jueves, 30 de marzo de 2017

Érase una vez en Rebis - Capítulo 9. Caballo deTroya


Resumen de los capítulos anteriores: Sin poder contar con César, rodeados de los peligrosos androides Africanos, el pentágono Sirio no tiene mucha esperanzas de completar el ejercicio.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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Los miembros del pentágono Sirio habían sido despojados de sus equipos. César era un bulto más en la montaña de pertrechos militares que los androides habían almacenado sobre el nivel superior de la plataforma móvil, ajeno desde la inconsciencia a la tragedia que se desarrollaba a su alrededor.
–Todo esto ha sido culpa tuya, Ben. Tuya, y de tu estúpida actitud –le espetó Julia a Benjamín con rencor, aunque éste no contestó inmediatamente; sentía la garganta seca como el esparto, y las bolas de algodón que taponaban su amoratada nariz empezaban de nuevo a rezumar sangre.
–Te has pasado tres pueblos –contestó al fin con voz nasal.
–No creas que me arrepiento.
Los chicos estaban sentados formando un círculo, las manos entrelazadas tras el cuello, y eran vigilados por media docena de androides que apuntaban sus armas sin pasión. Otra media docena estaba en el interior de la plataforma y el resto había marchado para reforzar al cazador. Entonces el calor se hizo asfixiante, y todo a su alrededor se llenó de astillas de metal, humo y fuego. Los centinelas giraron 180º sobre sus cinturas, a tiempo de ver cómo una nueva detonación elevaba la plataforma varios metros por encima de la superficie, resquebrajada por su centro, para caer fragmentada en dos pedazos con gran estruendo. El ReSen fue incapaz de asimilar una situación tan compleja, y la verdadera naturaleza de la sala de ejercicios salpicó el bosque aquí y allá en torno al cráter creado por la explosión, parpadeando como halógenos estropeados.
Los disparos láser vinieron desde atrás y dos androides abandonaron la vida artificial que les fuera concedida. Benjamín, que esperaba una acción similar, saltó con tal velocidad sobre un rifle caído que sorprendió al resto de compañeros, dándoles con él fuego de cobertura para que pudieran ponerse al resguardo del grupo de árboles donde los esperaba un César para nada mareado.
–¡Qué demonios...! –gritó Héctor por encima del zup-zup de los láser, viendo cómo sus dos enemistados compañeros disparaban codo con codo hacia los androides emboscados.
–Ahora no es el momento –se hizo oír Ben–. Antes acabemos con ellos.
–Eso está hecho –dijo Santa y montó con mano experta un rifle láser sobre el amplificador que César había rescatado tras sembrar la plataforma con el explosivo plástico. La falsa roca tras la que se parapetaban los androides saltó en pedazos, y sin escudo que les protegiera, con esquirlas metálicas dañando zonas vitales, fueron blanco fácil para los sirios.
–Sólo quedan tres androides y un científico que encontrar –se hizo cargo de la situación Héctor, ebrio de victoria–. Os doy cinco minutos para recoger el equipo, y a vosotros –se dirigió a Ben y a César, apuntándoles con el índice como si fuera un arma a punto de disparar–, tenéis dos para explicaros.

