sábado, 10 de diciembre de 2016

Érase una vez en Rebis - Capítulo 2. El hangar 335



Resumen del capítulo anterior: Hace mucho tiempo, tras un alzamiento encabezado por un individuo llamado Prometeo, la estación espacial Rebis se independizó de las naciones terrestres que participaron en su construcción, instaurándose un sistema de gobierno que controla a la sociedad rebisiana hasta en su más mínimo detalle. Uno de sus habitantes es César Tirana, un adolescente con los problemas e inquietudes propias de la edad, al que hemos acompañado en algunos momentos de su día a día en la estación.
Puedes acceder al capítulo anterior pulsando el siguiente enlace:

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El hangar 335 era un fiel reflejo de lo que fue Rebis en su primer siglo de vida.
En el afán por acallar lo antes posible las numerosas voces que se alzaban por todo el mundo en contra del proyecto de la estación espacial, los promotores usaron en su construcción cuanta antigualla y pieza de desecho pudieron adquirir a precio de desguace, ensamblando en tiempo récord una gran rueda de basura tecnológica que circundaba el planeta a 400 kilómetros sobre su línea de ecuador. Eso no impidió que Rebis fuera todo un éxito, y el 335 se convirtió en uno de sus hangares más importantes.
Pero el tiempo pasa y el 335 no fue capaz de competir con la oferta de la nueva generación de hangares, más atractivos y con mejores servicios, degradándose lentamente entre transacciones comerciales de escasa importancia y negocios turbios de toda índole. Cuando el Departamento Rebisiano de Saneamiento ya firmaba el cese definitivo de sus actividades, una comunidad de artistas, seguidores del movimiento debrisista, vio en el caos estructural del hangar una fuerte personalidad, haciéndose con él a muy bajo precio para convertirlo en su estudio de trabajo; una época dorada de creación artística que concluyó con la disolución del grupo. El 335 cayó de nuevo en la decadencia, y esta vez su caída fue definitiva.
Llegado el momento, los operarios de saneamiento realizarán una serie de cortes en torno al hangar como si se tratase de la porción de un enorme pastel, acoplando a la sección purgada unos potentes cohetes de combustible líquido. Cuando la distancia con la penitenciaría Sísifo, el único satélite artificial en órbita alrededor de la Luna, sea la más corta posible, los cohetes vomitarán la carga en forma de largas cabelleras de gas inflamado, liberando al hangar de la atracción de la estación espacial. El 335, tras un largo camino desde los albores de Rebis, acabará sus días ensamblado a la informe mole de la prisión, donde los reclusos lo desguazarán para su reciclado en forma de tornillos, tuercas y mamparas de aislamiento.
Pero volvamos al presente, que puede que fuera pasado o sea futuro, para adentrarnos en el hangar meses antes de la fecha fijada para su recuperación.

