miércoles, 25 de julio de 2018

Érase un vez en Rebis - 25. Jamón cocido, Tombolina Cola y… ¡Qué demonios! Un gin-tonic



Resumen de los capítulos anteriores: En el capítulo anterior hemos sabido que el oficial instructor del ejercito rebisiano Ramiro Corbacho posee el título de duque de Lago Glauco, algo que no conoce los dirigentes de Rebis. El androide de asistencia personal AP-56, llamado cariñosamente AlPred, es uno de los guardianes del secreto, pero está muy enfermo.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Al choque de los vehículos le siguió una potente explosión, ¡buuum!, que quebró cuanta vida y cristal halló a su paso. Antes de que el oxígeno escapara junto con todo aquello que no se hallaba debidamente anclado –papeles, animales, vehículos, rebisianos,…–, el sistema de seguridad de la estación ya había sellado la bóveda de cristal ahumado que coronaba el lugar del accidente, debilitada por la onda de choque hasta su total resquebrajamiento, activando las medidas contra incendios aun a riesgo de asfixiar a los supervivientes. El auxilio llegó al momento.
Desde la seguridad de la distancia, Ramiro Corbacho observaba la escena con evidente satisfacción. Las magulladuras producidas por la caída y los múltiples rebotes contra el plano del suelo no ensombrecieron el chute de euforia que sigue al plan bien concebido y mejor ejecutado, como tampoco lo hicieron los asumidos daños colaterales –lo que en el lenguaje del pueblo llano y con conciencia se habría denominado «víctimas inocentes»–. Había guiado a AP-56 hasta un callejón que se hallaba a mitad de la amplia avenida que debía recorrer el objetivo, parando el motor al final de la estrecha calle que sus hombres, vestidos de obreros, mantenían libre de curiosos. Ni una pregunta había escapado de los labios inanimados de AlPred en todo el trayecto; se había limitado a conducir de forma eficiente el vehículo de colección según las indicaciones que le hacía llegar el duque de Lago Glauco, afianzando en éste la certeza de que el plan desarrollado era el mejor final para tantos años de fiel servicio.
La señal llegó en la forma de alarma de automóvil, y AP-56 giró la llave de contacto, embragó para meter primera, soltó el freno de mano y aceleró, cambiando al instante a segunda, el motor del todoterreno en ningún momento revolucionado. Tercera, cuarta y quinta. Cuando quedaba menos de un cuarto de callejón por recorrer, el duque apoyó el pulgar sobre el escáner de huellas digitales oculto en la base del cuello de AlPred, iniciando con su reconocimiento el programa Omega de desconexión, y tras un adiós susurrado saltó del vehículo en marcha. El efecto fue inmediato. El cuerpo del androide quedó totalmente bloqueado, con el pie derecho pisando el pedal del acelerador y las manos sobre el volante manteniendo recta la dirección del vehículo que ya salía a la circulación abierta, en trayectoria de colisión con la motocicleta dorada que enfilaba la avenida a la máxima velocidad de su potente motor eléctrico. Entonces se produjo la tremenda explosión, a la que contribuyó cierta carga plástica que no venía de serie en el todoterreno.
¡Éxito absoluto! El objetivo había sido neutralizado y de paso le había proporcionado a AlPred el mejor funeral que podría desear; su cuerpo desintegrado jamás sería reciclado en forma de cubertería o maquinillas de afeitar.