*        *        *

–«Puedes estar contento cesar la bastilla...». Bastilla no, ¡pastilla! «...la pastilla con el farmaco era la mia». ¡Eso es! «Puedes estar contento, César. La pastilla con el fármaco era la mía». Por favor, pasa la siguiente frase.
El instructor Corbacho no daba crédito a lo que había pasado durante la última media hora.
–«Tomate esto». «Quieres rematarte». ¡Ah, es una pregunta! El resultado sería: «Tómate esto», a lo que el llamado Benjamín responde: «¿Quieres rematarme?»
¡No era César el eslabón débil, sino Ben! Y habían tejido una acción conjunta entre los dos, algo totalmente impensable.
–Aquí, el tal César levanta un poco la voz y dice: «¡No seas gilip…!». Un taco. «Quiero ganar tanto como tú».
Después de acabar con el campamento enemigo, César se había acercado al grupo emboscado, tambaleándose como un borracho. Inofensivo, indefenso,... llamando la atención sobre su persona mientras el resto del pentágono tomaba posiciones. Los androides supusieron que era el miembro del equipo que había tomado el fármaco, ¿quién podría echárselo en cara?, y que los disparos y explosiones escuchados poco antes eran los intentos de sus compañeros para atraparlo, cuando en realidad se hallaban ante un Caballo de Troya con pinta de muchacho; habría que incluir el estudio de los clásicos en la programación de los Africanos.
–«En ocasiones sufro mareos. Por la operación del oído. Esta pastilla te aliviará bramante». Pasa de nuevo eso último, por favor. «Te aliviará bastante». Así está mejor.
Un disparo para cada androide, que sonaron como uno solo, y a buscar al científico. ¡Maldición! ¡Habían hecho trampa!
–«Tienes que aguantar hasta que te de la señ…» –el soldado se escondió tras el operador cuando Corbacho lo traspasó con la mirada. Desde la distancia de su rango, Samuel Faro no pudo reprimir una sonrisa.
–Operador –las palabras cortaban como cuchillas de afeitar–. Los permisos de todo un año dependen de lo rápido que me dé línea con la sala de ejercicios.
»Y quite a ese imbécil de mi vista.

*        *        *

–Deberíais haberme consultado.
–¡Pero ha salido bien...!
–¡Pura suerte! –cortó Héctor la defensa de César–. La explosión podría habernos volado las pelotas, y eso habría sido real...
–Ejem, ejem…
–¡No te pongas quisquillosa, Santa! Ahora no.
–Héctor –dijo la chica con tremenda calma–. Querían ganar. ¡Quieren ganar! Al igual que nosotros. Han hecho mal y se pondrán a tu disposición. ¿No es así? Pero eso será luego. Ahora, aprovechemos la oportunidad que nos han dado –y cuando César se hubo apartado refunfuñando,  Santa se apresuró a agregar en voz baja–. Además, te conozco lo suficiente para saber que  apruebas lo que han hecho.
–De acuerdo. Pongámonos en marcha.
»¡¡TENORIO EN EL AIRE!!
–¡¡¡¡TENORIO EN EL AIRE!!!!
Y al grito de guerra de un personaje de cómic que los sirios habían hecho suyo, el pentágono marchó en busca del científico.
–¡Ben! –Julia se acercó al tambaleante cuerpo recubierto de sudor. La pastilla que le diera César había dejado de actuar y el muchacho no podía dar un solo paso sin caerse. Era fácil adivinar lo que Julia quería decirle; veía la culpabilidad en sus ojos cargados de lágrimas.
–No hay nada que perdonar... No podías saber nada –consiguió articular, no sin esfuerzo, tras humedecer como pudo sus labios agrietados–. Ya hablaremos cuando termine todo.
»Ahora ayúdame a ir tras ellos o nos descalificarán por abandono –y pasó el brazo alrededor de los hombros de la chica, apoyando el fusil en el suelo a modo de bastón.


–Aquí está nuestra recompensa –aplaudió César cuando interceptaron al científico y a su acompañante, contento por como había resultado la estratagema. Por mucho que porfiara Héctor, se merecía una buena comilona pagada por sus compañeros. Bueno, rumió con desgana, Ben también se merecía su parte de gloria.
–¡Este ejercicio se declarará nulo ante un tribunal que convocaré con urgencia! –la voz del instructor Corbacho les cogió por sorpresa, haciendo que Santa se mordiera la lengua al cortarle un bostezo. Surgía del androide que acompañaba al científico, convertido en un gigantesco altavoz con patas, y el sermón siguió y siguió, aumentando progresivamente la intensidad en detrimento de la euforia del grupo.
–¿El androide era imprescindible? –preguntó Julia con dureza, y el fuego combinado de los chicos acallaron de golpe la voz del instructor. Benjamín, mareado, erró el tiro.

B.A.: 2.017

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8 comentarios:

  1. Ingenioso amigo Bruno, nos has engañado a todos en el capítulo anterior haciéndonos creer que los chavales no eran capaces de entenderse, y mira por donde tenían un plan secreto para llegar a la victoria. Genial resolución del capítulo, y muy trabajada. Uno nunca sabe lo que puede esperarse y eso mantiene al lector alerta e interesado. Nos queda por conocer donde se situará el comando en relación con los acontecimientos futuros pero me temo que no tardaremos en averiguarlo. Un abrazo.

