir una comedia».

–Pues la suya será del copón –aseguró el zapatero con la vista fija en el nuevo grupo de prisioneros que los franceses se llevaban en dirección al Paseo del Prado.

–Del copón. Usted lo ha dicho.

 

B.A.: 2022


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domingo, 19 de junio de 2022

El latido del hombre muerto


Fotos de Pixabay e Internet

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Nota: El reto de la última convocatoria de este año consiste en escribir un relato de terror gótico en el que deberá aparecer algún personaje, objeto o localización de cualquiera de los relatos de Poe. Yo he utilizado como base el relato «El corazón delator», enfocándolo desde el punto de vista del anciano asesinado por su joven asistente. Espero que os guste mi visión. 

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Oscuridad. Silencio y oscuridad. Nada oye, nada ve… Nada siente. ¿Estará soñando quizás? Lo último que recuerda el anciano es haberse despertado de un sobresalto para sentarse en la cama, la espalda apoyada contra la cabecera, a la búsqueda del motivo de su desvelo. Se hallaba solo en el dormitorio. Los postigos seguían cerrados, según acostumbraba por temor a los ladrones, y aún así algo hacía que los pelillos se le pusieran enhiestos. Algo oculto en la oscuridad. Una… presencia junto a la puerta de entrada. Tal era el miedo padecido que por espacio de una hora quedó despierto con la vista clavada en aquella dirección.

A cada minuto que pasaba más rápido latía su corazón. Pu-pum, pu-pum, hacía, drenándole gota a gota la vitalidad y la cordura. Pupum-pupum, pupum-pupum. Un dolor repentino en su atormentado pecho le avisó de estar al borde de un ataque pero... ¿Qué podía hacer? El terror atenazaba sus miembros, anclándolo a la cama, y la garganta seca y cerrada le negaba el auxilio del grito. Solo cuando el viejo órgano se paró tras un súbito temblor el ansiado chillido pudo escapar por entre sus agrietados labios, señal para que aquello que aguardaba junto a la puerta saltara sobre él, las manos hacia delante, dispuesto a extirparle el último hálito de vida. Ahora lo recuerda.

Nada oye, nada ve, nada siente… ¿Había sucedido en realidad o no era más que un mal sueño? Convencido de ser víctima de una pesadilla el anciano lucha con todas sus fuerzas para vencer la oscuridad, algo que al fin parece conseguir cuando a sus oídos llega el chirrido de una sierra, como si estuvieran cortando leña, y el goteo de un líquido sobre una superficie cerámica. ¿Tiene sentido aquello? También empieza a ver: al fondo las ventanas cerradas con postigos y sobre su cabeza el dosel de la cama. Junto a ella la mesita de noche con una lámpara sorda abierta al máximo y ante el cono de luz su joven asistente arrodillado en el suelo... Un momento. ¿Por qué se halla él en su dormitorio en hora tan intempestiva? ¿Qué está haciendo, por el amor de Dios? Es el joven quien está usando una sierra de carpintero para cortar. Trabaja sobre algo duro, en vista de la fuerza empleada, que finalmente logra separar con un bufido de satisfacción. Cuál no es la sorpresa del anciano cuando un brazo cercenado queda visible a la luz de la lámpara; un miembro que reconoce al instante pues aún viste la manga de su camisón de dormir. ¡Realmente ha sido asesinado por aquel demente! ¿Entonces qué es ahora? ¿Un fantasma? ¿El recuerdo incorpóreo de aquello que fuera en vida?

Desearía enloquecer. Correr por la habitación entre gritos descarnados... Atacar a quien veía como a un buen asistente y mejor compañero. En vez de eso permanece en una esquina del cuarto viendo cómo continúa el ultraje de sus restos mortales pues al brazo derecho le sigue la amputación del izquierdo, para rematar tan macabra tarea con las piernas. La cabeza, envuelta en trapos, fue lo primero que se violentó.

