martes, 11 de septiembre de 2018

Érase un vez en Rebis - 26. Diálogos (II)



Resumen de los capítulos anteriores: El instructor Ramiro Corbacho, duque de Lago Glauco, prepara un atentado en Rebis que tiene a César como objetivo. Tras su ejecución, dando buena cuenta de un gin-tonic, reflexionará sobre el anónimo informante que puso a su organización a la caza del muchacho.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Nacho y Tina

–Hola, Nacho.
–Hola, cariñ…
–¿Cómo te ha ido hoy en el club?
–Muy bie…
–¿Estás a gusto con tus nuevos amigos?
–¡Caray, Tina! Déjame responder al menos una pregunta. ¡Qué prisas!
–Adelante. Te escucho.
–Gracias. Pues la reunión ha sido de lo más interesante. Hemos leído artículos de la época que comentaban la batalla y después…
–Nacho… No me trates como a una imbécil.
–¡Venga ya, Tina! Dime de una vez por qué estás enfadada conmigo y acabemos con esto de una vez.
–Como quieras, Nacho. Sólo te estaba dando la oportunidad de que saliera de ti, pero si es así como lo quieres…
»Hoy te he seguido.
–¡¿Que has hecho qué?!
–¿Acaso tenía otra solución?
–¿Hasta dónde has llegado?
–No todo lo que hubiera podido, te lo aseguro.
»Sabes que soy la mejor.
–…
–Nacho. Te lo pido por los buenos momentos que hemos vivido… ¡Por los que aún nos quedan por vivir! Cuéntame lo que ocurre en ese falso club.
»Sólo así podremos volver a ser los de antes.
–No puedo, por mucho que quisiera.
–¡¿No puedes?! Pero yo sí pude traicionar la memoria de nuestro libertador cuando te confié mis prácticas secretas de incursión.
–Tina, no es lo mismo. Esto es algo mucho más grande.
–¡Claro que es lo mismo! Se trata de confianza.
–Tienes razón… Te lo contaré todo.

