lunes, 5 de junio de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 12. Sirenas



Resumen de los capítulos anteriores: Un mensaje extraño ha llegado al ordenador personal de Sebastián Canela. Habla de un corredor oculto y de un secreto escondido. Samuel será el encargado de explorarlo.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Los escollos estaban salpicados de espuma de mar, maderas podridas y recuerdos de vidas pasadas. Las sirenas elevaban sus cantos hacia la nave en huída y los fieles compañeros de Odiseo, sordos a las súplicas y amenazas que les gritaba su rey desde el mástil al que se había ordenado atar, batían las aguas cristalinas con lo remos, espoleados por el más ciego de los terrores.
Samuel dejaba atrás las puertas que tachonaban las paredes del corredor sólo por férrea voluntad. Aún sabiendo que iban por buen camino... ¡Aún sabiendo que ése era el único camino!, el rebisiano que llevaba dentro le ponía en constante duda, animándolo a entrar en alguna de las habitaciones laterales. ¿Y si en algún momento habían girado y estuvieran andando sobre sus pasos? ¿Y si el mensaje fuera falso? ¿Y si estaba equivocado y sus hombres seguían vivos? ¿Y si…?
Hacía varias horas que exploraban el corredor sin que se produjera ningún cambio, y Samuel empezó a identificarse con el gato de los dibujos animados que persiguiendo al ratón ve pasar una y otra vez la misma puerta, la misma lámpara, el mismo piano… ¿Cuántos pianos puede haber en una casa? Aunque, si era totalmente sincero consigo mismo, algo sí había cambiado; la atracción que sintiera en el despacho de Sebastián era más intensa con cada paso que dada.
–Lo siento, Señor –dijo el soldado Diego Masía, colocado a su derecha, cuando la boca de su arma le rozó a la altura de las costillas–. He chocado contra la pared.
Desconcertado, Samuel clavó la mirada en el turbado joven, el delgado hilo de los pensamientos rotos, para luego seguir la pared hasta el final del corredor, que se le antojó más iluminado que al principio. ¿Sería víctima de un espejismo? «He chocado contra la pared», se había excusado el soldado. Guiado por un soplo de inspiración, Samuel midió a zancadas el ancho del pasillo, comprobando que se había reducido notablemente. Todo parecía indicar que el final del corredor se hallaba cerca y así se lo hizo saber a sus hombres, encabezando de nuevo la marcha.
–Señor –la voz del soldado Masía, antes firme pese al bochorno, denotaba ahora una tremenda inseguridad–. Algo no va bien. Noto como si me... llamaran –concluyó sin convicción, ante lo que su compañero de armas estalló en una tremenda risotada para enojo de Samuel.
–Gabriel Esteban Asenjo –el aludido apretó los dientes como si su superior lo hubiera abofeteado, conteniéndose de mala gana. Odiaba el nombre con que lo había bautizado su padre un día de borrachera, y más de una pelea dio comienzo cuando labios indebidos lo habían pronunciado–. No toleraré de nuevo ese tipo de comportamiento...
»Además, yo también lo noto.
–Pues yo no –escupió entre dientes Gab, como lo llamaban los colegas de juerga y pelea los días de permiso–. Malditos zumbados josdep...

*        *        *

El corredor se inundó de ruido, ahogando los oídos del trío parapetado tras el androide de carga. Disparaban hacia el humanoide de brazos largos, colmillos animales y mirada fiera que se había materializado ante la puerta en la que terminaba el corredor, plantado como el portero de una discoteca que se reserva el derecho de admisión.
Ciego y asfixiado por los gases de las armas incandescentes, Samuel detuvo el fuego con sendos golpes en los cascos de sus hombres, calándose como ellos la máscara de oxígeno, y en tensa posición de defensa esperaron hasta que la niebla grisácea terminó por diluirse, lo que hizo muy lentamente debido a la falta de ventilación. El rectángulo de la puerta se había agrandado de forma irregular, acribillado todo su alrededor por los impactos de los proyectiles perdidos, y de la grotesca aparición no quedaba más que sus restos esparcidos en varios metros a la redonda. Nada de sangre o vísceras, sólo polvo y cascajos recordaban al centinela.
–¡Una estatua! ¡¡UNA JODIDA ESTATUA!! –bramó el soldado Asenjo tras patear la mascarilla resquebrajada del enemigo vencido, y el sentimiento de frustración, aunque no quisieran reconocerlo sus compañeros, era generalizado. Se habían comportado como niños asustados ante una videollamada a medianoche; sólo había sido necesario un pequeño empujón para que el miedo les nublara la razón, delatando su presencia con un ataque innecesario. Molesto consigo mismo, Samuel se adelantó a sus hombres entre chasquidos y lamentos de cascotes, y examinó a la luz del foco la estancia que guardara el inofensivo centinela.
–Camino despejado. Soldado Masía, deme la posición.
–No se lo va a creer, Señor –la pantalla del sistema de posicionamiento UEA iluminaba desde abajo su rostro lampiño–. Estamos bajo el Salón Prometeo.
¿El salón de reuniones de Rebis? ¿Sabría su constructor de la existencia de la sala subterránea? Era aquella un habitáculo circular sin más salida que la que bloqueaban. De reducidas dimensiones, el foco la iluminó en su totalidad, proyectando muros de compacta sombra al impactar con cada una de las estatuas allí diseminadas, colocadas para formar un círculo de horrores en torno a la más bella imagen que jamás antes hubieran visto. La delicadeza de las líneas con las que el escultor había esculpido a la joven contrastaba con los trazos duros y agresivos de las formas circundantes, y la policromía era exquisita. Tenía un aire a la desaparecida sirenita de Copenhague, aunque vestía sus curvas con etérea gasa delicadamente cincelada, y mantenía la mirada fija en un punto situado más allá de la puerta destrozada, sus perfectos rasgos surcados por pequeñísimas arrugas de suprema concentración. ¿Cuál podría ser el objeto de estudio de aquellas dos gotas de ámbar que tenía por ojos? En ese canal de energía sólo se encontraba la estatua ahora destrozada, curiosamente la única que rompía el círculo de monstruos, como si la hubieran empujado hasta sacarla de la habitación. ¿Tenía sentido aquello? Samuel dejó las teorías y conspiraciones a un lado y se abandonó a la contemplación de la diosa, situándose junto al soldado Masía que también se mostraba embelesado por ella.
Gab, que no sabía qué pensar del trance místico en el que se habían sumido Samuel y el pipiolo de su compañero, dio una vuelta completa por el borde exterior del círculo, sin sentirse con ánimos de atravesarlo hasta que no llegó a su punto de ruptura. Estudió al trío estático, deslizando la vista por las sugerentes curvas de la imagen, pero pronto encontró aburrida la húmeda exploración; no había piedra que pudiera compararse con la calidez y turgencia comprada a bajo precio en cualquier tugurio de la zona vieja de Rebis.
–Caballeros. Id a la base en busca de algunos hombres más. Inmediatamente –Samuel había vuelto a la razón y las consecuencias se preveían agotadoras para los dos soldados–. Quiero todo esto fuera de aquí lo antes posible. Todo, menos a ella.
»Podéis llevaros el foco, no lo necesito.
Y allí quedó Samuel, sentado en el suelo con la vista clavada en aquellos ojos dorados ahora libres de tensión, sumiéndose en una oscuridad cada vez más densa a medida que los hombres se alejaban de la sala con la ira y el foco encendidos. Lo último que los soldados escucharon antes de que el crujido de las suelas acallaran la voz de su superior fue: «Por fin te he encontrado, Mio».