El asesino ha acompañado su incansable trabajo con confidencias hechas en voz alta. «¿Acaso un loco hubiera actuado con semejante sangre fría?» –se defiende ante un invisible tribunal; ante la figura de alguna eminencia psiquiátrica presente solo para su afiebrada mente–. ¿Un enajenado hubiera utilizado un barreño para no manchar el suelo de sangre?». El anciano es incapaz de imaginar la causa de tal violencia. No era un hombre desmesuradamente rico y siempre trató a su asistente con exquisita cortesía. Con afectuosidad, diría. El joven, sin duda, ha perdido la razón, por mucho que defienda lo contrario.

Los seis grotescos bultos en que ha quedado dividido el cuerpo del anciano descansan al fin bajo los maderos del suelo. El cuarto se halla en perfecto orden no bien asoman los primeros cabellos de la diosa Aurora, momento en que alguien anuncia su llegada con la aldaba de la puerta. Toc, toc, toc. Con total tranquilidad el joven baja las escaleras para volver al dormitorio seguido de tres hombres, oficiales de policía según se presentan, quienes investigan un supuesto grito oído en mitad de la noche.

Desde el rincón el anciano es testigo de cómo su asesino explica a los oficiales que fue él quien gritó a causa de un mal sueño. Apunta de paso que su viejo compañero se halla de viaje, aclaraciones todas ellas que ofrece sentado en el mismo sitio donde yace el cuerpo humillado. Tamaña desfachatez es imposible soportar. El ente siente la necesidad de vengar su muerte y así, usando los dones de su nueva naturaleza, consigue arrancar un latido a su frío corazón, pu-pum, tan débil como el de un gorrión. Pero a este le sigue otro, y otro más, y cuanto más golpea bajo las tablas más lívido se pone el joven, pu-pum, pu-pum, pu-pum, quien salta de su asiento como si lo hubieran pinchado con un alfiler. Entonces intenta acallar los latidos solo por él escuchados con toda suerte de argucias. Habla alocadamente, se encara a gritos con los oficiales, gesticula con viveza,… hasta que la presión le vence y aúlla:

–¡Malditos! No disimuléis más. Yo lo maté, lo confieso. ¡Ahí está, bajo esas tablas! ¡Escuchad latido de su monstruoso corazón!

El anciano, consumada su venganza, se deja arropar por los brazos amorosos del Más Allá.

 

B.A.: 2022


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viernes, 20 de mayo de 2022

España dice adiós al cambio de hora

 




El microrreto del Tintero de Oro de este mes es escribir una noticia de prensa ambientada en el año 2032. Pongamos a prueba mis dotes adivinatorias.


España dice adiós al cambio de hora


Ha sucedido lo que parecía imposible. Después de muchos debates y contratiempos, tras superar apasionadas discusiones por las que algunos de los más selectos dignatarios a punto estuvieron de llegar a las manos, este reportero ha sido testigo de una realidad que oficialmente empezó a barajarse hacia el año 2018 aunque nuestros abuelos ya trataban en sus tertulias populares de barra y aperitivo. Hoy domingo 31 de octubre de 2032, las 3 de la mañana han vuelto a ser las 2 y así será ya para siempre pues esta madrugada los españoles hemos realizado nuestro último cambio de hora.

Como ya ocurriera en Estados Unidos, los miembros de la Unión Europea han decidido establecer como oficial e inmutable el horario de invierno por ser «más saludable y favorecer la conciliación», en palabras de nuestro representante en Bruselas. Si bien el huso horario de España debiera ser el localizado en el meridiano de Greenwich, se continuará con el horario de Europa central para así no entorpecer la relación económica y política establecida con sus aliados europeos.

Y si esto es excepcional lo que la semana pasada su aprobó in extremis es revolucionario pues el Gobierno ha tomado en consideración la reivindicación histórica del pueblo gallego de adoptar el huso horario que le corresponde dadas sus coordenadas, como ya hicieran nuestros compatriotas canarios. Terminar con este desfase antinatural, dicen los expertos consultados, beneficiará tareas esenciales como el marisqueo y la agricultura.