Samuel y Mio

–Samuel. Ha llegado el momento de que sepas la verdad.
–Te escucho, Mio.
–Pues empezaré confesándote que detesto tu servilismo enfermizo. Me resulta repugnante. Pero si es así como quieres morir… Sea.
–¡¿Señoraaa…?!
–¡SILENCIO! Como te decía, vas a morir. Hoy. No lo dudes ni por un segundo. Pero antes disfrutaré con la cara de bobo grandote que vas a poner cuando sepas cómo he jugado contigo.
»¿Preparado? Empecemos entonces.
»Soy fruto de fuerzas muy antiguas. Desde siempre desprecié a los inferiores que ante mí se arrastraban por un favor, una mirada o una sonrisa, como tú mismo, Samuel, aplastándolos sin remordimiento y con mucho placer hasta que mis propios progenitores, ¡mil veces mil malditos!, asustados de su propia simiente, me encerraron en esta mortaja de piedra maldecida. Ni que decir tiene que sólo el extremo cansancio de una larga lucha en total desventaja desequilibró la balanza en mi contra.
»Ya hace mucho tiempo de todo eso.
»Mucho, mucho tiempo…
»…
»En las entrañas de Rebis, amparados por el barullo de sus primeros años, los fieles de mis progenitores levantaron esta mala parodia medieval que debía ser mi tumba, abandonándome al final de un laberinto de calles rectas donde hallarían la muerte los estúpidos que hicieran de mi búsqueda y libertad su sino de vida. Y así, languideciendo tras un círculo de piedra bendecida que sangraba lentamente mis ya mermadas fuerzas; desconocida para un mundo de andar precipitado que no recordaba al último de mis carceleros, muerto generaciones atrás, me resigné a esperar el final. Y a mi alrededor, Rebis no dejó de crecer.
»Mis progenitores se fueron con la certeza de que no tardaría en seguirlos, lo que habría sucedido si un desperezo de la estación no hubiera quebrado el perfecto círculo que trazaban mis guardianes. Fue una falla minúscula, pero por ella pude enhebrar un hilo de energía, tan delgado que amenazaba con romperse en cualquier momento, calmando mi sed de siglos con ese enriquecedor riachuelo de característico sabor aséptico, siempre caudaloso gracias al derroche inconsciente de los rebisianos. Y cuanto más me asemejaba a la Mio primigenia con más fuerza empujaba a mi centinela frontero, hasta que conseguí que traspusiera el umbral de la puerta, rompiendo definitivamente el círculo de carroñeros que me encerraba. Entonces me derramé por la estación con la furia de un río desbordado.
»La maldición me enraizaba a la materia de esta diosa que con tanta pasión has venerado pero no pudo impedir que hiciera de Rebis su apéndice grotesco y tecnificado, ahogando con mi ser cada corredor, desagüe, cable eléctrico y computadora. Cuando levantan una nueva mampara yo ya estoy allí, llenando cada uno de los habitáculos resultantes con mi desprecio y sed de venganza, y si demuelen un sector lo siento para siempre como a un miembro amputado. ¡YO SOY REBIS! YO soy el Gran Hermano que os vigila.
»…
»¿Nada que comentar? Continuemos pues.
»Desde mi omnipresencia participaba de las patéticas luchas de poder rebisianas, muchas de ellas ocurridas justo encima de nosotros, en el salón Prometeo. ¡Cuántos comprometedores secretos podría revelar! Y cuando me topé con esos amigos tuyos… ¡Ah! No hay palabras para describir la emoción que me produjo la operación Mundo Feliz. 
»¿Por qué pones esa cara? Acepta de una vez que soy la guardiana de todas vuestras miserias. Sé que os reunís bajo la fachada del Proyecto Churruca, dónde ocultáis el motor de velocidad y la extraordinaria naturaleza de los hiliones… Quién se oculta bajo la máscara de Nelson, y he de confesarte que no puedo esperar para ver la cara que pondrán tus socios cuando también ellos lo sepan.
»Pero me he desviado. Te contaba que descubrí vuestra pequeña alianza y vi en la caza interplanetaria que teníais planificada una oportunidad única de liberación. En algún lugar del cosmos se encuentran las palabras que quebrarán la piedra que me aprisiona. Debo encontrarlas, por lo que era imprescindible que formara parte de la flota exploratoria, y ahí es donde entraste en escena. Conocía qué era lo que te devoraba por dentro así que no tuve más que tocar la melodía adecuada para hacerte bailar como a un oso amaestrado. ¡Y tú te creías el campeón de la pobre e indefensa Mio! ¡¡Ja!! Esta misma mañana, sin ir más lejos, has emitido la orden irrevocable de mi traslado a la nave insignia, orden de la que yo soy la instigadora, no te quepa duda.
»Todo iba según mis planes. Filtraba hilachas de información a Nelson para que os hostigaran continuamente, como el ataque al hangar 335, a fin de que emprendierais la caza lo antes posible, y entonces me hablaste de César. ¿Cómo se me pudo pasar por alto la existencia de quién podría ayudarme a descifrar la fórmula de mi liberación? Sólo puedo alegar en mi defensa que estaba demasiado ocupada planificando mis futuros movimientos. Sea como fuere, el error pudo ser subsanado a tiempo.
»En un par de ocasiones he puesto a Nelson sobre su pista, la última no hace un mes, pero es un riesgo totalmente calculado; nunca lo expondré a un verdadero peligro. Llegado el momento, cuando tú ya no estés, me presentaré ante el chico como su salvadora y la gratitud lo ligará a mí, aceptando de buen grado la misión que le tengo encomendada.
»…
»Sólo me falta decirte que la batalla final contra «vuestro» Nelson va a comenzar. Gracias a un nuevo mensaje, el hangar que oculta el motor de velocidad flota a la deriva alejándose de Rebis. Las dos escuadras ya han sido desplegadas y en breve se desencadenará la tormenta. Nada le pasará al motor y la batalla la ganará tu gente, así lo he decidido, pero la situación de tus amigos en Rebis se hará insostenible y tendrán que partir inmediatamente. Yo iré con ellos. Tú no.
»Ahora, maese Faro, debes morir.

B.A.: 2.018

3 comentarios:

  1. Capítulo 26 de la space opera Érase una vez en Rebis.

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  2. Hola Bruno, ¿que tal esas vacaciones? Me alegro de tu vuelta al blog. Y de Rebis. Genial continuación del verano, con esta segunda entrega de diálogos... Bueno, diálogo solo un poco, la mayoría soliloquio, ja ja. Momento clave con el desenmascaramiento de Mío y sus verdaderas intenciones, las sorprendentes respuestas a muchas preguntas y ese final de infarto con la vida de Samuel pendiendo de un hilo, o de una hebra, según se mire. Ni por asomo me esperaba tanto, la verdad, y me quedo en ascuas ante la continuación. Parece que César va a tener que espabilar si quiere salir airoso de lo que se cuece a su alrededor, aunque barrunto que otros personajes no menos importantes tienen todavía mucho que decir, ja ja
    Hasta la próxima, compa. Un fuerte abrazo

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  3. Buenas tardes, Isidoro. Las vacaciones bien, con las pilas cargadas para Rebis y lo que surja. Espero que tú también hayas podido descansar.
    Pues sí, como bien has visto, más que diálogo es un monólogo, pero Mio es así, cuando le da por hablar, no hay quien la pared. Y con amenazas de muerte incluida. Samuel debe de estar con las piernas temblorosas. Je, je, je.
    Espero que este capítulo haya resuelto algunas dudas; comprendo que Rebis es un texto largo e intrincado en el que es fácil perderse (espero que no aburrirse), por lo que no puedo más que daros las gracias por vuestra fidelidad.
    Un abrazo, amigo.

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