B.A.: 2.017


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6 comentarios:

  1. Nos dejas de nuevo con el misterio a flor de piel, preguntándonos que secreto encierra la sala y esa misteriosa estatua que parece estar viva. Antes de llegar allí, describes muy bien el miedo y la angustia de los hombres en el corredor, miedo ante lo que puedan encontrar hasta el punto de liarse a tiros con una estatua. Comprobamos como las referencias al pasado terrícola del que provienen los rebisianos es una constante en la novela, en este caso con referencias al mar, Ulises o la sirenita de Copenhague, desaparecida todavía no sabemos debido a que causas. Sugerente por cierto la descripción de la estatua femenina.
    Nuestro ya amigo Samuel se queda a solas y a buen seguro que eso tiene algún propósito que se revelará en la siguiente entrega, hasta entonces toca seguir conteniendo el aliento. Esperaremos pues. Un abrazo Bruno.

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    1. Rebis está llena de misterios, amigo Jorge, que poco a poco irán desvelándose; sólo espero que me acompañéis en este viaje que he iniciado con toda la ilusión. Vuestra compañía es mi fuerza para seguir adelante.
      Samuel queda a solas con Mio, y la relación que va a tener con ella será, cuanto menos que esclarecedor... Más adelante, por supuesto.
      Un abrazo fuerte, compañero.

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  2. Pues eso, lejos de resolver los interrogantes dejados en el capítulo anterior, aquí permanecen e incluso aumentan. Queda por averiguar qué sentido tendrá para Samuel el hallazgo de esa estatua, ubicada en una zona inferior a una parte importante del corazón político y gubernamental de Rebis.

    ¡Un saludo!

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    1. Todos los interrogantes de Rebis serán resueltos (o eso espero, je, je, je)
      Ten paciencia, amigo José Carlos. De momento, y sin hacer spoiler, te puedo decir que la vida de Samuel ya no será la misma.
      Un abrazo fuerte.

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  3. ¿Qué tal, amigo Bruno?
    Pensaba que ya me había descolgado bastante tiempo, pero veo que tú también te has tomado un descanso veraniego (espero que sea eso) Pues aprovecharé para ponerme al día con Rebis.
    Y aquí lo dejé. En plena acción. Nada más comenzar me he vuelto a meter de lleno en ella, no me ha hecho falta ni releer los episodios anteriores. Visual a tope, incluso con esa (yo también la recuerdo) escena del gato que ve pasar el piano en un bucle infinito) Me ha gustado sobre todo la descripción del tiroteo, con los gases de las armas, y la entrada en la sala de las estatuas. Nos enredas en tu universo de fantasía, Bruno, y nos llevas de misterio en misterio con asombrosa facilidad... Y me gusta tu estilo. Me has intrigado amigo, sobre todo y con el nombre de la "sirena". En breve sigo leyendo
    Un fuerte abrazo compañero, espero verte pronto en activo

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    1. Un placer tenerte de nuevo de vuelta, compañero Isidoro. Como dices, me he tomado unas vacaciones, pero ya estoy de vuelta y mientras último el próximo capítulo de Rebis, me he decidido a concursar en el blog Relatos en su Tinta, para luchar por el Tintero de Oro.
      Me alegra haber conseguido ese aspecto visual al tiroteo, no hubiera quedado igual de otro modo. Al fin y al cabo, son soldados y para sus acciones me baso en películas como Starship Troopers.
      Un abrazo, amigo.

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