Solo el futuro nos dirá si fue acertado lo ocurrido hoy.


B.A.: 2022


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viernes, 15 de abril de 2022

El caso Wellington

 

Fotos de Pixabay e Internet

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Los Ángeles. 12 de Noviembre de 1962

 

Soy detective. Soy un buen detective pero…

Siempre hay lugar para un «pero» y el mío tiene forma de caso mal resuelto con víctima accidental de por medio. Desde entonces muchos cigarrillos y demasiados litros de bourbon consiguen mantener mi nivel de culpa dentro de límites aceptables.

Subsisto resolviendo casos de infidelidad y fraudes al seguro. Cody M. Colt, antaño sinónimo de éxito, ahora no es más que el nombre de otro habitual de la licorería de Rick, o así ha sido hasta hoy. Al menos eso espero.

Eran poco más de las once de la mañana y ya iba por mi tercer trago cuando una desconocida golpeó el vidrio esmerilado de la puerta, justo encima de mi nombre escrito en letras de imprenta. No era rubia platino ni tenía las curvas de Mulholland Drive pero sus ojos rasgados encandilarían al más pintado y llevaba una máquina de escribir Continental con la misma naturalidad con la que Jackie Kennedy luce su Gucci favorito.

–Encantada de conocerle, señor Colt.

–Son pocos los que se atreverían a decir eso, señora…

–Señorita Wellington. Como el asado inglés.

–Nunca lo he probado.

–Tenga cuidado cuando lo haga. Puede indigestar.

–Seguiré su consejo. ¿Es inglesa?

–Una parte.

–¿Y la otra?

–Rusa. Me llamo Laurissa.

–Ahora le daré yo un consejo: no presuma de su pasado ruso.

–¿Tiene miedo de que sea una espía?

–Lo que tengo es curiosidad por su máquina de escribir.

Laurissa, mientras preparaba con soltura la Continental, me contó una rocambolesca historia que según ella nos haría ganar mucha pasta.

–¿Realmente cree que puede viajar al pasado con su máquina de escribir? –le pregunté tras dedicarle mi mejor carcajada de beodo.

–He dicho «ver», no «viajar», señor Colt, y yo le ofrezco este mundo de posibilidades para que vuelva a ser quien fue. Conmigo como socia.

–Una máquina de escribir.

–Es tecnología nazi.

–Le daré otro consejo, señorita Wellington. Solo ganará dinero si le vende ese cuento a Amazing Stories…

Inmune al sarcasmo, Laurissa ya tecleaba en la Continental con la celeridad de una buena secretaria. Entonces las paredes del despacho se esfumaron y me hallé en su lugar en un simulacro bastante aceptable del hall del edificio, por él pude merodear a mi antojo, inmaterial para quienes allí se encontraban. Al dar las once, Laurissa cruzó la puerta de entrada cargada con su máquina de escribir y tras hablar con el conserje puso rumbo hacia mi oficina, donde se encontró con un Cody M. Colt disfrutando de su tercer bourbon del día.

–¡¡Qué cojones…!! –grité y Laurissa dejó de teclear, interrumpiendo la ilusión.

–Deberá disculpar los posibles fallos pero he descrito el edificio de memoria.

–¡Qué demonios fue eso!

–El instante en que nos hemos conocido.

–Eso ya lo supongo. ¿Podemos ver más?

–Lo que quiera –me contestó con destellos en los ojos–. Deme información del lugar y momento que quiera ver y yo lo escribiré para usted.

–¿Qué información?

–Fotos, planos,… Recortes de prensa. ¡Cuanto más mejor! Hágalo y le prometo que será testigo privilegiado de cualquier delito, pudiéndolo resolver sin error alguno.

»¿Hay trato?

–Necesito despejarme. Luego preparas otra de esas… visiones y ya veremos.

Una hora después quedó establecida nuestra particular sociedad.

