sábado, 15 de julio de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 15. Los nanobots



Resumen: Rebis se despide... hasta septiembre. Y para celebrar la llegada de las vacaciones, nada mejor que un nuevo capítulo y una promesa cumplida: os dejo el enlace para que podáis descargaros los 15 primeros capítulos de esta space opera en formato epub. Ni que decir tiene que si encontráis algo problema con el archivo o la descarga me lo indiquéis para que lo pueda resolver lo antes posible.



Y ahora el nuevo capítulo. Buen verano.

Resumen de los capítulos anteriores: La orden para el uso de los nanobots ya ha sido firmada, pero antes de poner en ejecución el operativo, Samuel debe dejar constancia en un informe las razones de tan drástica decisión.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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La estación tenía problemas de plagas. Como ya ocurriera en la Santa María o en el Mayflower, toda suerte de fauna emigrante había viajado escondida en los vehículos de enlace con la Tierra para hacer de Rebis su hogar de acogida.
De entre todas ellas destacaban los «bicheros», la especie autóctona de la era espacial, insectos así llamados por sus largas patas delanteras, acabadas en una garra ganchuda, que mantenían recogidas ante la cabeza. Estos pequeños seres habían evolucionado durante generaciones para hacer de las condiciones extremas del espacio su habitad natural, los primeros en escapar cuando la astronave en la que viajaban estaba destinada a la catástrofe, y era todo un espectáculo ver cómo tejían a su alrededor una burbuja de oxígeno para alejarse flotando del vehículo sentenciado como pompas de jabón. Entonces les llegaba el turno de esperar, y esperaban, esperaban, esperaban,… racionando el oxígeno hasta que recalaban en un nuevo huésped, al que se agarraban con la ayuda de los ganchos de sus patas delanteras, o morían de alguna de las muchas formas de las que se puede morir en el espacio.
Eran las infestaciones una incómoda verdad que las autoridades rebisianas intentaban ocultar a toda costa, adolescentes desesperados por disimular el acné que le empiedra la frente. Así las cosas, no podía haber mejor camuflaje para los nanobots que la de semejar un reguero de hormigas.
Observados más de cerca, los cuatro miembros de la expedición tenían la forma de un pequeño microchip al que le hubiera brotado seis patas, coronados todos ellos con una microcámara a modo de cabeza con la que daban información visual a Adrián Ramos, el controlador de la misión. Tras asaltar la habitación de César a través de uno de los conductos de ventilación, los nanobots aprovecharon la manta que se desparramaba hasta el suelo para subir a la cama donde descansaba el chico, previamente drogado en su última vista a la cantina a fin de facilitar el interrogatorio, obligándolo a abandonar la posición fetal a base de leves pinchazos. De esa forma, girado hasta quedar tumbado boca arriba, se facilitaba el trabajo del nanobot que, ya anclado impunemente sobre uno de los ojos del muchacho, manteniendo los párpados abiertos con sus poderosas patas, debía lanzar sobre la pupila expuesta un fino haz de luz con el que registrar la veracidad de sus respuestas.
Con otro de los expedicionarios junto al oído no tratado quirúrgicamente, abriendo un canal de comunicaciones por el que Adrián haría llegar sus preguntas, y un tercero preparado para captar las vibraciones de las cuerdas vocales que el ordenador transformaría instantáneamente en palabras comprensibles, el cuarto en discordia, aguja hipodérmica en ristre, le inyectó a César el suero de la verdad que llevaba almacenado en su cuerpo plano, que se extendió por el durmiente gracias a la tupida red del sistema sanguíneo.
El sujeto estaba preparado. César contestaría a las preguntas de Adrián y al día siguiente nada recordaría del interrogatorio, siendo incapaz de encontrarle sentido al olor tan peculiar que emanaba de su orina. Ese olor sería la única secuela del interrogatorio... si el chico contestaba con la celeridad esperada. En caso contrario, el nanobot de la aguja hipodérmica sabría qué hacer.

*        *        *

El operativo estaba resultando un completo desastre.
Al principio, César había respondido con excelente rapidez y claridad a las preguntas básicas de nombre, apellidos y demás, pero la cosa se truncó cuando llegó el verdadero interrogatorio. Y aunque el aguijón del nanobot aplicaba dolor con mayor asiduidad, el muchacho se callaba las respuestas que la organización tanto ansiaba conocer. «¿Qué sabes del ataque al hangar 335?». Silencio. «¿Cómo supo Nelson dónde iban a atrancar los contenedores?». Silencio. «¿Cuál es tu papel en esta historia?» Silencio. Silencio. Silencio.
¿Qué estaba haciendo mal? El chico debía saber algo, pero si así fuera ya habría soltado la lengua; aquel suero era infalible. Leyó por enésima vez el informe que le hiciera llegar Samuel Faro con la orden de ejecución del interrogatorio –«Tras el ataque al hangar 335, por razones que no vienen al caso, el superior Canela me sugirió que visitará uno de los miradores de la estación...»–, a la búsqueda de una luz que guiara sus pasos, pero nada de nada.
Desesperado, Adrián dejó caer las manos sobre el teclado que tenía frente a él, pulsando simultáneamente varias teclas que protestaron con un pitido prolongado, y entonces recordó un pequeño detalle al que no había prestado la atención debida: en el informe se indicaba que el suceso ocurrió a raíz de un acoplamiento en el sistema de sonido del mirador. ¿Podría ser ese pitido la clave? Adrián dio una orden al nanobot apostado en el oído del muchacho que al instante se dirigió al tratado quirúrgicamente, provocando un desagradable chirrido que a punto estuvo de despertarlo; la reacción fue instantánea.
–335. Ataque en diez minutos. 335. Ataque en...
Repasando los informes del día, Adrián encontró una pequeña nota de la profesora de vuelo Lucía Valor en la que informaba de un incidente con su alumno César Tirana, del pentágono Sirio, y la hora indicaba que había ocurrido exactamente diez minutos antes del ataque al hangar. El chico debía haber captado accidentalmente aquel mensaje de Nelson, martirizándole el oído operado hasta hacerle fallar el ejercicio, y desde entonces, cada vez que se producía un pitido semejante, su mente volvía a aquel instante en el tiempo.
César no tenía nada que ver con el ataque, eso era incuestionable, pero entonces... ¿Cómo explicar que el chico hubiera entendido el mensaje cuando Nelson siempre realizaba sus comunicaciones en código cifrado, un código que ni el señor Manzana, el mejor informático de la organización, había conseguido descifrar? Era imprescindible saber si todo había sido fruto de la casualidad o si el chaval estaba especialmente dotado para el criptoanálisis, siendo capaz de romper el código enemigo. Y con esa sugerente idea en la cabeza, Adrián le hizo llegar al chico, uno tras otro, todos los mensajes capturados que tenían en la base de datos, empezando por los más simples.