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Hacia mediodía del viernes, el tráfico discontinuo de un muelle de carga en decadencia llenaba de ecos el hangar. Viejos cargueros, convoyes de chatarra, destartaladas lanzaderas de pasajeros,... así como todo tipo de personal de pista, tanto humano como androide, llenaría la visión de un posible espectador que cruzara las puertas del 335, distrayendo su atención aquel artificial que llenaba con su trompa de elefante el depósito de un biplaza o aquel otro que guiaba un carrito con maletas. Si observara más detenidamente la escena, quizás viera una férrea disciplina en los mecánicos vestidos con monos amarillos, como si un destacamento militar escenificara una obra bien ensayada, aunque rápidamente descartaría tan descabellada idea pues… ¿Tendría alguien el poder suficiente para organizar semejante montaje a espaldas del Sistema? Y si así fuera. ¿Para qué?
Quién sabe si alguna vez llegara a descubrir que el responsable era una organización clandestina que se escudaba tras la respetable fachada de Industrias Dimaco, y que la farsa pretendía proteger la llegada del último grupo de componentes del motor de velocidad DeBeson-Ca Dei, de manufactura exterior, con el que se ensamblaría la primera astronave terrícola capaz de alcanzar la velocidad-luz. Lo que sí es seguro es que nuestro hipotético observador, en caso de que llegara a conocer esa información, no habría gozado del tiempo necesario para divulgarla.
Una figura vigilaba la pantomima desde una plataforma elevada. El observador era muy alto, y llevaba casi a rape el escaso cabello pajizo que coronaba su cabeza en forma de balón. Como el resto de compañeros, vestía un mono amarillo bastante usado a fin de contribuir a la farsa, pero sólo él de entre todos los presentes sabía lo que allí se jugaban, y diluía la tensión manoseando nervioso las herramientas que colgaban de su cinturón.
–Los últimos remolcadores están a punto de atracar –dijo una respetuosa voz a sus espaldas–. No hay problemas con las cargas.
Samuel Faro asintió con la cabeza, centrando su atención en la zona más alejada del hangar, allí donde las puertas transparentes sellaban la esclusa. A través de ellas vio cómo los remolcadores, con sus cargas arrastradas, cruzaban el marco iluminado y abierto al exterior, el tren de aterrizaje desplegado, para a continuación posarse en la zona señalada con pilotos de luz blanca. La esclusa empezó a llenarse de aire respirable una vez cerradas sus puertas exteriores y el recinto estalló en una organizada actividad.
El corazón de Samuel empezó a latir con normalidad tras las tensas horas que había durado el atraque, y sólo entonces se permitió descansar la vista en el silencioso baile que ejecutaban las astronaves más allá de los grandes ventanales. «Nadie oirá tus gritos en el espacio», fue lo primero que su cerebro sobrecargado pensó cuando una de las naves escoltas se desintegró en la oscuridad. ¿De qué película era aquella frase? Una de ciencia ficción con alienígena de por medio, seguro, pero los recuerdos de Samuel no pudieron ir más allá pues hacia ellos se dirigía el depósito de combustible de la nave accidentada, dibujando tras de sí una espiral de fuego que era consumida al instante.
Con una potente explosión, la bomba improvisada resquebrajó el grueso cristal de uno de los ventanales, y antes de que el aire se escapara por la abertura ya había caído la mampara de emergencia, protegiendo la vida que reaccionaba con pericia militar al ataque que amenazaba la operación. La mascarada se había descubierto, ¿para qué seguir actuando?, y con el láser oculto hasta ese momento, Samuel derribó al pequeño androide que lo amenazaba con sus pinzas de astromecánico, que expiró sobre un aceitoso charco de combustible en un grotesco simulacro de muerte animal.
Era un ataque bastante mal organizado, ejecutado por cuanto artificial se hallaba en el hangar. Por lo general, los androides caían con facilidad ante el muro de resistencia levantado por los defensores, aunque eso no evitaba que se produjera alguna baja entre las filas de monos amarillos. Cuando por fin la balanza se desequilibró en favor humano, Samuel se apresuró a contactar con las naves escoltas.
La situación está controlada –ladró una voz metálica–. El ataque procedía de dos artificiales ocultos entre los pliegues de la estación. Iban armados con lanzacohetes. Los hemos reducido con facilidad. Corto y cierro.
Cerrada la comunicación, Samuel giró la cabeza... y un escalofrío recorrió su columna vertebral. El cíborg más grande que hubiera visto jamás se precipitaba hacia ellos anclado al techo de uno de los ascensores exteriores como si fuera un enorme insecto. Artillaba dos potentes ametralladoras de tambor y se cubría con el blindaje más pesado que podía soportar, pero lo más espeluznante era que su cerebro humano –no hacía falta ser Einstein para deducir que en su vida anterior no había pertenecido a una administrativa o un maestro de escuela–, estaba analizando fríamente la situación de los defensores, y que el mal nacido iba a atacar en consecuencia; pocos volverían a ver el amanecer desde el Mirador Este.


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7 comentarios:

  1. Y llegamos al hangar 355, el lugar de la estación Rebis donde parece que es más fácil, o menos difícil más bien, escapar al control de las autoridades Rebisianas. Parece que se trama una rebelión, auspiciada, no queda claro todavía pero así parece intuirse, desde la superficie del planeta Tierra.
    Poco a poco la trama va tomando forma aún cuando estamos en los capítulos de presentación de la historia. Seguimos expectantes Bruno. Un abrazo.