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    1. Espero que no te hayas mosqueado como el instructor Corbacho, je, je, je. Los chavales al final han sabido arreglárselas, aunque por poco se cargan la sala de ejercicios.
      Me alegro haberte tenido enganchado hasta el final y espero tener tu compañía hasta el final de esta aventura.
      Un abrazo, compañero.

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  2. Ya estoy aquí de nuevo. ¿Qué pasa? No me iba a ir a la cama dejando de leer el otro capítulo, ¿no? total… un ratito más.
    Ja, ja… Qúe bueno, compañero. Digno de la mejor película de acción ese golpe de efecto. Por cierto, no te lo he dicho antes, pero el uso de las onomatopeyas que haces de vez en cuando, le dan a la historia un aire gráfico, de cómic, que se hace que se visualice en ese sentido. Es como si estuvieses leyendo una de aquellas grandes sagas de CiFi en cómic, anteriores a nuestra época dorada del cine, claro está, ja, ja. Es como un aire "retro" que nos devuelve a los tiempos de Flash Gordon.
    Otro acierto es el humorístico momento "lectura de labios" con esas frases confusas, ja, ja y en el que, de postre, tenemos la explicación sobre quién había ingerido la pastilla y el ingenioso plan urdido.
    Un doble capítulo genial, Bruno. He disfrutado de lo lindo con el ejercicio de los chavales. Y me he reído. No ha faltado esa chulería del final abriendo fuego contra el "androide tocapelotas", ja, ja
    Bueno, chico, ahora sí que me voy a la cama. Pero con una sonrisa en los labios. Te leo en el próximo. Un fuerte abrazo

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    1. Cine, cómic, dibujos animados,... Nos criamos entre ellos y tienen que salir a la luz tarde o temprano, je, je, je. Vaya, ya he hecho del abuelo Cebolleta otra vez.
      Me alegra haberte sorprendido y divertido a partes iguales con el fin de este ejercicio que se preveía catastrófico. Un saludo y gracias por robarle horas al sueño para terminar de leerlo.
      Un abrazo.
      P. D.: El easter egg escondido es la frase "Tenorio en el aire", sacado de las Confidencias de un superhéroe anónimo. Como sabes, no puedo dejar pasar la ocasión de autopromocionarme.
      Un abrazo, compañero.

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    2. Ahhhh, ¡Lo sabía! Me sonaba un montón, pero como no conseguía localizar la frase no he dicho nada. Gracias por la PD
      Un abrazo

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    3. Je, je, je. No puedo esperar que tengas en mente todas y cada una de mis paranoias.
      Un abrazo, amigo.

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  3. ¡Lo sabía! Me daba en la nariz que el ejercicio no había terminado y había una argucia de los soldados detrás :P Es una pregunta algo disparatada pero... ¿por un casual la sala proyectora que recrea la jungla tiene como inspiración la de los "X-Men"? Al final he terminado imaginándola como una mezcla entre la sala de combate de los mutantes, y la selva de "Depredador" jeje.

    Pregunta al margen, la trama sigue avanzando con un ritmo adrenalítico en esta ocasión. ¡Buen trabajo aunque lo diga siempre, un abrazo!

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    1. Pues tiene mucho más de Depredador que de los X-Men, amigo José Carlos. Como apunté al principio, este aventura de Rebis tiene muchos años de desarrollo (más de 17), y este capítulo del ejercicio con fuego real fue uno de los primeros. Sin duda, los guionistas de esa película de la saga mutante bebieron de las mismas fuentes que este humilde escritorzuelo, aunque ellos ganan dinero y yo... Je, je, je. Menos mal que os tengo a vosotros; no hay mejor premio a tanto esfuerzo.
      Gracias por tus ánimos, amigo José Carlos. Tienes colgado ya el siguiente capítulo (prepárate para un poco de música y poesía) y estoy trabajando ya en los siguientes. Un abrazo.

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