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«Atentado con coche-bomba en Rebis», anunciaba la cartelera del noticiario.  Tras una reconfortante ducha en los vestuarios del cuartel, vistiendo ropas limpias y con las heridas y contusiones tratadas con gasas asépticas, mercurocromo y pomada antiinflamatoria, Ramiro Corbacho, retomado su papel de oficial instructor del ejército rebisiano, se asentaba el estómago con un bocadillo de jamón cocido. En la pantalla de televisión que dominaba la cantina del cuartel, el noticiario daba puntual informe del atentado al que no era ajeno el instructor, emitiendo en directo imágenes de los primeros auxilios que los sanitarios dispensaban a las víctimas, acomodadas como buenamente se podía entre los cuerpos cubiertos por sábanas, abrigos o simples bolsas de basura que aguardaban la llegada de los vehículos de la morgue. Ramiro Corbacho recordó de nuevo al amigo perdido, y en su honor levantó unos centímetros el vaso de Tombolina Cola con el que se ayudaba a bajar el bocadillo. ¡Qué demonios! Las cosas había que hacerlas bien, así que pidió al cantinero un gin-tonic con el que brindar a la memoria de AlPred.
Contemplando el líquido transparente enfriado con dos cubitos de hielo, el duque se preguntó de nuevo por la identidad del confidente que les estaba informando con tanta exactitud de los pasos del nuevo objetivo. Los mensajes aparecían siempre en su cuenta de correo electrónico, sin un rastro que seguir, como si fuera cosa de magia, y ni el hacker más experimentado había sido capaz dar con su redactor. Tras un nuevo sorbo al combinado, Ramiro se sumió en el recuerdo del primer mensaje que les llegó.
Era escueto, solamente tres líneas con el lugar y la hora donde podrían encontrar al nuevo objetivo, la causa por la que debía ser eliminado y, por supuesto, su nombre. Fue éste lo que hizo que no se tomaran en serio la advertencia, pero por pura profesionalidad decidieron investigar la información, confirmando sorprendidos que todo era verdad. Por mucho que costara creerlo, el individuo en cuestión era culpable de los cargos que se le imputaban e inmediatamente se firmó la orden ejecutiva para su eliminación, contratando los servicios de Ignacio Caneca, el mejor «limpiador» de toda Rebis. En esa ocasión la diosa Fortuna había querido darles la espalda y los restos de Caneca fueron hallados en la trituradora de un vertedero cercano al lugar del atentado. Y el objetivo vivo, por supuesto. Hasta aquella mañana no había llegado un nuevo mensaje con información para remediarlo.
¿Quién sería el secreto benefactor? Seguían investigando la procedencia de los correos pero todo era en vano. ¡Al diablo! Mientras la calidad de la información fuera como hasta ahora, el tipo podía seguir siendo una sombra en el ciberespacio. Ahora había cosas más urgentes en las que pensar. De regreso a casa compraría un nuevo androide AP con antivirus Dalma incorporado, exigiendo que se lo entregaran a primera hora de la mañana. El problema estaba en sus hijos. ¿Cómo explicarles el final de AlPred? Sin duda su esposa ya se estaba encargando de allanar el terreno. Compraría un AP de aspecto femenino, quizás la novedad ayudara a llenar el vacío que dejaba el fiel androide. ¡Qué tontería! Lo que le esperaba en casa no lo resolvería ni el mejor de los negociadores. ¡Hazte a la idea! Ramiro sacó un billete de la cartera y se marchó cabizbajo, evaporada la euforia.

*        *        *

«¡Exclusiva! Imágenes del atentado». El cantinero dejó de seguir con la mirada la figura encorvada del instructor, atraído por las nuevas imágenes que mostraba el noticiario. Grabadas por una cámara de seguridad, en ellas podía verse cómo volcaba una motocicleta dorada sin razón aparente, como si una fuerza invisible la hubiera desestabilizado de un potente empujón, lanzando a sus dos ocupantes contra una pila de embalajes de cartón. Escasos segundos después, un taxi se empotraba contra el todoterreno que a su máxima velocidad se incorporaba al tráfico, produciéndose entonces la terrible explosión. Lo último que el cantinero pudo ver en la grabación fue cómo los moteros, milagrosamente ilesos, conseguían ponerse en pie, incapaces de apartar la vista del hongo de gasolina inflamada que se elevaba hacia la bóveda acristalada.
–A esos dos les han traído los regalos de Reyes por adelantado –comentó para sí mientras retiraba los restos de la frugal comida del instructor Corbacho, centrando de inmediato la atención en el nuevo cliente que entraba en sus dominios–. Buenas. ¿Qué desea?