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    1. Como bien dices, amigo Jorge, la trama se va complicando; espero no perderme en ella, je, je, je.
      En los próximos capítulos veremos qué ha sido de Samuel Faro, y cuál es el objetivo del motor de velocidad DeBeson-Ca Dei.
      Gracias por tu fidelidad, compañero. Espero no defraudarte.
      Un abrazo.

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  2. Lo curiosas que son las cosas. Anoche me dio por volver a ver, tras varios años, "Robocop 2", y al mencionar en tu texto que aparece un gran robot con un cerebro humano, ha sido inevitable pensar en el villano de la peli jaja. Bueno, datos cinéfilos aparte, la historia sigue su curso. Será importante que no te pierdas en la trama, aunque por lo que contaste un día llevas tanto tiempo con esta novela que no creo que necesites una brújula jeje.

    ¡Un abrazo!

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    1. No es extraño que veas similitudes entre el cíborg adicto a las drogas de Robocop 2 y éste al que se enfrenta Samuel Faro y sus hombres; como dije al principio del proyecto, son muchas las películas a las que tomo como referencia, homenajeándolas con sinceridad.
      Espero no perderme en esta aventura y, lo que es más importante, despistaros a vosotros, sufridos lectores.
      Un fuerte abrazo.

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  3. Esto va "in crescendo" amigo Bruno. Estupendo. Me he leído dos veces el capítulo, ya sabes que en la segunda, con más calma, se aprecian muchos más detalles... Bueno, confieso que me gusta leer varias veces un relato corto, no me gustan las prisas en esto de leer, je, je... Ni en escribir.
    Me encanta el mundo que estás creando. Tuve que leer con atención la descripción, tanto de la historia del hangar, como en momento del ataque, y es que resultan ambas unas escenas complejas (más teniendo en cuenta que hablamos de ci-fi, pero lo bueno es que, prestando esa atención, pudo comprobar lo bien narrado que está, lo cuidado de los detalles en todos los sentidos y del trabajo realizado. Te lo tomas en serio, amigo, y eso se nota y se valora. Me encantan también todas tus referencias a esas fuentes de las que ambos hemos bebido. La frase es de Alien, ¿verdad? Esa película (la primera sobre todo) es una obra cumbre ce la ci-fi-terror (pocas como ella se han conseguido a la fecha)
    Una curiosidad: Fíjate si se nota que los dos hemos mamado de la misma leche (ya sabes a lo que refiero, je, je) que cuando te leas mi siguiente capítulo de Lily Mod (todavía no publicado) verás una coincidencia con algo de lo que tú has narrado ahora. Ya hemos comentado muchas veces todos esos puntos de coincidencia y, la verdad, es un placer comprobarlo una vez más.
    Esperando con impaciencia tu próxima entrega compañero, que preveo va a ser un capítulo con mucha acción, ja, ja
    Un fuerte abrazo

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  4. PD: claro está, para los aficionados al género, imaginar todo lo que describes en este capítulo, es más fácil... pero no dudo que también lo sea para quien no está tan familiarizado, pues vas visualizando cada detalle según nos lo cuentas. Magnífico.

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    1. Efectivamente, amigo Isidoro, la frase es el slogan de la primera película de Alien, que como bien dices es una obra cumbre de la ciencia ficción. Ridley Scott no sólo firmó con ella uno de sus mejores trabajos sino que creó un mundo que se extiende más y más, como le está ocurriendo a Star Wars (para nosotros La guerra de las galaxias, je, je, je).
      Mucho hemos comentado ya la similitudes de nuestras fuentes, y más veces que tendremos que coincidir. Estoy impaciente por leer tu nuevo episodio de Lily Mod; me tienes totalmente enganchado.
      Gracias por tus palabras, amigo. Esta aventura es muy especial para mí, y me tomo cada capítulo como algo muy personal, dándolo todo para que os atrape como a mí me tiene atrapado.
      Un abrazo fuerte, compañero.

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