 

Los Ángeles. 21 de octubre de 1963

 

Ha pasado casi un año de mi primera visión y ya he perdido la cuenta de los casos resueltos. A veces me revuelvo contra la idea de ser un mero voyeur de la barbarie humana, con el tacatac de la Continental como banda sonora, pero luego regreso a la realidad y llevo al culpable ante la Justicia, llenando de paso nuestros bolsillos con varios cientos. Entretanto me he enamorado de Laurissa. Por ella he dejado la bebida.

 

Los Ángeles. 26 de octubre de 1963

 

–Laurissa. Quisiera preguntarte…

–¿A pesar de mi parte rusa?

–Me arriesgaré.

 

Dallas. 25 de noviembre de 1963

 

El viernes, de manera repentina, Laurissa me propuso un nuevo caso de asesinato. Nada más comenzar la visión noté que no era como las anteriores pues la imagen era lujosa en detalles, fruto de una investigación exhaustiva. Me encontraba en un almacén con cajas de libros apiladas por doquier. Grandes ventanales permitían la entrada de luz natural y desde uno de ellos, bien emboscado, un individuo realizó tres disparos hacia la calle. Me acerqué a fin de poder realizar la futura identificación y cuál no sería mi sorpresa cuando el hombre clavó sus fríos ojos en los míos, el aire cómplice, haciéndome entrega del arma para después esfumarse junto con el tecleo de la máquina de escribir. Quedé así atrapado en la escena del delito, en una ciudad entonces desconocida, de donde pude escapar gracias a la confusión reinante.

Laurissa me ha mentido de todas las formas posibles. Su amor fue fingido desde el principio y aunque lo negara se puede viajar en el tiempo con la Continental pues yo lo he hecho al momento en que asesinaban a Kennedy. Solo cinco minutos difieren entre mi realidad y esta otra.

Me hallo escondido a veinte kilómetros de Dallas, sin saber si me relacionan con el magnicidio. Lo que sí sé es que soy un buen detective. Encontraré a Laurissa y a su cómplice como me llamo Cody Magnus Colt, y después decidiré qué hacer con la jodida máquina mientras disfruto de un bourbon con hielo en el local de Rick.

 

B.A.: 2022


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lunes, 14 de marzo de 2022

Ruegos desde la ratonera

 


–Ciérrate. ¡Ciérrate, por favor! ¡¡Mierda!! Por favor. ¡Por favor! Mierda. ¡¡¡Ciérrate…!!!

Morgan mantiene el botón de cierre pulsado, el dedo amoratado por la presión. Las puertas del ascensor al fin se deslizan con un rodar mecánico, lento, desesperante, levantando una barrera protectora contra la horda de muertos que hacia él se dirige con su andar renqueante. Un ascensor difiere poco de una ratonera, lo sabe, pero las escaleras están ya bloqueadas y todos los pisos de la planta se hallan cerrados con llave. Cuando el ascensor inicia el descenso se gira hacia el espejo, aliviado, y entonces la ve.

Aunque ensangrentada y cubierta de desgarros la reconoce sin dudar. ¡Cómo no hacerlo si hasta lleva colgada la mochila de Hello Kitty que le regalara por su último cumpleaños! Lucía, la hija de su vecina Mila, se halla desmadejada sobre el suelo, mísero recuerdo de lo que fue; espantosa promesa de lo que será. Sabe lo que tiene que hacer con el martillo empuñado en la diestra pero le fallan las fuerzas. En su lugar eleva una oración tiempo atrás olvidada para que las puertas se abran antes de que Lucía sucumba a la transformación.

Contra todo pronóstico sus ruegos son atendidos. Con un pin las puertas se abren en el preciso instante en que el cuerpecito empieza a convulsionar entre gemidos antinaturales y Morgan se zambulle en el hall inundado de infectados, dichoso porque serán otras las cabezas que deba destrozar para seguir con vida un segundo más.

 

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B.A.: 2022