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9 comentarios:

  1. Rebis se despide hasta... septiembre. Buenas vacaciones.

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  2. ¡Qué ganas tengo de que termines esta novela y la publiques entera para disfrutarla como se merece, Bruno! Un fuerte abrazo y te deseo un fantástico verano.

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    1. La publicación de Rebis es mi meta. Tengo vista una editorial que tiene buena pinta, aunque la autopublicación también la tengo presente.
      Muchas gracias por tus ánimos, David. Me anima un montón.
      Buen verano.

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  3. Parece que un nuevo milagro, o la pericia de su ángel de la guarda, ha salvado de nuevo al amigo César de una muerte más que segura (has mantenido la intriga hasta el final). Bueno, como ya hemos comentado en otras ocasiones, pequeñas historias nos conectan de nuevo con la trama general, de forma que, mientras disfrutamos de la la gran diversidad del mundo rebisiano, no perdemos el hilo. Nuevos datos, nombres, respuestas a algunas preguntas, y seguimos avanzando. He de reconocer que a veces, tengo que echar mano de ese índice que has compuesto para recuperar el detalle de algún momento, al ser un argumento complejo con muchos personajes y un desarrollo pausado, pero con los títulos y los resúmenes, resulta fácil. Quizás no estaría mal que, en algún punto, hicieses una recapitulación o resumen general, aunque fuera como anexo a alguna entrada, algo a lo que se tuviese acceso y que pudieses ir actualizando... No sé, no me hagas mucho caso, es sólo una idea que se me ocurre, pero a fin de cuentas, llevamos casi dos años (se dice pronto, como pasa el tiempo) y, muchas se te escapan quieras o no. El caso es que César, Constanza, Sebastián, Samuel, Corbacho, Nacho, Tina, se nos hacen ya personajes familiares de los que nos gusta saber cosas, pero... Ese Señor de la Guerra está muy tranquilo en su sillón y, aunque los conflictos internos acaparen nuestra atención, también estamos deseando ver lo que pasa por ahí fuera, ja ja. En resumen, mantienes el ritmo, el interés y la intriga, pilares básicos que no decaen en ningún momento. Todo eso único a la calidad narrativa, me llevan a decirte: a mi, échame capítulos para decorar.
    Hasta la proxima, compañero, y a disfrutar de la sombra y un buen tinto de verano

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    1. Comprendo perfectamente lo que dices, Isidoro. Es una trama larga y compleja en la que es fácil perderse. Hasta yo mismo me veo obligado en muchas ocasiones a consultar un dato, un momento que no termino de recordar, y voy hacia adelante y hacia atrás en la historia, siempre con la idea de ser coherente con la trama principal.
      Me alegro que los resúmenes y el índice te ayuden en esos momentos de apuro, y respecto a esa recapitulación que me comentas, recuerdo que ya hice algo parecido el año pasado, preparando un ePub con lo que tenía en ese momento. Este año, con el trabajo que me salió los últimos meses, me ha sido imposible. Al menis he conseguido terminar de narrar la historia de AlPred.
      Un abrazo enorme, compañero.

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  4. Quise decir "capítulos para devorar", ja ja... Menos mal que me leo los comentarios a posteriori

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  5. Pobre AlPred, le había cogido cariño en el capítulo anterior. Una existencia efímera. Y que decir del doble juego del instructor Corbacho, que en sus ratos libres ocupa su tiempo en eliminar rebisianos inducido por un misterioso personaje cuya identidad seguro conoceremos tarde o temprano.
    Espero que pases un buen verano Bruno, y vengas con fuerzas e ideas renovadas para esta saga espacial. Un abrazo!

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    1. Es verdad, Jorge, el pobre AlPred no ha tenido una vida muy larga, acostumbrado como estamos a lo que dura un androide en el cine o en la literatura, pero sé de buena tinta que fue satisfactoria, ejerciendo de niñero para los herederos del ducado de Lago Glauco.
      Gracias por seguir en Rebis, compañero. Espero reunir fuerzas para la próxima temporada.
      Un saludo.

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