*        *        *

–¿Y bien...? –preguntó Sebastián tamborileando impaciente con los dedos sobre la mesa. Samuel se había presentado de improviso en su despacho, llevando consigo el documento que un soñoliento Adrián había encuadernado con gusanillo a primera hora de la mañana.
–El chico nada sabe del ataque; los datos así lo indican.
–Entonces estamos como al principio, pero ahora no tenemos ningún clavo ardiendo al que agarrarnos... ¡DEMONIOS!
–Estábamos, jefe. Aunque los resultados hayan sido negativos, la balanza se ha inclinado decisivamente a nuestro favor.
–Samuel... No tengo la paciencia de Constanza.
»Ni mucho menos su caridad cristiana.
Con una sonrisa traviesa, Samuel entregó a su superior el documento abierto por una página marcada con pósit, y lo que allí leyó el viejo empresario lo hizo palidecer hasta la raíz del pelo.
–¿Todos los mensajes descifrados? –consiguió preguntar Sebastián con la mente perdida en un mundo de infinitas y satisfactorias posibilidades.
–Todos y cada uno de ellos, jefe.
»Sin una vacilación.
–Samuel. Ese chico es nuestra piedra de Rosetta. Con él iríamos siempre un paso por delante.
»Tenemos que contactar con él antes de que Nelson conozca su existencia... y ordene su eliminación.


B.A.: 2.017

Safe Creative #1707152954890

10 comentarios:

  1. ¡Descargado, Bruno! Y se visualiza perfectamente. Quería leer esta historia desde el principio y seguido para este verano. Así que la idea del ebook es fantástica. Ya está en mi ebook, cuando la lea entera te comento. Un abrazo!!

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    1. Me alegra que Rebis te acompañe estas vacaciones.
      Un saludo, compañero.

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  2. Vaya vaya, así que el cerebro de César Tirana es un decodificador del más alto nivel. Con semejante arma no me extraña que el chico despierte el interés de los militares. Un giro de tuerca en el entramado de esta historia que introduce un elemento nuevo y ventajoso para quien lo controle, a semejanza de la decodificación de la máquina Enigma que los aliados consiguieron en la II Guerra Mundial. Buen giro que nos deja una nota de suspense en la trama. Tendremos que esperar hasta la vuelta de las vacaciones para saber como continúa esta ópera espacial tan trabajada en su argumento.
    Aunque ya he leído los capítulos me bajo el fichero, siempre es bueno echarle un ojo a la obra completa para enlazar las diferentes tramas que hasta ahora nos has presentado.
    Buen verano y feliz descanso Bruno! Un abrazo.

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  3. Pues sí, amigo Jorge, César es un elemento clave en esta space opera y por él se realizarán más de una acción, no todas legales.
    Me alegra que sigas a bordo en esta aventura aventura que empecé hace ya 15 capítulos y te agradezco la confianza que depositas en ella hasta el punto de bajarte el archivo ePub para una posible relectura. Espero no defraudarte, compañero.
    Felices vacaciones.

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  4. buscando blog nuevos nuevas ideas te he encontrado gracias por lo que das con tus escritos

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    1. Me alegra que me hayas encontrado. Aquí estoy con mis relatos para lo que necesites.
      Un saludo.

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  5. Multitud de referencias hacen de la saga un espacio delicioso en el que ejercitar la nostalgia. El asunto de los "bicheros" me ha recordado "El viaje del Beagle espacial" y su evidente conexión con el Alien de Scott (el bichito en cuestión, a diferencia del de la peli, vagaba por el espacio en estado latente, esperando aquella incauta nave en la que procrear)
    Y enorme trabajo el que has tenido, dándole al coco, para configurar todo ese revolucionario sistema de polígrafo operado por nanobots. Te felicito, compañero.
    Esto va cogiendo ritmo y el interés se acrecienta. Menos mal que ya no tengo que esperarme todo el verano para leer el siguiente capítulo, ja jaaaa
    Un abrazo amigo. Volveré

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    1. Vaya, Isidoro, desconocía ese Beagle espacial, pero me ha entrado el gusanillo y voy a investigarlo concienzudamente.
      Gracias por tu compañía, amigo. Tengo ya preparado un nuevo capítulo y espero seguir teniendo tu compañía en esta aventura en la que me he embarcado.
      Un abrazo fuerte.

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  6. Hola Bruno, ya lo he descargado. Lo dicho, ya te contaré.
    Saludos

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    1. Espero que te guste. Un abrazo fuerte, Conxita.

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